¡De cabeza! ELLA / pelo
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ELLA / pelo

Pelambrera

(Barcelona, veintiuno)

Entra una mujer con una colonia todopoderosa y pregunta por la jefa del departamento, que está haciendo la vendimia del teclado en la mesa del fondo.

Ella escribe a toda prisa un correo mofándose de la bocanada y lo envía.

Ahora esperará los próximos minutos sonriendo como un ratoncito, nerviosa por ver la reacción del «supervisor» cuando vuelva de fumar.

Seguramente se reirá con disimulo y moverá el brazo exageradamente pulsando alguna tecla con fuerza para darle a entender que elimina el correo.

Hoy lleva la camisa azul cielo a rayas, la que ella le dice a Jana que es la camisa del padre de sus hijos.

Si tuviera que congelarlo para ponerlo en exposición, elegiría esta camisa y el pantalón corto negro que le marca culo.

Le mantendría la barba de tres días y la pelambrera justo al límite de la decencia, antes de que le toque la pelada de alpaca trimestral.

Manualidades

(Filadelfia, veintidós)

Llega tarde a la clase de Teoría Feminista 096 porque en el primer trimestre no le tocó ninguna asignatura en este edificio y no lo conoce.

La sala es grande, de estilo anfiteatro, y está a reventar de chicas con el ordenador preparado para tomar apuntes.

Se sienta en la escalera lateral porque no queda ninguna silla vacía.

La profesora pide que cierren la puerta y enciende el proyector.

Dos minutos después se abre la puerta y aparecen Paulo y el que revolvía el curri.

La ven en el suelo y se sientan a su lado.

«Hey, long time no see», [69] dice Paulo en voz baja.

Ella sonríe y mira a la profesora, que ya ha empezado a hablar del temario del curso.

Lleva una blusa blanca que se vuelve translúcida con la luz del proyector y deja entrever el sujetador negro, que cubre unos pechos pequeños.

Ella piensa que le gustaría llevar sujetadores que no tuvieran que sujetar.

Cuando termina la clase, el ayudante proyecta una lista de nombres en la pantalla y pide a los que figuran en ella que confirmen si asistirán a la clase o no.

Paulo y el revolvedor miran la lista porque suponen que estarán, y con un vistazo rápido lo confirman.

Ella lee los nombres y no ve a ningún Paulo, solo a un Polo.

Mira por dónde. Lo observa curiosa, como si estuviera conociendo a otra persona.

Mientras recogen las cosas, el revolvedor le dice a Polo: «Yo, I’m gonna drop the class ».

[70] Todavía están en el shopping period .

[71] Ella oye el comentario y de repente siente que no quiere que Polo haga lo mismo; quiere que se quede.

«I think I’ll give it a chance» , [72] le contesta Polo, como si la hubiera oído o como si estuviera dando una oportunidad al feminismo.

Salen del edificio y el revolvedor se va calle arriba.

Polo le pregunta si quiere comer algo. Mientras piden las hamburguesas se ponen al día con mucha naturalidad, como si fuera lo más normal, aunque solo se conocen de la cena del curri.

Ella se ha cambiado de casa porque la habitación en la que estaba era solo para el primer trimestre.

Dos días antes de irse a Barcelona a pasar la Navidad, todavía no había encontrado nada y había tenido que ampliar dos calles la zona de Craiglist. Había encontrado un anuncio de una casa en la cuarenta y dos con Baltimore que tenía una habitación grande y luminosa.

Poppy la había acompañado a verla porque en el anuncio avisaban de que vivían siete chicos y porque en dos días volvía a Australia y querían exprimir el tiempo juntas.

Polo la mira divertido imaginándola como Blancanieves y contento de que viva en su misma calle.

Le cuenta que ha pasado las vacaciones en West Philly porque es de allí.

Han celebrado el Janucá con amigos del barrio y en Nochevieja llegaron sus tíos argentinos.

Ella registra que es judío y medio argentino.

Polo le pregunta qué clases ha elegido y ven que tienen otra en común, Escritura de Ficción 112, los lunes por la tarde.

Se han terminado las hamburguesas y ella quiere una galleta caliente gigante de postre.

Polo la acompaña a la furgoneta donde las venden y le pregunta si se le da bien cortar el pelo.

Ella le dice que no lo ha hecho nunca, pero que supone que no lo hará nada bien, porque de pequeña le costaba seguir la línea en clase de plástica.

Él le dice que seguro que exagera y que, si ahora no tiene nada que hacer, si se anima a cortarle el pelo, que lo lleva muy largo y le molesta en la cara.

Ella mira los rizos y le gusta la loca idea de ir a hacer de peluquera entre clase y clase.

La habitación de Polo está justo al lado de la cocina, que ya conoce.

La comparte con un compañero; son los únicos de la casa que no tienen habitación propia porque las echaron a suertes y tuvieron mala pata.

Por suerte, es grande y, aunque la comparta, mejor que dormir en el armario.

Polo le ofrece dos tijeras para que elija y ella coge las grandes para ir más rápido.

Está dándose cuenta de que quizá tienen percepciones culturales diferentes de lo que significa cortar el pelo.

Él ha colocado una silla delante del espejo y antes de sentarse se ha quitado la camiseta.

Qué tableta de chocolate, joder. No quiere mirarlo, pero no puede obviar lo que ve.

Iros a cagar. Se siente muy incómoda porque de repente está cortándole el pelo a un modelo de torso, y ella, con la hamburguesa y la galleta flotando por dentro.

Resulta que sí tiene pelos en los pectorales, pero son tan rubios que desde cierta distancia puede parecer, como se lo pareció a ella, que está depilado.

Polo, tan ancho, se mira en el espejo mientras ella va esquilándolo con las tijeras, poco a poco para no estropear los rizos, pero sin tener idea de cómo evitarlo.

Está nerviosa porque no le apetece que hoy pase nada.

Se relaja cuando ve que Polo simplemente está cómodo sin ropa y que no llevar camiseta no quiere decir que espere quitársela a ella.

Por si acaso, cuando abordan de refilón sus vidas amorosas, ella le dice que tiene muchos amigos chicos y que se casará con un catalán, mayor que ella y con barba.

Ahora mismo piensa en tres: uno que la dejó volar, otro que ha puesto la olla al fuego para nada y otro que se cuece a fuego tan lento que los dos han olvidado que había algo cocinándose.

Pero básicamente recalca que Polo no se ajusta a la descripción: un imberbe estadounidense con sangre argentina un año menor que ella.

Se asegura de que no intente nada. Le dice que ya ha terminado y se disculpa por el destrozo que le ha hecho.

Él dice qué va, muchas gracias, si ha quedado perfecto… , «I owe you one!» . [73]

Volviendo a casa escribe a Poppy, que debe de estar despertándose en Melbourne: «Turns out his name is Polo, not Paulo.

Just cut his hair and he was shirtless, great abs» .

[74] Poppy le contesta de inmediato: «Very strange boy, does he still seem homosexual or has that phase passed?

» . [75] Ella se ríe y le aclara: «No, he’s a rare gem.

Both his siblings are queer but he is into the ladies» .

[76] Dos minutos después: «I did not see that coming.

Sounds like it’s heating up; I’m glad he has a smokin’ hot bod! » . [77]