¡De cabeza! ELLA / muy temprano #3
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ELLA / muy temprano #3

Lleva desde que volvió del intercambio en Filadelfia añadiendo ciudades y pueblos en el móvil para saber qué tiempo hace donde está Polo.

De momento lo ha seguido desde el pesquero de Alaska hasta Vietnam.

Le sorprende que esta historia estadounidense esté traspasando meses y países, pero le encanta sentirse aventurera solo por el hecho de tener butaca en platea en los viajes de él, que al principio le enviaba cartas, luego correos y últimamente la llama cuando consigue buena cobertura.

Hoy se muere de ganas de hablar con él. Esta mañana, el socio de Estados Unidos le ha ofrecido que vaya a trabajar a la sucursal de Nueva York.

Le ha dicho que allí la estructura es mucho más pequeña que la de Barcelona, pero que forman parte de un holding americano y tienen la oficina al lado de Grand Central.

Si le apetece, puede empezar a trabajar allí a principios de año, dentro de un mes y medio (!).

Ella ha visitado la gran ciudad en calidad de turista que camina despacio y estorba a los locales.

La idea de irse a vivir allí le pone los pelos de punta.

De emoción, de miedo y de vértigo. Pero a su edad el miedo y el vértigo hablan bajito.

Y más si eso significa que estará cerca de Polo.

Tiene que hablar con él para ver qué le parece esta locura.

Ella también es intrépida. Lo llama, pero él no lo coge.

Le envía un correo para que la llame cuando pueda.

Racionalmente sabe que la noticia no corre prisa, pero tiene un nudo de anticipación en la garganta que la ahogará si no se lo dice ya. Vuelve a llamarlo, pero no da línea.

Polo le contesta a media tarde. Le dice que no puede llamarla porque no tiene suficiente señal, pero que dentro de un rato irá a un locutorio a responder correos.

Ella le escribe uno rápido, que empieza con «grab a chair», [160] pero acaba borrándolo porque se da cuenta de que no sabe cómo transmitir su emoción sin agobiarlo.

Entonces piensa que quizá no debería estar calculando si la noticia lo agobiará o no.

Es una buena noticia, y basta. Es una oportunidad única, una decisión que nace de ella, al margen de la relación.

Pero sabe que puede afectarlos de lleno, porque puede darles la posibilidad de explorar la relación cuando él vuelva a Filadelfia después del viaje.

La adrenalina se enrosca en el bucle del «¿qué va a pensar Polo?

», y decide enviarle primero un correo corto y directo, como quien saca la mano para saber qué tiempo hace: «Polo, what do you think of our relationship?

» . [161] Espera que la respuesta la ayude a regular la intensidad de la noticia.

No quiere asustarlo, pero tampoco quiere esconder que, para ella, pensar que lo tendrá a solo dos horas de distancia es un gran plus.

Cuando esta mañana se lo ha contado a sus padres y a Emma, los tres se han alegrado mucho y le han hecho preguntas para las que ella todavía no tiene respuesta.

Lo ha compartido también con Arnau, Jana, Lola y Carla.

Le gustaría divulgarlo por toda la agencia porque los verá dentro de unas horas en la fiesta, pero su jefa le ha dicho que no puede decir nada hasta que esté todo cerrado.

Le costará ocultar el bullicio que tiene dentro.

Para pasar el rato se centra en el modelito.

La consigna de vestimenta es Trainspotting y duda entre ponerse el vestido plateado que se ha comprado, que probablemente llevarán la mitad de las chicas, o disfrazarse del prota, como todos los chicos.

Le ha pedido a Emma que la maquille, y Emma ha accedido con la condición de que no pestañee como un colibrí.

Ella hace esfuerzos brutales por mantener los ojos abiertos, y, cuando ya casi han terminado, llega la respuesta de Polo.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Fecha: un mes y medio antes de que ella se vaya a vivir a Nueva York, tarde

Asunto: RE : we

Here is how I see it: our phenomenal relationship can’t hinge on to the next time that we will rush our bodies towards each other –we are too young and too far apart and too uncertain of our futures (both personal and professional) for an over-seas committed relationship.

The panic of the next meeting isn’t sustainable.

So when we ask, “are we a couple?”, the fast answer is no.

But yes: what we do have is a love affair, a deep physical and mental connection, and if we make a concerted effort to see each other and maintain the closeness that we have, then eventually the light love can solidify into a concrete highway of a relationship.

I think I can do that. I want to see you, and I miss you, but I don’t need you.

And that’s important. Needing someone isn’t inherently bad, but if that person is thousands of miles away then the need becomes crippling; it will turn sour and take the light out of everything we have.

Let me know your thoughts –and be honest. And if I don’t respond for a while, it’s because I’ve gone to the hinterlands without internet.

Te quiero, un beso from a lonely man in Myanmar . [162]

No puede evitar llorar un poco, con el sudor frío y el bullicio, que ahora es ácido.

Emma le seca las lágrimas con un algodoncito y le dice que entiende que no le haya gustado mucho, pero que en realidad el correo es bonito, maduro y sincero.

Vuelve a leerlo con ojos menos expuestos y más tiernos, pero el «no te necesito» vuelve a darle el mismo pinchazo.

Por suerte no tiene mucho tiempo para lamerse la herida porque entre una cosa y otra acabará llegando tarde.

Emma le arregla los ojos como puede y ella decide vestirse de tío, pero bajándose mucho la camiseta para que quede claro que es una chica.

Una chica sin pareja que hoy verá a dos de sus hombres catalanes guardados en el cajón.

Cuando llega, ve al «supervisor» en la entrada, con una muleta en una mano y una cerveza en la otra.

La camiseta imperio le queda como el culo, era de esperar, pero ya ha asumido que su poder de atracción es superior a cualquier banalidad estética.

Sabía que esta rata iría aunque estuviera convaleciente, pero cuando se saludan finge sorpresa de verlo allí.

Está a punto de decirle que se va a Nueva York, saltándose la petición de su jefa, pero no deja de llegar gente y tienen que saludarlos. Ella entra a buscar una cerveza.

También finge que se sorprende cuando Grau va a saludarla.

No tenía ninguna duda de que estaría allí porque es inseparable del creativo que organiza la fiesta.

Puede ser un recurso barato, pero queda mejor que piensen que se ha vestido así sin saber que los vería.

Al que no esperaba ver y la deja descolocada es al tercer sapo aspirante a príncipe.

La repasa de arriba abajo, vuelve arriba y, al final, mirándola a los ojos, le dice: «¡Tenía ganas de verte, gorrión!

». Ella, halagada y roja. No sabía que Martí hubiera mantenido el contacto con los creativos.

Lo de la tarta de queso fue hace mucho tiempo y desde entonces solo han coincidido una vez.

Le encanta sentirse devorada por su mirada.

Martí abre los brazos y se dan un abrazo cariñoso y apretado.

Piensa en el correo de Polo y le responde mentalmente diciendo: ningún problema, chato, ya me viene bien que no seamos pareja porque creía que estarían dos y están los tres.

Tiene claro que no pasará nada con ninguno de ellos, pero como mínimo volverá a casa con el ego más subido que las tetas.