¡De cabeza! ELLA / luna
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ELLA / luna

Miedos

(Barcelona, veintisiete)

Arnau la ayuda a cargar el coche y a descargarlo cuando llegan al piso nuevo.

Sudan desmontando la cama y volviéndola a montar y ya se echan de menos.

Espera hasta que ella lo tiene todo ordenado y se marcha.

Se dan un abrazo gigante sabiendo que seguramente se verán mañana.

Se queda sola, por primera vez, sola en casa, en s-u casa.

Hasta ahora, la casa cuando volvía a c-a-s-a era la casa de sus padres, y durante un tiempo ha sido la casa de Arnau, pero ahora la casa de casa es un nuevo nidito donde vivirá sola.

Sola unos meses y con Polo cuando vaya a pasar temporadas.

Mira el nidito y se mira a sí misma en el espejo.

Qué nervios crear un nidito que ya no es ni de otra persona ni temporal.

Mira la luna y piensa en sí misma como familia.

Entonces la invaden sus dos miedos cíclicos desde hace años: que sus padres se hagan mayores y que ella no pueda hacerlos abuelos. La naturaleza siempre manda.

Bailes

(Filadelfia, veintidós)

Se levanta temprano para ir a correr por el Schuylkill y se encuentra a Poppy sola en la cocina comiendo apio.

«You know I’m actually loosing calories by eating this?

» . [189] Ella se ríe con la voz ronca de la mañana, de no haber hablado todavía.

«Gotta take care of the little junk in the trunk», [190] le dice Poppy mostrándole las palmas de las manos, manchadas de tinta azul.

Ahora ella se ríe con la boca muy abierta.

Poppy las tiene azules porque ayer fue a comprarse un pantalón para meter los kilos que están ganando a base de comida gratis y se destiñeron totalmente.

Cuando se los quitó, tenía las piernas azules y la costura marcada como si fuera una cicatriz.

Intentó limpiarse el tinte con mil productos, pero no pudo, y por eso ahora le muestra las palmas de las manos azules, que sujetan el apio.

Ella se come unos cereales y se va al pabellón a hacer las pruebas para formar parte de las animadoras de baloncesto, las Quaker Girls.

Se arrepiente enseguida. Ha querido hacerlo para explorar su parte femenina, pero lo pasa mal siguiendo las instrucciones de la capitana, que les enseña la coreografía con los pompones y les grita: « BE SASSY , LADIES , I NEED MORE POWER IN THOSE HIPS !

». [191] Se marcha aliviada de no haber pasado ni la primera fase.

Ha bailado mirando al suelo todo el rato hasta que lo miraba tanto que ha tenido que sentarse y fingir que había ido solo a aplaudir.

No ha llegado a sudar, así que puede ir directa a las clases y después a leer.

En la biblioteca recibe una alerta escandalosa que llega a todos los móviles a la vez.

Es del Departamento de Seguridad del campus; avisan de que el huracán Sandy pasará por Filadelfia y recomiendan a todos los estudiantes que se refugien en sus habitaciones.

Recoge despacio porque calibra el dramatismo.

De camino a casa ve un cartel del club de ingenieros, que celebran algo y darán comida asiática.

Como lleva la fiambrera, pasa para llenarla, no sea que tengan que tirar la comida si se cancela el evento por el temporal.

Juega la carta de ser internacional y se hace la despistada mientras llena el recipiente.

Aún le queda un poco de espacio antes de que la comida se derrame, pero nota el móvil, que no deja de vibrar.

Son mensajes de Poppy: «Come home, NOW ».

[192] «El huracán está a punto de llegar».

«Estamos a punto de poner los sacos de arena en las puertas».

«¿ VIENES ?». Envuelve dos galletas con servilletas de papel y camina deprisa hacia casa, ahora sí un poco angustiada.

Llama fuerte a la puerta porque no puede abrir.

Ni diez minutos ha tardado y las tías ya han puesto los sacos.

Cuánto se contagia el pánico. Llama más fuerte y sale Poppy diciendo que ya era hora, que ha tardado mucho.

Ella le dice que no era para tanto, pero agradece que se preocupen por ella.

Va hacia la cocina y Poppy la adelanta por la izquierda para entrar antes, y una vez dentro grita: «¡Sorpresa!

». En el mármol de la cocina hay una bandeja gigante llena de palomitas con beicon y caramelo líquido por encima y tres pasteles enormes de chocolate de esos a los que solo hay que añadir un huevo para completar la receta.

Poppy la mira radiante: «We wanted to wait for you to start the party! » . [193]

¿Qué fiesta? ¡La fiesta del huracán! Le cuentan que han ido al supermercado a comprar lo básico por si tenían que quedarse unos días encerradas en casa y se han animado y han acabado comprando palomitas y pasteles.

El huracán todavía está lejos, la prisa es porque estaban esperándola para comérselo todo juntas.

Quiere matarlas por haberla hecho correr y sufrir, pero se mea de risa y acepta el cuenco de palomitas que le ofrece su compañera de piso estadounidense, que va toda engalanada.

Esta noche las había invitado a una fiesta de Halloween del Alpha Phi que iba a celebrarse en el bar de al lado de casa.

Habría sido su iniciación a la vida helénica.

Como llevan toda la semana pensando en qué se pondrán, han decidido que se lo ponen igualmente, aunque la fiesta se haya cancelado.

Poppy dice que Halloween es equivalente a «big girls in small dresses» .

[194] Ha elegido un vestido negro muy ceñido y se pinta una nariz de gato.

Su compañera estadounidense va de enfermera con un vestido con cinturón blanco de plástico.

Ella aún no tenía claro el suyo, pero le han dejado un vestido rojo de su compañera en la cama para que haga de demonio.

«This is tiny, how on earth will it fit me?

» , [195] grita ella desde arriba. «Don’t worry, it stretches» , [196] responde la estadounidense desde abajo, también gritando.

Se pone los tacones rojos de diez centímetros que le han dejado a los pies de la cama solo para hacer la broma, porque sabe que no aguantará mucho subida en ellos.

Aguanta menos de lo que creía. Pisa mal el primer escalón de la escalera y los toca toc-toc-toc todos al bajar, cada uno con una parte del cuerpo.

Poppy se ríe escandalosamente antes de preguntarle si está bien.

Ella le contesta con otra carcajada escandalosa.

Les dice que, aunque lo intente, no hay manera de explotar su parte femenina y les cuenta su penosa experiencia en las pruebas de animadora.

«I would pick you anytime, sister», [197] le dice Poppy entre la mofa y el cariño.

La ayuda a levantarse y a quitarse los tacones y pone en el ordenador «On the Floor» para que suene a todo trapo en la cocina.

Poppy baila como una lunática y ella se le une.

Cuando termina la canción ponen «Some Nights» y siguen moviendo el cuerpo sin ninguna sincronía ni respeto por el ritmo.

Pura felicidad ancestral a la luz de la luna.

La estadounidense lo graba y el vídeo pasa a la historia como la primera actuación de la compañía de baile The Harmony Sisters .

Autobús

(New Haven, veintinueve)

Llena la maleta con toda la ropa de invierno porque cuando vuelva ya no hará tanto frío.

Así, cuando se marche definitivamente, en julio, solo tendrá que llevarse la maleta de verano.

Los últimos días han sido tumultuosos: ha hecho las dos maletas, la de verano y la de invierno, varias veces, amenazando con que se marchaba con todo y no volvía.

Polo ha conseguido retenerla con promesas desnatadas.

Los dos están cansados. La relación también está deslomada y tironeada.

Antes de llegar ella le dejó claro que no iba por él.

Le dijo que iba por la oportunidad de trabajar bajo la supervisión del profesor Ryerson.

Estaba convencida de ese relato: elegía volver a Estados Unidos, pero esta vez no sufriría.

No sufriría si Polo quería hacer todos los planes de pareja acompañado de amigos, no sufriría si Polo iba al rocódromo los lunes y jugaba al fútbol los martes y tenía las reuniones del festival de documentales los miércoles.

No sufriría porque ella haría su propia vida.

Al aterrizar había recibido un correo del zapato y había agradecido pasar los primeros días en casa de Gatsby antes de ir a New Haven.

Pero ese tiempo entre la llegada y el primer abrazo hizo que el primer abrazo con Polo ya no pudiera ser de azúcar.

«Estás hecha percha, boluda». [198] Cuánto había echado de menos a su Gatsby…

Habían podido pasear por la ciudad y probar una clase de yoga aéreo que la había dejado con morados y agujetas por todo el cuerpo.

Eran las últimas semanas de Gatsby en Nueva York; dejaba una vida y a un marido de once años y se marchaba a la costa oeste, de donde formaba parte su espíritu soleado y de purpurina.

También habían podido ir al Upper East a hacerse las uñas para honrar a Flor. Cuánto echaban de menos a su Flor.

Una vez en el campus, se ha esforzado por crearse rápidamente una vida autónoma, pequeña y completa.

Ha crecido mucho desde Nueva York. Ya no le ha importado que la primera pregunta siempre fuera el «what do you do?

» . [199] No le ha importado qué pensarán si se marcha temprano de una fiesta porque ya está cansada.

No le ha importado ser la pareja de Polo.

No le ha importado ser la pareja exótica de Polo.

No le ha importado tener que disfrazarse en todas las fiestas del campus.

Casi no le ha importado que se hubiera terminado la pizza sin gluten.

No le ha importado beber vino blanco de cajas de cartón.

No le ha importado invertir tiempo en relaciones transaccionales.

Casi no le ha importado teñirse la lengua de excitación mantecosa repartiendo «oh my god, I love your outfit» [200] y dándose la vuelta dos segundos después para hablar con la persona siguiente.

Ha disfrutado viendo documentales, ha disfrutado estudiando en la biblioteca de la Divinity School, ha disfrutado jugando al tenis con amigos de Polo y con el propio Polo.

Ha disfrutado de las visitas de Wes y después de Gina.

Ha disfrutado de las excursiones a Nueva York a ver a Laurie y a Hazel y ha disfrutado pasando sus estudios a niños que dicen que de regalo quieren el wubba duckie . [201]

Está preparando la cena para el avión y, pese al mareo de los últimos días, está contenta consigo misma por cómo ha estado.

No se le repite el acento de hamburguesa y no lleva escafandra.

Se marcha una semana a Barcelona para hacer una formación de los que financian su doctorado.

La excusa le ha ido perfecta porque vivir a distancia las noticias surrealistas del virus está resultándole muy angustioso.

Anticipa que le costará volver cuando termine la semana, aunque vuelva solo para los cinco meses que le quedan de estancia.

Polo le dice que no puede llevarla al aeropuerto, que su compañero de piso necesita el coche dentro de media hora.

Se pone triste y Polo no lo entiende, se marcha una semana.

Han pasado periodos mucho más largos sin verse.

Ella sabe que las lágrimas son irracionales porque siete días no es nada, pero por dentro le quema un llanto que no puede apagar.

Polo la lleva a la estación de autocares porque con el cambio de planes ya no llega a coger el tren hasta Nueva York.

La ayuda a cargar la maleta grande y la maleta de mano y la abraza rápido porque ha aparcado en doble fila.

«I love you, ragazza, have a safe flight, text me when you land ». [202] Este abrazo tampoco es azúcar.

Ella sube al autocar compungida, mira la luna y se reconforta pensando que durante una semana la verá a la misma hora que los de casa.