Capítulo 28. Ophelia
Sorrowsong se tomó en serio lo de «en abril, aguas mil», pero mayo está siendo aún peor.
El mes está llegando a su fin y no ha habido ni un solo día en el que no haya llovido. La laguna está a punto de desbordarse, el río está revuelto y embravecido.
Ha pasado un mes desde que mis amigas me recogieron en el aeropuerto. Un mes de relación a distancia con Alex. Un mes con Cain entre rejas. Un mes en el que mis notas y mi rendimiento en natación han sido mi principal preocupación.
El primer mes dejando flores en la tumba de Laura.
Salgo del examen con buenas sensaciones; un deseo renovado de tener una carrera, una vida, un futuro.
Se me hunden las botas en el barro del sendero que conduce a la mansión, todo reblandecido por la lluvia. Unas nubes densas rodean el castillo, la torre más alta se pierde entre la niebla. Definitivamente, el verano no está en el aire.
Sin embargo, por una vez, entiendo por qué a Colette le encanta este sitio. El castillo, los pasillos oscuros, la tenue luz en la biblioteca, el constante retumbar de los truenos que, según ella, la ayuda a dormir. Cree que Sorrowsong parece sacado directamente de un cuento de hadas.
No diré que estoy de acuerdo con dicha afirmación, pero me alegro por ella.
Casi me resbalo tres veces en la orilla embarrada, pero merece la pena.
La laguna nunca está concurrida. Casi me parece un lugar más privado que mi propia habitación.
Los recuerdos que me atormentaban aquí —una mano hundiéndome la cabeza, los pulmones llenos de agua— se están desvaneciendo, reemplazados por tranquilos baños por la tarde, flotando boca arriba y viendo a los pájaros revolotear entre los árboles.
En la orilla me quito la falda, las medias y el jersey y me quedo solo con el bañador. Guardo el móvil en la bota, pero no antes de abrir una notificación de uno de los estúpidos portales de noticias financieras a los que me suscribí.
Green Aviation se ha recuperado tras la caída que sufrió la semana pasada tras el arresto del director de operaciones Mike Wilson y la sorprendente decisión de su CEO, Alex Corbeau-Green, de dimitir tras solo cinco meses al mando, algo que afirma que siempre formó parte del plan.
Los accionistas confían en la estrategia a cinco años del nuevo CEO, Luis Bennet, para reestructurar y reconstruir la empresa.
Corbeau-Green mantiene el control de Synx, la empresa de ciberseguridad que adquirió en enero, y continúa formando parte del consejo de Green Aviation.
Se lo mando a Alex. Su decisión de quedarse con Synx fue toda una sorpresa, pero creo que en realidad disfruta dirigiendo una empresa. Solo que no esa empresa.
Ophelia Parece que se las apañan perfectamente sin ti.
Alex ¿Quién diría que nombrar a un CEO que no tiene veintitrés años y al cual le corre pasión por las venas sería buena idea?
Sonrío a la pantalla mientras escribo, envuelta en la tranquilidad que me rodea.
Ophelia Voy a nadar.
Alex Ten cuidado, cariño.
Dejo que el agua helada me quite el aliento, que me escueza en los dedos de los pies, que me ponga la piel blanca.
Las piscinas no tienen ni punto de comparación con esto.
Nado hasta que me arden los brazos. Luego floto boca arriba y miro el cielo estrepitoso. El viento roza la superficie del agua y me enfría la cara.
—Hola, mamá. Hola, papá —susurro por primera vez en mucho tiempo—. Yo... eh... lo hice.
Probablemente ni siquiera saben a qué me refiero. Ni siquiera yo lo sé. Mi lista de logros es más larga de lo que jamás imaginé.
Acabé con Cain. Cuando escribes su nombre en Google, ninguno de los resultados que te devuelve es bueno.
Maté a Bancroft. Borré su miserable existencia de la tierra.
Fui a la universidad, como siempre quisieron.
Me enamoré.
Mis lágrimas se pierden en la masa oscura de agua mientras se lo cuento todo, deseando con todas mis fuerzas estar haciéndolo en nuestra mesa de la cocina con sus rostros sonrientes frente a mí.
—He hecho una amiga de setenta y seis años llamada Mabel. Jugamos al Scrabble online una vez a la semana. Cenamos juntas en York la semana pasada.
Creo que hablo con ellos durante más tiempo que nunca. Tanto que siento como el poco resentimiento que sentía hacia ellos, mi frustración por subirse a aquel helicóptero solo para ahorrarse un poco de tiempo en el viaje de vuelta a casa, se hunde hasta el fondo de la laguna.
No tengo energía para odiar a mi madre por lo que hizo. No tengo energía para odiarme por haberles dicho que se dieran prisa en volver a casa ese día.
También he aceptado que Cain Green es el responsable de la muerte de Laura.
Cuando mis piernas me llevan de vuelta a la orilla, siento que el frío se me ha metido en los huesos.
Me está sonando el móvil cuando llego a él.
—Hola.
La voz de Alex es como miel caliente contra el frío.
—Hola. Tengo noticias.
Contengo la respiración, no pregunto, no soy capaz de preguntar.
—Han aceptado la oferta que hice por una casa. El proceso va a ser bastante rápido.
«Londres». No me atrevo a tener esperanzas, pero mi corazón traicionero se acelera de todas formas, revoloteando como un pájaro que alza el vuelo en mi pecho.
—¿La casa que viste a las afueras?
Puedo oír su sonrisa, la ligereza en ella.
—No.
—No me digas que te vas a Londres —le susurro tan bajo que me sorprende que me oiga—. No me hagas ilusiones.
—Escocia.
—Yo...
«¿Qué?».
—¿Sigues ahí, Twist?
—Yo... tú... todos vosotros... ¿os mudáis?
—Solo durante dos años.
Por mi mente pasa un montaje de navidades en familia y cenas bulliciosas. Fines de semana visitándole, un grupo de gente viniendo a mis competiciones de natación.
Es como si la soledad que se me había incrustado en la médula hace casi cinco años estuviera empezando a filtrarse en la tierra bajo mis pies.
—Alex, yo... —Se me entrecorta la respiración en un intento fallido de no llorar—. No te creo.
—No es algo repentino, cariño. Lleva tiempo en marcha, pero no quería hacerte ilusiones.
—Pero tu madre, ella...
—Hay un gran equipo en Edimburgo que cuidará de ella. Y los padres de Jack se pasan por Sorrowsong cada dos meses. Aprovecharán la visita para ir a ver a mi madre.
No sé si estoy riendo o llorando.
—Y las niñas... Fleur. Seguro que a Fleur no le hace nada de gracia.
—El Novio Tontopollas se muda a Londres en busca de mejores oportunidades como modelo, así que Fleur está encantada. Ingrid y Russell también vienen. Mi madre ha sido su mejor amiga durante veinte años. Creo que todos estamos listos para dejar atrás nuestros recuerdos.
Echo la cabeza hacia atrás bajo la ligera llovizna y me río de lo absurdo de la situación.
Oigo una breve inhalación, su tono es vacilante.
—Puedo acabar los dos últimos años de la carrera de arquitectura que empecé.
—¿En Edimburgo? ¿Has hablado con ellos?
Su voz está cargada de emoción.
—Bueno... sí, pero...
Se queda en silencio, pero yo me apresuro a llenarlo.
—¡Alex! ¡No me lo habías dicho!
—No me veía capaz de hacerlo. Cuando nos graduemos, nos mudaremos, Ophelia. Donde sea mejor para las niñas. Tal vez sea Londres, tal vez París, pero también podría ser volver a Estados Unidos.
—Me parece bien —susurro, y sujeto el teléfono con tanta fuerza que podría romperlo—. Estaré contigo, a tu lado.
—Bueno, tengo que irme. Tengo un montón de papeleo.
—No me puedo creer que esto sea real.
—Yo tampoco. Te quiero. Nos vemos pronto.
—Te quiero —chillo mientras doy saltitos en el barro como una tonta.
Me visto despacio, con los dedos temblándome demasiado como para atarme las botas.
Un rayo de sol se cuela entre las nubes, derramando una mancha azul brillante sobre el cielo blanco e inundando los rincones más oscuros del camino con luz.
Subo la colina con un poco menos de fuerza de lo habitual y, por un momento, me planteo darme la vuelta y correr de nuevo hacia el agua para contarle la noticia a mi padre, para decirle que estoy empezando a olvidar cómo se siente la soledad, para decirle que deje de preocuparse por mí.
Aunque a veces creo que, en esos trece segundos en los que caía en espiral hacia el suelo, probablemente supo que yo estaría bien. Su fe en mí nunca flaqueó antes de ese día, dudo que hubiera cambiado después.
Aun sí, cuando floto en esa laguna, siento como si le hablara a un vaso de papel atado a una cuerda, y daría cualquier cosa por que él sostuviera el otro extremo una vez más.
Cuando llego a los jardines de la mansión Nightshade, Belladonna está allí, entre dos estatuas de gárgolas agrietadas que se alzan al final del camino. Frunce el ceño al verme, observándome como si me hubiera salido una segunda cabeza.
—¿Por qué estás tan contenta?
—Pues... simplemente estoy de buen humor.
Se inclina un poco hacia delante para clavar su mirada cerúlea en mis ojos.
—¿Te has metido algo?
Se me escapa la risa, lo que solo empeora las cosas.
—No, claro que no. ¿No puedo estar de buen humor?
—Me das mal rollo, Winters —murmura antes de apartarse de nuevo. Un leve destello de diversión le brilla en la mirada mientras se da la vuelta para irse. Me pregunto si realmente sabrá por qué estoy de tan buen humor.
Me vibra el móvil en la mano y me encuentro con una retahíla interminable de mensajes emocionados de las hermanas de Alex.
Una pequeña punzada de culpabilidad me invade, como si una familia entera estuviera siendo arrancada y trasladada por mí y por mi miedo a volar. Pero como si viviera dentro de mi mente caótica, Elise me envía un mensaje.
Elise Será bueno para todos. No solo para ti y para Alex. Si vieras cómo las niñas están llenando las maletas de ropa, me creerías. Serán como unas vacaciones de dos años.
Ophelia Siento que no habría pasado si Alex no me hubiera conocido.
Elise Muchas cosas buenas no habrían pasado si Alex no te hubiera conocido. Te quiero. Nos vemos pronto.
Guardo el teléfono en mi bolsa de natación y alzo la vista para contemplar la grandeza isabelina de la mansión Nightshade. Salvo por los agujeros de bala en una de las puertas, es bastante... bonita.
Parece que ha pasado toda una vida desde la primera vez que estuve aquí, mirando a Vincenzo y a Alex con un corazón lleno de odio y una vida desprovista de cualquier calidez.
Estaba equivocada. Equivocada con ellos, con muchas otras cosas.
Sorrowsong no es mi perdición. Es mi oportunidad para un nuevo comienzo.