Capítulo 7. Ophelia #5
Lanzo una mirada nerviosa en dirección a la puerta. Mi voz es apenas audible, como si hubiera una tercera persona invisible en la habitación que pudiera escucharnos y estuviera esperando su oportunidad para arrebatármelo.
—La tenemos. Pero... necesito tiempo, Alex. Todavía tengo cosas... que arreglar.
El verde intenso de sus iris parece aclararse de alivio ante mi respuesta, se le dibuja una pequeña sonrisa en los labios.
—Voy a sacar dobles.
¿Sus labios siempre fueron así de tentadores? ¿Cómo fuimos capaces de estudiar el trimestre pasado?
Toma mi rostro entre sus manos y deposita un beso ardiente en mis labios. Lo que pasó fuera del Salón de Achlys fue lujuria pura y dura, pero esto... esto es algo totalmente distinto. Un tipo de amor suave y tierno que está uniendo todas mis piezas rotas.
—Te acompaño hasta la salida —suelto de repente, preocupada por su seguridad.
Pero ¿y si mi presencia solo lo convierte en un blanco aún mayor?
Hace mucho tiempo que no tengo a alguien por quien preocuparme. Todo esto se me escapa de las manos.
—Creo que sobreviviré. —Su risa despreocupada solo me inquieta. Me acaricia el labio inferior con la yema del pulgar—. No te metas en líos, Twist.
Y entonces empieza a caminar hacia atrás, alejándose de mí. Alejándose del peligro, espero. Me siento aliviada y decepcionada a partes iguales mientras lo observo abrir la puerta, apoyarse en el marco y «madre mía, ¿por qué tiene que hacer eso?».
Me sonrojo como si acabara de hacer algo impensable, mirando en cualquier dirección menos hacia el centímetro de piel expuesta donde se le ha salido la camisa por debajo de la chaqueta.
Está conteniendo una sonrisa cuando por fin logro mirar a mis pensamientos a los ojos, como si estos estuvieran proyectados en la pared que se encuentra a mi espalda para que él los lea.
—Seis letras, empieza por efe ...
Me atraganto y aprieto los muslos bajo la falda del vestido.
—Yo... nosotros... no, no estaba...
—Que malpensada eres, Winters. Iba a sugerir que fueras a por unos fideos.
Y entonces, se va, llevándose consigo esta ridícula tensión sexual. Veo mi reflejo en el espejo. Si «cachonda y ansiosa» fuera una expresión facial, la he clavado.
«Compórtate, Winters. Por Dios».
Con el móvil pegado a la oreja y la frente apoyada contra la ventana, observo la enorme silueta de Alex avanzar por el sendero y alejarse de la mansión.
La voz al otro lado de la línea suena demasiado alegre.
—Pizzería Joe.
—Yo... ¿perdón?
—Soy Mack. Eres la primera persona que pica. Estás de suerte, estoy con Brendan. ¿Qué podemos hacer por ti?
—¿Podéis encargaros de que alguien revise, vuelva a revisar, y revise otra vez el avión de Alex?
Oigo el sonido de unas teclas.
—Eso ya lo hacen.
—Pues que lo revisen una cuarta.
—Entendido. —Escucho voces amortiguadas—. Oh, vaya.
—¿Qué?
—La foto del avión.
—¿Cómo has...?
—Aunque Brendan no fuera capaz de hackear casi cualquier sistema del mundo, creo que habría adivinado que «Gandalf1» era tu contraseña en los tres primeros intentos. ¿Se lo has contado a Alex?
—No.
—Si fuerais a terapia de pareja, os dirían que la primera norma siempre es la comuni...
—Alex no puede correr peligro, Mack. No puedo permitir que le pase nada.
—En eso estamos de acuerdo.
—No entiendo por qué no podéis rastrear...
—Los mensajes de una persona concreta, sí, lo sabemos —interviene Brendan—. Lo has dicho doce veces. Ophelia, si quisieras enviar mensajes anónimos, ¿lo harías desde tu propio móvil?
—No —gruño.
—No. Exacto. Te comprarías uno de prepago. El problema no es que no podamos hackearlos, sino que es un móvil barato sin nada dentro. Sin correo electrónico, sin datos bancarios, sin direcciones, nada. Lo único que puedo decirte es que los mensajes vienen de Sorrowsong y que...
—Que creéis que Cain no se rebajaría tanto como para acosarme, sí, lo sé. Me lo habéis dicho doce veces.
Brendan me interrumpe con una risa triunfal.
—La foto del aeropuerto está sacada de internet. De una página de aficionados que fotografían aviones.
Un sentimiento de alivio me invade, pero la inquietud no desaparece. «¿A qué está jugando?».
—Que haya usado una foto vieja no significa que no esté en peligro.
Mack suena como si quisiera bloquear mi número.
—Nos pagan por mantener a Alex y a su familia a salvo, y eso es justo lo que estamos haciendo. En cuanto tengas alguna prueba de que no lo hacemos bien, estaremos encantados de aceptar esa actitud tan desagradable...
Alex desaparece de mi vista, perdido en la oscuridad ominosa más allá de los jardines de la mansión.
—Me gustaba más lo de Pizzería Joe.
Oigo la risa de Brendan.
—¿Has estado en Nueva York alguna vez?
—Nunca me he subido a un avión.
—La pizza está de muerte.
—Tendré que creerte. Buenas noches.
Cuelgan, pero yo no me muevo. Permanezco de pie junto a la ventana con la respiración contenida y el móvil en la mano hasta que por fin me llega un mensaje.
Alex Corbeau-Green He conseguido llegar al coche de una sola pieza.
Alex Corbeau-Green Estabas preciosa esta noche.