De sangre y fuego (Los vinculados y los quebrados 1) Capítulo 8. Te veo #5
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Capítulo 8. Te veo #5

Anya extendió las manos y tomó las de Calen entre las suyas.

La luz de las velas titilaba sobre sus mejillas pecosas.

Antes de que se diera cuenta, ya estaban moviéndose.

Calen seguía a Anya; había bailado antes, pero nunca con una mujer, no así.

No era tan difícil como pensaba. Solo tenía que seguir sus pasos. ¿Cómo sabía ella bailar tan bien?

Calen se sonrojó cuando se dio cuenta de que había estado siguiendo los pasos de Anya tan de cerca que apenas la había mirado a la cara.

Ella le sonrió y apoyó la cabeza en su pecho, lo que solo hizo que su corazón latiera más rápido, aunque de un modo agradable, reconfortante.

Se obligó a relajarse. Se balanceaban hacia delante y hacia atrás, con los pies moviéndose al ritmo de la música.

En las noches de verano

me aferro a tu recuerdo;

en las noches de verano

bajo el roble te espero;

en las noches de verano

tu presencia anhelo;

en los noches de verano

estamos juntos de nuevo.

El público aplaudió y vitoreó cuando el laúd terminó de tocar. A regañadientes, Calen levantó la cabeza y vio que otras cinco parejas se habían unido a ellos para bailar. Sintió que Anya levantaba la cabeza de su pecho.

«No, por favor, quédate ahí».

Sus ojos verdes brillaban mientras lo miraba.

—Ha sido… precioso.

—Sí, sí que lo ha sido.

Todos los demás sonidos se rindieron ante los latidos metódicos del corazón de Calen mientras sostenía la mirada de Anya. Parecía como si el tiempo se hubiera detenido.

—¡Al fin te encuentro! —Calen casi pegó un salto del susto cuando Dann le dio una palmada en la espalda—. Tu padre me pidió que viniera a buscarte. Están a punto de anunciar a los ganadores de la Caza y… mierda.

Murmuró la última parte y articuló un «lo siento» con los labios a Calen cuando sus ojos se posaron en Anya. Calen soltó un profundo suspiro. Dann siempre tenía el peor sentido de la oportunidad. Volvió a mirar a Anya.

—Lo siento, tengo que…

—No pasa nada —dijo ella. La sonrisa en su rostro le hizo saber a Calen que lo decía en serio—. Te veré después de que hagan los anuncios. ¡Ve, ve!

Calen dejó caer la cabeza hacia atrás sobre los hombros mientras él y Dann se alejaban de Anya.

—¿No podías haber esperado solo un minuto?

—Pues sí, probablemente podría haberlo hecho.

Un fuerte ruido metálico resonó en la tienda cuando se sentaron de nuevo con sus familias. Erdhardt se puso de pie junto a su mesa y golpeó una cuchara contra una jarra de acero. El sonido resonó en la tienda con un volumen sorprendente.

—Con gran orgullo contemplamos estas mesas esta noche.

Nuestros niños se han convertido en hombres jóvenes.

—Hizo una pausa de un segundo mientras sus ojos recorrían la tienda—.

Todos los que entraron en Ölm han regresado con nosotros, algunos con más cicatrices que cuando entraron.

—Su voz adquirió un tono sombrío—. Pero han regresado. No siempre es así.

Alzó la jarra.

—Os pido que os unáis todos a mí en un brindis. Por los jóvenes que han regresado con nosotros y por aquellos que no lo lograron. Por los jóvenes que han pasado por la Prueba y por las jóvenes que no tienen nada que demostrar.

Un estruendoso aplauso estalló en toda la tienda. Calen notó una mirada de satisfacción en el rostro de Ella mientras levantaba su copa en señal de celebración.

Erdhardt alzó la jarra un poco más alto y Calen se unió al resto de la multitud siguiendo su ejemplo. Erdhardt repitió las bendiciones de los dioses, como había hecho antes de entrar en Ölm.

—Que la Madre os acoja y el Padre os proteja. Que el Guerrero guíe vuestra mano y la Doncella vuestra mente. Que el Herrero mantenga vuestra espada afilada y el Marinero os lleve a costas seguras.

Las palabras resonaron en la tienda.

—Y ahora es el momento de anunciar a los vencedores de la Caza.

Aquellos jóvenes que fueron más allá, aquellos que miraron al miedo a los ojos y no parpadearon.

Este año, la Prueba nos ha deparado muchas sorpresas y muchas pruebas.

Nos habéis traído pieles de katos más grandes de las que nunca había visto, y abundantes lupinos y jabalíes.

Realmente ha sido un año sin igual. Mas este año nos ha traído algo que no se había visto antes.

Algo que ha unido a todos los Consejos en una votación unánime.

Todos los miembros de los Consejos alzaron las jarras en señal de acuerdo. La tensión en el aire era palpable mientras los asistentes esperaban con expectación.

—Un grupo de jóvenes atravesó el bosque de Ölm hasta llegar al pie de la cresta Lupina.

Han demostrado ser muy maduros para su edad, y me enorgullece decir que son originarios de aquí mismo, de El Claro.

—Los vítores y gritos estallaron en las mesas donde se sentaban los aldeanos de El Claro—.

Regresaron a nosotros desde las profundidades del bosque de Ölm hace solo unas horas.

Trajeron consigo algo que ningún miembro de este Consejo esperaba ver: la cabeza de un urak.

La conmoción y la incredulidad se extendieron entre la multitud como una ola.

—Tranquilos, tranquilos. Los Consejos han hablado largo y tendido sobre la posible amenaza de los uraks y tenemos un plan de acción. Por ahora, uníos a nosotros una vez más para levantar vuestras copas en un brindis por estos tres jóvenes. Calen Bryer, Dann Pimm y Rist Havel, vencedores de la Caza.