ELLA / aviones
Pedos
(Whistler, veinticinco)
Se despierta y se da cuenta de que estaba durmiendo con la cabeza apoyada en el hombro del hombre de al lado.
Se disculpa y el hombre le dice que no pasa nada.
Piensa que es lo bastante atractiva para que los desconocidos no la despierten si al quedarse dormida les apoya la cabeza en el hombro.
Entonces piensa en los niveles de atractivo que le permiten a una comportarse de una u otra manera ante desconocidos y llega a la conclusión de que no es lo bastante atractiva para tirarse un pedo y que no sospechen de ella.
Hazel dice que los pedos en el avión no cuentan, que se difuminan.
Pero Hazel es angelical y sus pedos sí deben de difuminarse, como las modelos, que no hacen caca.
Piensa en qué otras cosas pueden hacer las modelos que no hacen caca.
¿Pueden ahorrarse abrir el grifo del baño para que no las oigan cuando mean?
¿Pueden llevar zapatillas cuando saben que la cita acabará en la cama?
Le encanta encadenar ideas incómodas. Le encanta la incomodidad con desconocidos, como concepto.
Desde hace muchos años, Emma y ella se envían ideas absurdas que decir a desconocidos cuando se cruzan con ellos.
«¡Hoy haces una ruta diferente!» es su preferida.
Se ríe solo con recordarla. Se le escapa un pedo silencioso por los diez miligramos de melatonina que se ha tomado.
Coge el móvil para despistar porque anticipa que el olor a huevo podrido se extenderá en los próximos segundos y quiere que la pille ocupada.
Escribe un borrador de correo sobre su teoría para acordarse de contársela a él cuando llegue, porque con la emoción seguro que lo olvida.
No ve a esa rata desde hace dos años y tiene muchas ganas de ver qué vida se ha montado en Whistler.
Ramo
(Nueva York, veinticuatro)
Su madre está enfadada con el inglés de hospital, que no se parece ni al inglés de Cambridge que aprendió a los dieciocho años ni al inglés de las meditaciones de Deepak.
Tiene que preguntar cuatro veces a cuatro personas diferentes cuándo le darán el alta y qué medicación debe tomar, porque la forma de hablar de esta gente no se entiende nada.
Ella le dice que les pida a las enfermeras que vengan a la habitación a explicárselo, que es verdad que no se entiende, pero que quizá ella pueda entenderlo un poco mejor.
Lo dice dócilmente, para no parecer el hijo paternalista que se va a vivir fuera y cree que lo sabe todo.
Su madre ya la ha mandado a freír espárragos hace un rato, cuando intentaba pagar el regalo de agradecimiento a Gina por sus gestiones.
Como no lo conseguía, ella, con poco tacto, le ha dicho que estaba equivocándose con el número de la tarjeta. «Pues hazlo tú».
Han elegido un ramo de fruta fresca de Edible Arrangements que les ha costado setenta dólares.
Querían hacerle un detallito y cuando han entrado en la web se han escandalizado con los precios.
Conoce la empresa porque el día que su compañero meó en su habitación, al volver a casa después de trabajar, se encontró encima de la cama un ramo gigante de frutas bañadas en chocolate, una nota que decía «I’m really sorry» [204] y un vale regalo de LuluLemon.
Ya se había sorprendido cuando había ido a la tienda del Soho pensando que podría comprarse una cinta para el pelo y le habían dicho que el importe era de doscientos dólares.
Hace un rato se ha sorprendido al reconocer el ramo del pipí y ver el precio, ciento cincuenta dólares.
«El pipí más caro de la historia», ha dicho su madre riéndose.
No le hizo ninguna gracia cuando le contó la historia en su momento y, como buena madre, le pidió que cambiara el pomo por uno de los que se cierran por dentro.
El mismo pomo que su compañero tuvo que forzar desde fuera el día que ella se quedó encerrada.
Cuando se recupere, se pondrá la ropa que se compró en LuluLemon y subirá al escenario de UCB para compartir la anécdota con su querido cómico.
La enfermera entra en la habitación y les entrega un papel amarillo y un bote de oxicodona.
Ella dobla el papel amarillo, distraída con las pastillas.
No se las tomará todas y se pregunta a cuánto las vendía el compañero de habitación de Polo.
La enfermera les explica que le darán el alta en cuanto ella consiga ir de vientre.
Podría no ir y atribuirse uno de los destrozos de la mujer delgaducha de al lado, pero espera a hacerlo ella misma.
Ya se ha quitado la bata de hospital y ahora lleva la ropa ancha que le ha traído Polo esta tarde.
Evidentemente, la ropa caducada que lleva seis días en la mochila no le sirve porque es demasiado ajustada.
Intentan ponerle los zapatos, pero tiene los pies hinchados y se queda con los calcetines antideslizantes.
Solo tiene que dar un paso de la cama de hospital a la silla de ruedas y otro paso de la silla de ruedas a la cama del hotel.
Tiene muchas ganas de comer patatas fritas. Polo las ayuda a hacer el desembarco y come patatas fritas con la hija y la madre.
La habitación tiene dos camas dobles, pero Polo se va a dormir a casa porque ella necesita todo el espacio para caerse muerta.
Su madre la ducha y, después de muchas enjabonadas suaves, consigue quitarle toda la sangre.
Le seca el pelo, y toda la cabeza huele a cadáver, un olor que tardará unos meses en irse y que Jana le dirá que no es para tanto, sin respirar, cuando la ayude a secarse el pelo ya con el culo en casa.
Al día siguiente, madre e hija pasean como pueden por los alrededores del hotel. Comen un pescado buenísimo de un restaurante que comparte datáfono con el taller de coches de al lado.
Su padre y Emma volaron ayer por la mañana y ahora solo quedan ellas y tienen ganas de marcharse. Cuando recogen todas las cosas, ella despliega el papel amarillo, en el que pone:
Dear Patient,
This letter is regarding your visit at Kings County Hospital.
We have submitted your bill to your No-Fault Insurance carrier and payment is being delayed pending receipt of the New York Motor Vehicle No-Fault Insurance Law Assignment of Benefits Form and Application for Motor Vehicle No-Fault benefits.
I have enclosed these forms for you to sign where indicated.
Please return to us at the address listed below so we may ensure that the Insurance carrier receives it.
Please mail the completed form to the address below.
Kings County Hospital
No-Fault Billing Department [205]
La factura es de sesenta mil dólares. Ahora sí que se muere de ganas de marcharse y no volver.
Va a recogerlas una ambulancia que las lleva al JFK .
No tienen que facturar maletas porque su madre llegó con una de mano y ella se marcha con lo puesto.
El técnico que empuja la silla de ruedas camina muy deprisa y ella se mea de risa cuando ve las muecas que le hace su madre cuando él no mira, intentando seguirle el ritmo.
Embarcan de las primeras porque, por primera vez en su vida, viajan en primera clase, a cargo del seguro de viaje.
Ha complementado la ropa ancha de Polo con un antifaz rosa y una almohadilla cervical a juego.
Son del surtido que le ha hecho llegar Flor.
También incluye unas zapatillas rosas, una libreta perfumada, una pluma y un paquete de galletas sin gluten, de la misma tienda donde le compraba las galletas blancas y negras que tenían mucho gluten.
Hace dos semanas que no la ve porque la primera sesión de quimio la dejó fatal.
Les llevan una bandeja de comida de primera, y de repente ella preferiría oír el chicken or pasta [206] de siempre.
No puede beberse la copa de cava porque se ha tomado una pastilla antes de subir al avión con la esperanza de dormirse y despertarse en Barcelona.
Madre e hija eligen The Proposal , que han visto mil veces juntas, pero no se cansan.
Pulsan el botón a la de tres para empezar a la vez.
No lo consiguen. Ella se ríe, contagiada de la risa de perro ahogado de su madre, que va cuatro segundos por delante, y Sandra ya ha empezado a cantar y bailar «Get Low».
Es feliz, esa risa es el sonido de casa.
Enlace
(Barcelona, treinta)
La ceremonia es en Gibraltar, que es el único lugar donde pueden casarse rápido entregando solo las partidas de nacimiento y los pasaportes.
Ella lleva un vestido de Hermione de Paula, con bordados blancos y algún toque de color suave.
Se deja el pelo suelto y se pone unas zapatillas de deporte blancas.
Él lleva pantalón claro de hilo y una camisa de lino blanca y planchada.
Han escrito la lista de invitados en una libreta en la que apuntaban a los famosos con los que se cruzaban en Nueva York.
Las familias y los amigos viajan con vuelos de Norwegian, que es el patrocinador oficial del enlace para compensar los muchos vuelos de los últimos años.
Las canciones de entrada a la ceremonia son sorpresa; cada uno se la elige al otro.
Él da los primeros pasos, se ríe y pestañea moviendo el culo cuando suena «I’ve got a perfect body ’cause my eyelashes catch my sweat», [207] de Regina.
Ella lo mira feliz y sonriente, nerviosa por ver qué canción ha elegido para ella.
Cuando suenan los primeros acordes de «Send Me on My Way» se echa a llorar y ya no puede parar.
Los casa el capitán del barco pesquero de Alaska.
Del catering se encarga Gaia Italian Café.
Él bebe demasiado y ella come demasiado.
Bailan «Stay With Me», que se convierte en «Thrift Shop» para que se sume todo el mundo.
Esta es ya la última versión de las mil y una bodas que ella se ha imaginado.
Pero, como siempre, algunos elementos fallan.
Uno, la dueña de Gaia nunca aceptaría cocinar para tanta gente.
Dos, Norwegian no vuela a Gibraltar. Tres, no suena ninguna canción de casa.
C-u-a-t-r-o, la verdad es que Polo sigue sin querer casarse.
Cinco, aunque Polo quisiera, ella no puede casarse sin invitar al zapato.
Y tampoco puede invitarlo y decirle sí a Polo delante de él.
A la flor ya le quedan pocos pétalos. Nos casamos, no nos casamos, nos casamos, no nos casamos.
Han arrancado demasiados desde que Polo hincó la rodilla en el suelo, hace dos años y medio.
Una rodilla sin anillo, tan aguada que ninguno de los dos había querido creérsela, pero que les permitió subir a todo el mundo al carrusel.
No para hacerlos sufrir, sino para ver si con la energía de los demás podían decidirse ellos.
Incluso habían comprado relojes de compromiso a juego, para tener cada uno la hora del otro y proyectar el tiempo que compartirían juntos.
Polo nunca ha llegado a llevarlo porque es de madera y dice que no quiere que se estropee.
Ella lo ha llevado cada día, solo se lo ha quitado cuando ha hecho alguna actividad que pudiera estropearlo y después se lo ha vuelto a poner.
Por tema de papeles, si quieren vivir juntos, tienen que casarse, pero ella quiere vivir aquí y Polo quiere vivir allí.
No quiere hablarlo con Emma porque le es más difícil que hablarlo consigo misma.
Emma quiere a Polo con locura. Pero desde hace ya tres años quiere hacerle ver que, por mucho que se quieran, no podrán vivir eternamente en lugares diferentes.
También ha intentado hacerle ver, como su abuelo antes de marcharse, que parece que un interés no resuelto hace que quiera vivir aquí.
Hace que le cueste cada vez más viajar ligera, sin la neblina de la duda.
Le dice que quizá no sea Polo quien la haga feliz.
Las primeras cuatro semanas sin poder volver a New Haven, ella mira vestidos y planea la boda en Gibraltar.
Encarga la traducción de su partida de nacimiento y, como quien dice, ya solo falta que se abran las fronteras para seguir adelante.
La quinta semana le pide a Polo que le envíe la ropa de verano, que empieza a hacer calor.
La séptima, lee el libro que Polo le ha metido en la maleta calculando que llegaría alrededor del 23.
Ha tardado siete años en entender la importancia de Sant Jordi, pero ha salido por la puerta grande.
Desde la primera rosa b-l-a-n-c-a recogiéndola de clase en Filadelfia hasta envolver The Year of Magical Thinking y esconderlo entre la ropa de verano.
La lectura es encarnizada. Sin esperárselo hace el duelo con Joan, que la ayuda a ver que ella tampoco volverá a leer junto a su John.
Cuando la termina piensa que no sabe cuánto tiempo de respeto se le debe a un libro después de terminarlo, cuando la ha dejado tan trastornada.
Los próximos dos meses necesita silencio y lágrimas.
Polo confía en que todo se acabará pronto y a ella le da pánico que todo se acabe pronto y tenga que volver a marcharse.
Se queda en casa de sus padres, con Emma y sus sobrinos, rodeada de verde y ciervos y salamandras.
Necesita garganta y calma para recuperar los trozos de corazón que siempre ha ofrecido de más.
No le sobra corazón; lo quiere todo aquí.
Hoy ya no puede más. Le dice, con muchas lágrimas, que no se casan y que no estarán juntos.
Polo respira hondo por no casarse, pero respira fuerte y acelerado por pensar que esto se acaba.
Ella intenta explicarle, entre mocos, que se baja del barco porque el camino hacia donde los lleva ya no le provoca ilusión; le provoca miedo a tener que alejarse para siempre de los suyos y de sí misma.
«Polo, you are free». [208] Hablan de la cantidad, de la rutina, que pedía ella, y de la calidad, de la aventura, que defendía él.
La calidad va unida a demasiadas expectativas, que son imposibles de cumplir, le dice ella.
El llanto es de los dos. Ella está más tranquila porque se ha dado cuenta de que lleva mucho tiempo digiriendo la pérdida. Quererlo lo podrá querer siempre. Él no está tranquilo, porque por primera vez añora el futuro que podrían tener.