¡De cabeza! ELLA / muy temprano #2
62%

ELLA / muy temprano #2

Una enfermera se acerca para reclamar el teléfono, y Gina se vuelve con parsimonia y le dice: «Need something?

». [153] La enfermera se marcha pensando que Gina es una trabajadora social del hospital a la que no tiene fichada.

Las dos se ríen, y Gina abre el ordenador y busca proveedores de cinturones lumbares.

Lo necesita para ayer, les dice, como si fuera la médica del presidente.

Se pasa toda la mañana insultando a proveedores que no le ofrecen lo que quiere hasta que encuentra a uno que le dice que sí.

Comen juntas la comida que le llevan a ella porque no tiene mucha hambre y han vuelto a equivocarse con el pan.

Después de comer llega un hombre elegante con el cinturón.

Tienen que pagar ahora quinientos cincuenta y los otros quinientos por transferencia.

Gina paga con su tarjeta para no tener que revolver la bolsa de plástico con las pertenencias personales.

Están los botines rallados de asfalto con los tacones de madera hinchados por la humedad de la sangre.

La falda/la chaqueta/la camisa/las bragas/y el sujetador, t-o-d-o recortado por la mitad.

También está el pañuelo con un agujero por el corte de la cabeza y el cinturón de latón manchado pero intacto porque Polo pudo frenar al técnico de las tijeras y se lo desabrochó por detrás con cuidado.

El hombre les enseña cómo se ajusta el cinturón lumbar y les recomienda que lo pongan al nivel tres durante los primeros días y después ya pueden rebajarlo al nivel dos.

Les habla a las dos porque enseguida ve que solo una está registrando las instrucciones.

La otra lo mira con la insolencia insultante del joven que cree que no lo necesitará.

El hombre se va, y Gina le dice que también debería marcharse, pero que sus padres deben de estar al caer porque le han escrito hace una hora que habían aterrizado en el JFK .

«Muchas gracias, Gina, de verdad». [154] «Don’t, mi amol, glad to help ». [155]

Sus padres solo tardan media hora en llegar y pasan toda la tarde juntos, ellos contentos de estar con ella y ella contenta de sentirse en casa.

Emma hace un esfuerzo gigante para no burlarse del pelo que lleva.

Les muestra el vídeo de Poppy; el otro ya lo han visto porque Lola y Jana les escribieron por si querían participar, pero no se atrevieron porque no querían que ella los viera con la cara desencajada.

Se hace tarde y les dice que se vayan al hotel, que así ella descansará; quiere que duerman después del trajín que se han pegado.

Ella no cree que lo consiga porque tiene un pequeño demonio en el hombro que le dice que cruzó con el semáforo en rojo y que todo es culpa suya.

Por suerte divina, poco después de que se hayan marchado recibe un correo de Gina que dice: «They’ve got it!» . [156] Adjunta el informe policial con el diagrama y la descripción de dónde estaba ella y dónde estaba el camión en el momento del impacto.

En Kingston Avenue los vehículos pueden girar a la izquierda y a la vez los peatones pueden cruzar St. Johns Place.

El informe dice que los dos tenían la señal a favor, pero el conductor no vio que ella estaba en el paso de cebra y la embistió justo antes de que acabara de cruzar. Respira aliviada, llora y se duerme.

La despierta un «pssst, pssst». Abre los ojos y todavía está oscuro.

Mira el reloj y ve que son las cuatro de la madrugada.

Se esfuerza por enfocar la mirada para ver de dónde procede el ruido y ve a un hombre gordo, vestido con chándal negro, una linterna en la cabeza y gafas de sol, que tiene la mano en la cortina del box y le sonríe afablemente.

Con acento del Bronx le dice que lo disculpe por las horas, que se llama Rocco Carranza, que es investigador con licencia de Nueva York y que sus abogados lo han enviado a verla.

Le da un sobre abierto con una carta que le cuesta mucho leer solo con la luz que entra de los fluorescentes del pasillo.

Rocco le deja la linterna que lleva en la cabeza.

Dear client,

This is to advise you that work has been started on your case and we are taking all steps necessary to protect your interests.

IT IS URGENT THAT YOU REMEMBER TO SPEAK TO NO ONE ABOUT THIS MATTER , OTHER THAN YOUR OWN DOCTOR OR THIS OFFICE , since oral statements are admissible evidence and can be as damaging as written statements.

Keep a precise record of every expense that you incur as a result of the accident and obtain receipts for all expenditures so that you may forward them to this office.

If in doubt about any particular expense, keep a record of it. Please notify this office if you hear of any inquiries being made to your neighbors, friends or family regarding your condition.

Truly yours,

Benjamin Batakis, Esq.

Personal Injury Law

Batakis & Associates [157]

Reconoce el nombre del abogado porque es el que ha dicho Gina, pero la carta no dice nada de un investigador y no justifica la presencia de Rocco, el hombre gordo vestido con chándal negro que sigue mirándola afablemente.

Él se apresura a explicarle que tiene que hacer fotos de todas las heridas externas ahora que son recientes y que parecen dolorosas para añadirlas al expediente de su caso.

Vuelve a disculparse por la hora, pero le explica que trabaja de noche.

Sin estar del todo convencida, pero sin demasiadas alternativas, le muestra primero el corte de la cabeza y después la cadera.

Luego levanta un poco el culo, lo máximo que puede, para mostrarle el mapa de morados y la redonda arañada y grapada.

Él va haciendo las fotos con su cámara digital, acercándose mucho e iluminando las heridas con la linterna, que vuelve a llevar en la cabeza.

Parece que busca planos contrapicados para deformar las imágenes y aumentar su efecto.

Le muestra también los morados del codo, las piernas llenas de cardenales y los pies lilas e hinchados.

Cuando se va, le dice que, si alguna vez vuelve a necesitar sus servicios, puede llamarlo ella misma, y le da una tarjeta: «Rocco Carranza – Moonlight Investigator».

[158] Guarda la tarjeta como un tesoro porque, si no, nadie se lo creerá.

Café

(Barcelona, veintiocho)

Polo se planta en la entrada del Bar Velódromo a las ocho menos veinticinco, así que solo da cinco minutos de margen a las legañas de los camareros.

Cogió esta costumbre cuando ella vivía en casa de Arnau y él pasaba allí temporadas y se marchaba temprano para dejarlos desayunar juntos.

Desde entonces, cuando viene a Barcelona hace del Velódromo su oficina.

Ahora trabaja para una publicación digital y a su superior no le importa que esté fuera mientras reciba el artículo diario a las nueve de la mañana, horario costa este.

Polo suele escribir hasta las tres, envía el artículo, se va a escalar al Sharma y a las siete ya está listo para encontrarse con ella y cenar juntos.

Excepto los martes, que comen los dos en casa de su abuelo.

En el Velódromo, Polo es el Sueco. Lo dejan sentarse con su ordenador y su café gigante en la parte de arriba (!) y no le llaman la atención cuando se quita las abarcas mientras trabaja y baja los dos pisos hasta el baño descalzo.

A ella le revienta la excepcionalidad estadounidense, tan omnipotente y prepotente que los demás se la creen.

Se beneficia de ella cuando va a buscarlo y puede sentarse también un rato arriba, pero tiene que evitar la mirada de desaprobación de los camareros, que quieren hacerle saber que el favor se lo hacen a él, al de pelo rubio rizado y ojos azules que habla i-n-g-l-é-s, no a ella.

Por suerte, Polo la mira con ojos diferentes y comparte con ella la corona sueca.

Barcelona es dulce para los dos: ella está en casa y él es bien recibido, tanto por mérito propio como por el reflejo omnipotente.

Hoy Polo se queda en su trono hasta bien entrada la tarde porque tiene la llamada con el comité de selección del máster.

Ella va al mediodía para ayudarlo a preparar la entrevista y comer unos huevos estrellados.

Si lo aceptan, se romperá el hechizo de estos meses viviendo juntos aquí, pero, si no lo aceptan, Polo seguirá un poco perdido.

No pueden omitir que él también es mucho de casa, pero su casa es todo Estados Unidos.

Las primeras preguntas las contesta bastante bien, tímido, sin lucirse especialmente.

Nunca lo ha visto tan nervioso, nunca hasta ahora lo ha visto querer algo tanto.

Le hacen una pregunta un poco difícil y de repente se bloquea y antes de responder coge la Nalgene para darle un trago.

Da dos, y tres, y cuatro, y cinco, y seis, y siete, y ocho, hasta que se termina toda el agua de la cantimplora de litro y medio (!).

Ella lo mira con los ojos como platos y puede imaginarse una reacción similar al otro lado de la pantalla.

Después de haber vaciado la botella de golpe, Polo contesta la pregunta elocuentemente, parece que el agua lo ha relajado.

La hora que queda la navega con soltura mientras ella come pimientos del Padrón para calmar sus propios nervios.

Cuando termina comentan la jugada, y ella le dice que no se preocupe, que, aunque sí ha estado fuera de lugar beberse un litro y medio de golpe, no cree que lo tengan en cuenta.

Se lo dice riéndose porque sabe que Polo se los ha metido en el bolsillo.

Por si acaso, Polo escribe un correo a la dirección genérica de admisiones para disculparse por haberse chugged [159] una Nalgene entera durante la entrevista.

Tiempo

(Barcelona, veintitrés)