David y Claudia DAVID
63%

DAVID

Hace meses que no duermo bien. Han vuelto las parálisis del sueño.

La conciencia se despierta, pero yo permanezco inmóvil.

Con los ojos cerrados y las extremidades bloqueadas.

En ocasiones siento unos pasos que avanzan desafiantes hacia mí, hacia mi habitación, otras un hombre de negro se sienta a los pies de la cama y me señala, se ríe, me juzga.

La mayoría de las veces solo estoy ahí. Quieto.

Durante mucho tiempo. Imposible calcular cuánto.

Dice mi madre que es de familia. Y que la mejor manera de sobrellevarlo es calmarse, tratar de concentrar todas tus fuerzas en el mismo dedo.

Yo pienso en el dedo meñique de la mano izquierda.

El dedo inútil. Que solo sirve para pulsar el shift y la A.

El meñique izquierdo, depositario de todas las promesas que nos hicimos el Chuti y yo.

Ya es de día y Claudia todavía duerme. El sol entra por la ventana y los rayos aterrizan en su espalda.

Una parte inconsciente de mí quiere levantarse en silencio, si me muevo mucho podría despertarla y escapar.

Pero no sé si quiero hacerlo. Por otro lado, pienso en todas las razones que tengo para quedarme y mareo metáforas casi poéticas, diría que un poco cursis.

La miro sin tocarla. Y la luz se mezcla con el color de esta habitación que no sé ni de quién es.

Una calma nueva en medio de la nada.

Ella respira constante, suave. Tumbada boca abajo con una pierna estirada y la otra doblada.

La humedad atraviesa el colchón, que está en el suelo.

La bombilla que cuelga de un cable se balancea.

Creo que la ventana no cierra bien. Y en el techo, cuatro marcas rectangulares delatan que en algún momento hubo un poster ahí arriba.

¿Qué clase de persona pega algo en el techo?

¿Qué tipo de imagen querrías tener en el techo?

Tengo los pies ateridos. Y creo que no es de frío.

Un bienestar que no conocía me calma el latido y pone en jaque mis creencias.

Repaso la noche de ayer. Suede, la Reixa, el Ruta.

Y la veo sonriendo, bailando los estribillos de canciones que todavía no se sabe.

Cantando los que sí. Pidiendo a los Smiths.

Recuerdo volver a este piso y besarnos al lado de la comisaría y bromear con que van a detenernos por escándalo público.

Decidir sin hablar que debería quedarme a dormir.

O a no dormir. Subir cuarenta escalones casi corriendo.

Quitarnos la ropa a paso lento. Cerrar la puerta tarde porque antes no caímos en la cuenta.

Debería irme, como siempre, pero algo me impide moverme.

Claudia, que respira con ritmo plácido, estira un pie y lo roza con el mío.

Solo para comprobar que estoy aquí. Me acurruco debajo del edredón azul celeste y la abrazo.

Trato de no dormirme por si el tipo de negro viene de visita. Ella lo nota en mi respiración.

—Tranquilo, duérmete. Y si te paralizas, respira fuerte. Yo te ayudo a despertar .