ELLA / lengua
Zapato
(Barcelona)
Pero son esas cosas que, cuando flotan, el tiempo las ablanda y las confunde.
O parecen necesarias y urgentes. Hoy siente que es urgente darle un beso al que es más seco que un zapato o que se lo dé él.
En c-a-t-a-l-á-n. Urgente también que le cuente que quiere compartir su adelante con el empujón de ella.
Círculo
(Nueva York, veinticuatro)
Casi pierde el Acela hacia Filadelfia; se ha quedado encerrada en la habitación porque el pomo nuevo se ha estropeado.
Por suerte e irónicamente, su compañero todavía no se había ido a trabajar y ha podido forzar el pomo desde fuera para que saliera.
Ha llegado a Penn Station cuando hacía un minuto que habían indicado la vía en las pantallas.
Ha tenido que pelearse con unos cuantos maletines para llegar hasta donde estaban Flor, Gatsby y Thiago.
Un brasileño y dos argentinas a uno y dos días de las semifinales; será un viaje entretenido.
Llevan toda la semana intentando convertirla, Thiago le ha regalado una camiseta de la selección y Gatsby le ha enseñado el «Brasil, desime qué se siente» [111] para que pueda corearla con ella cuando ganen.
Polo se lo pasaría bien cantando con los argentinos de verdad, pero lleva unas semanas a la suya.
Flor reparte una magdalena de chocolate a cada uno.
A ella, además, le ha llevado una de las galletas envueltas en celofán.
Se sientan a una mesa de cuatro y abren los ordenadores.
Ella no tiene muchos correos por contestar, pero hace la pantomima como los demás.
Thiago está a su lado y sin querer se rozan las piernas.
Sin querer, pero ella no se aparta. Flor saca la libreta y el lápiz de su bolso de Kate Spade y escribe notas para prepararse la reunión.
De repente se siente un fuerte olor a perfume.
Gatsby le pregunta a Flor de dónde viene el olor y ella le contesta tan tranquila que esta mañana ha perfumado la libreta.
Les cuenta que lo ha leído en un libro de marketing: en las reuniones es importante impactar, y los olores son una muy buena ancla para la memoria.
«¿Posta?», [112] le dice Gatsby en tono incrédulo.
Ella y Thiago se ríen. «No me rompan las bolas», [113] liquida Flor.
De la estación a las oficinas del cliente cogen un taxi.
Flor va delante entreteniendo al conductor y los tres polluelos están sentados detrás.
Esperan a que el guardia de seguridad les dé las tarjetas de visita y se mueren por ver qué interpretación de sus nombres extranjeros habrá hecho esta vez.
Flor tose un poco y se agacha. Se limpia las bailarinas de charol con un pañuelo.
Gatsby le pregunta qué hace. Flor le dice que se ha echado la laca con los zapatos puestos y se los ha manchado.
Ella se la imagina delante de su tocador del Upper East echándose laca, pintándose los ojos y perfumándose el cuello y después la libreta.
Qué personaje. Se despiden de Thiago en el ascensor porque él tiene una reunión con otra de las marcas de la farmacéutica, quieren activar una campaña local cuando él vuelva a São Paulo la semana que viene.
La reunión de ellas es un poco más tensa de lo que esperaban.
Ella hoy tiene cosas que decir, pero no se atreve porque todo el mundo habla muy deprisa y en tono enfadado.
Flor le pasa un papelito doblado. Lo abre con discreción y lee la caligrafía impoluta y contundente de Flor: « SPEAK UP ».
[114] Se pone roja e intenta colarse en la conversación, pero cada vez que lo intenta alguien se le adelanta.
Al final consigue decir que para el mercado hispanoamericano no tiene sentido que se focalicen solo en los pacientes con alergias estacionales.
La sala no la escucha, pero el cliente que está sentado a su lado repite lo que ha dicho ella en inglés imperativo y todos están de acuerdo.
Antes de pedir el taxi, los cuatro van corriendo a la tienda para los trabajadores, que tiene todos los productos de la farmacéutica con un setenta por ciento de descuento.
Es la recompensa por hacer reuniones presenciales que los obligan a coger el tren de las siete de la mañana.
Flor se lleva cremas hidratantes. Thiago, una cestita de productos para bebé porque dentro de poco será tío.
Gatsby, pintalabios y pastillas para la alergia.
Ella se lleva crema solar, tiritas de las que llevan antibiótico y un lote de champús para enviárselo a la rata canadiense.
Echa un vistazo a la sección de maquillaje, pero es incapaz de decidir qué llevarse.
La próxima vez que vaya le preguntará antes a Emma si necesita algo.
En el tren de vuelta, Flor se sienta al lado de ella y le dice a Thiago: «Che, ¿me la prestás?
». [115] Thiago se ruboriza y le dice: «Por supuesta».
[116] Repasan la presentación del día siguiente durante tres cuartos de hora y después cierran los ojos para descansar.
Cuando llegan de nuevo a Penn Station, Gatsby y Flor se van a casa, pero ella tiene que ir a ayudar a una amiga que ha ido a pasar una temporada en la ciudad.
Está contenta de tenerla cerca, aunque solo sea por unos meses.
Podrá jugar al tenis con ella y podrán ir juntas a ver musicales.
Thiago se ofrece a acompañarla y ella no ve peligro.
A Carla le sorprende verla acompañada, pero enseguida agradece los brazos extra.
Los tres hablan desenfadados mientras montan muebles como si los tres se conocieran desde que estaban dentro de las barrigas de sus madres.
Ella quiere hacer un aparte para darle a Carla un poco de contexto, pero Thiago tiene una vejiga de caballo y no las deja solas.
Cenan sushi de aguacate del supermercado de abajo.
A las nueve Carla mira el reloj y les dice que ella termina las dos sillas que quedan, que se vayan a casa.
El plural suena cargado, pero tiene sentido que se marchen juntos, los dos viven en el Upper West.
En la calle, el aire de la noche los despierta y Thiago le dice si quiere subir a pie.
Les irá bien estirar un poco las piernas.
Después del beso robado de hace casi tres meses, ella se ha esforzado por rebajar al mínimo la coquetería.
Ha evitado situaciones dudosas y ha intentado estar siempre acompañada de otras personas que bajaran la temperatura que se genera entre ellos.
Ahora mismo, cansada y divertida, está costándole un poco.
Él va tarareando canciones en portugués porque sabe que ella se ablanda con el acento.
En Columbus Circle es donde tendrían que separarse, pero él le pregunta si quiere ir a tomar algo.
Está todo cerrado porque es lunes, le dice ella.
«Dizzy’s Club estará abierta, creo pensar».
[117] «Solo un ratito», [118] le contesta ella. Él sonríe travieso.
Se sientan a una mesa del fondo y miran embobados a una banda de músicos jóvenes improvisando en el escenario.
Ven en el cartel que se llaman Sammy Miller and the Congregation , y en algunas canciones los acompañan las Ladybugs.
La química entre ellos y la fiesta que llevan encima son muy contagiosas.
El ambiente es extasiante. Ella ve que lo tiene todo perdido e intenta aferrarse a la música mirando hacia delante; si se deja llevar, no sabe cómo acabará.
Thiago la mira a ella y a los músicos con la misma intensidad.
No es justo, el jazz que suena es sexo, todo el mundo lo sabe.
Da tragos de su agua con hielo, pero necesita renovar los cubitos, que tienen prisa por deshacerse.
Thiago le susurra algo en portugués al oído y ella siente un zumbido que la hace temblar.
No se gira porque si no se gira no puede pasar nada.
«Sammy, por favor, basta, para ya», le suplica al cantante, que sigue cantando «sexo, sexo, sexo».
Thiago vuelve a decirle algo en portugués y da igual si está diciéndole que la mesa es marrón; ella se siente como Gisele cuando cruce el Maracaná dos años después.
Empieza a sonar «Li’l Liza Jane», y ella no puede evitarlo y se levanta para bailar.
Él lo aprovecha, la rodea por la cintura y la atrapa en un beso.
Pero es que no es un beso, es un b-e- i-j-o apaixonado .
[119] Que ahora se encadena con el siguiente b-e-i-j-o porque no puede deshacerse de esos l-a-b-i-o-s que la succionan y la envuelven.
B-e-i-j-o , «little Liza Jane, Jane, little old Liza», [120] b-e- i-j-o , «little Liza Jane, Jane, little old Liza», b-e-i-j-o , que se acabe la canción, «little Liza Jane, Jane, little old Liza», que N-O se acabe la canción, b-e-i-j-o , que se acabe la canción, «little Liza Jane, Jane, little old Liza», que se acabe la canción, b-e-i-j- o , que se a-c-a-b-e la canción.
Se acaba la canción, pero el b-e-i-j- o continúa. Iros a cagar.
Oro
(Filadelfia, veintitrés)
Polo ha subido de nivel de Escritura de Ficción porque en la clase introductoria se encontraron demasiados estudiantes de primero.
A ella le va bien el nivel más bajo por el inglés: compensa no ser nativa con el hecho de ser más mayor.
Como el nivel de Polo es a la misma hora, en el mismo edificio, pero en la clase de al lado, ella pasa a recogerlo por su casa y caminan de la mano hasta Fisher-Bennett Hall.
Le gusta tener estos momentos cálidos antes de entrar en clase porque la profesora la intimida.
Acostumbrada al sistema catalán, en la segunda clase se dirigió a ella por su nombre de pila y la profesora le contestó con una rectitud insultante que s-i-e-m-p-r-e debía dirigirse a ella como p-r-o-f-e-s-o-r-a y el apellido. La mantequilla de nevera.