¡De cabeza! ÉL / siete
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ÉL / siete

Andorra II

El apartamento tiene tres habitaciones. Tu colega y su hermano duermen en la grande.

El hermano dice que durmáis vosotros dos en la otra y así en la tercera guardáis los trastos para tener la zona común libre de paso.

Ella dice que ningún problema. Tú dices que ya encontraréis la manera de organizar los trastos, que quieres dormir solo, que quieres dormir solo porque pasas de que ella te despierte cada vez que vaya a mear.

Es su primera vez haciendo esquí de montaña.

Te ves obligado a enseñarle cuatro cosas.

Te pones muy nervioso porque no te escucha.

Tiene una técnica de mierda. Ves que intenta compensarlo echándole piernas.

Sabes que acabará molida. Al día siguiente dice que por la noche ha tenido que mear de pie porque no podía doblar las piernas.

Bajáis los dos solos porque los demás alargan un día más.

Pilláis un tráfico monumental y pasáis siete horas en el coche.

Piensas que deberías preguntarle cómo ha sido eso de que se casa, pero te da pereza.

Actores

Vais al cine y en la cola de las palomitas tenéis delante a una pareja de actores.

Ella se pone nerviosa porque no quiere saludarlos.

No tiene ningún sentido porque no la conocen de nada.

Al actor se le cae una moneda al sacar la cartera y va a parar a vuestro lado.

Ella disimula y te dice que no quiere cogerla para no tener que interactuar con ellos.

Le dices que está como una regadera. Le das la moneda al actor y le preguntas si pueden hacerse una foto con ella.

Matagalls

Estás exprimiendo la temporada de nieve.

Citas a quien quiera ir a las siete para llegar a las pistas a las nueve.

Ella llega puntual y tus colegas te dicen que los esperes, que están en camino.

Eres un flojo, llegan una hora tarde. No tiene sentido subir y bajar.

Decidís cambiar de planes e ir al Matagalls.

Coges un chándal para ti y tus dos colegas.

Ella va ridícula porque lleva las mallas térmicas con la araña en el culo.

Coméis conejo a la vinagreta en Can Pantano.

De vuelta escucháis el partido. Veis la segunda parte en casa de uno de tus colegas y vais a tomar algo cuando termina.

Pedís unas bravas y ella se pide unas para ella sola.

No insistes porque se pone agresiva si le cuestionas algo relacionado con la comida.

Camináis hasta casa y abajo os encontráis a Helena, que dice que es muy tarde y que por qué no se queda a dormir.

Le dices que no hace falta y haces que se marche en moto.

Metro

Estás esperando en la salida del Apolo con la moto encendida.

Pasa la urbana y te pone una multa. Te quitan no sé cuántos puntos y tienes que hacer un cursillo para recuperarlos.

Tendrás que ir en metro. Cuando se lo dices se burla y te regala The Sellout , un libro perfecto para las ratas del metro. No te lo lees porque está en inglés.

Piscina

Se ha tirado ella, la muy animal.

De: [email protected]

Para: [email protected]

Fecha: ocho meses antes de irse a Yale

Asunto: el refugio

Estoy en la biblioteca del cívico, con Montserrat de fondo y distraída por la bibliotecaria, que ha decidido estampar como a vacas todos los libros de la primera planta, distraída también por una fila de minipiés que bajan en tropel por la escalera, que vienen emocionados a la biblioteca de los mayores.

Voy vestida de deporte, después iré a correr, pero mis compañeros de concentración no lo saben, a sus ojos soy una motivada en chándal.

La camiseta técnica que llevo creo que hace tiempo que apesta.

El objetivo de hoy es enviar un correo al profesor Ryerson, el supercapo de cognición de Yale con el que comí en otoño.

Tengo que escribirle para confirmar la estancia de investigación del próximo curso.

Podría haberlo enviado hace unas semanas, pero me está costando y, como una parte del costar me viene de ti, he decidido escribirte.

Porque es en la escritura, en lo escondido y privado (quizá íntimo), donde nos hemos refugiado desde hace unos años, o desde que nos conocemos.

Tenemos una hemeroteca de correos que podría encuadernarse.

Leyéndonos hemos crecido como amigos, flirteando con la ilusión de una proximidad irónica, protegidos por el medio, sin mirarnos, sin encontrarnos.

Sin ninguna ilusión de grandeza, solo compartiendo las pequeñas observaciones ridículas de nuestro día-día/día-noche/noche-día (por los lugares donde hemos vivido), buscando hacer cosquillas a la sonrisa del otro, construyendo un pequeño refugio de arena y de sorna, nuestro.

Y durante los últimos años, ya los dos con el culo en casa, hemos tenido un afuera, sudado y divertido, igualmente espontáneo, pero siempre cauto.

Acompañados. O asegurando que lo hacemos por los árboles, por el viento y el cielo, por el sudor mismo, no tanto por nosotros, por la alegría de vernos.

Y esa simplicidad honesta que nos falta (¡la alegría de vernos!) hace que a veces dejemos las ventanas del refugio mal cerradas y yo me muevo dentro, un poco inquieta por el fresquito que entra.

Y te engañaría si te dijera que no me gusta vernos enroscados en el juego del puede ser y el no será, muchas veces enardecido por los demás, los que espían cuando se me escapa una sonrisa de más, que miran dentro y ven una proximidad que los incomoda y no preguntan por no incomodarme a mí.

Menos mi abuelo, que no se priva de lanzar los dardos que quiere y cuando quiere.

Ayer: “¿Qué piensa tu ‘amigo’ de que te cases con Polo?”.

Vale, y una vez te he hecho sudar frío y te he hecho comer con angustia una tortita de arroz, te he hecho resoplar y decir qué fuerte lo bastante alto para que las veganas de alrededor te pregunten y puedas banalizar inmediatamente lo que estás leyendo, y, ahora, ¿ahora qué?

Pues nada, que me gustaría quitar el envoltorio que llevamos encima y, aunque sea pegajoso, que hablemos un poco de nuestra relación.

Para sincerarla, cuidarla y encerarla, y que dure, independientemente de las personas a las que nos encontremos por el camino.

Y porque me gustaría seguir yendo a la montaña contigo, sin hacerme la despistada, por la alegría de ir a la montaña juntos.

Ahora la piscina está llena de caramelo que se engancha por todas partes, y, chap-chap, la tía en pelota picada.

No piensas meterte ni un poco. Los sentimientos o las verdades, como los juguetes ahogados que quedan en el fondo pese a ser de plástico, soléis dejarlos en el fondo.

Sí que es verdad que ella pincha de vez en cuando, tira de ti hacia abajo para que tardes un poco más en salir del agua, pero tú tienes más fuerza y más miedo, y no te resulta difícil subir y desaparecer.

Qué corte de digestión procesar de golpe siete años y pico de relación. Contestas como puedes:

De: [email protected]

Para: [email protected]

Fecha: mismo día unas horas después

Asunto: Re: el refugio

For fuck ’s sake. [78]

¡Ya podrías haberte puesto una capa más para no pasar frío!

No es precisamente el tipo de escritura a la que me tienes y nos tenemos acostumbrados. Y sí, me ha hecho sudar. Y leerlo tres veces.

Es evidente que me has dejado un poco fuera de juego. En especial cuando, en lugar de minipiés, tengo minicorreos y minipollos del curro. Prescindiré (¡forzosamente!) de mi momento de lectura en el metro para pensar (seguro que de forma equivocada) el qué y el porqué.

Y, sin que haya empezado siquiera a entrever qué quiere decir, ya anticipo y debes prever que tienes bastante más destreza y aptitud para desenvolver envoltorios pegajosos.

Pero si es necesario para cuidar, encerar y sincerar…

¡a desenvolver se ha dicho! ¡Ya me explicarás cómo empezar a hacerlo después de tanto tiempo sin tensar ninguna costura!

Y pensar que todo esto lo dices apestando y vestida como una swagger [79] cualquiera robando wifi de la biblioteca…

Qué fuerte.