David y Claudia CLAUDIA
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CLAUDIA

Ya por la tarde, cuando Marta trae la cuarta ronda, me doy cuenta de que llevo todo el día rebobinando en mi cabeza lo de esta mañana, como si tuviese miedo de que fuese a dejar de existir si dejo de recordarlo.

Esta es la decimonosécuántavez que cojo el teléfono para escribirle a David, pero también es la decimonosécuántavez que no se me ocurre qué decirle.

Ni siquiera tengo claro si debería decirle algo.

Empieza a molestarme el murmullo continuo del bar, el parloteo de la gente me distrae de mis pensamientos, y digo «la gente» porque a Marta y a su novia de hoy hace una hora que dejé de escucharlas.

Pero no se dan cuenta porque mi superpoder es asentir como si me estuviera enterando.

A la quinta cerveza me decido a escribirle, aunque ya son las dos de la mañana y tengo comprobado que nunca pasa nada bueno después de las dos de la mañana.

hey, dnd estas? hoy pinchas?

Cinco minutos, diez minutos, media hora.

No hay respuesta. Es probable que si está pinchando no vea el móvil, o que no se entere porque lo dejó en la chaqueta, también puede ser que esté en algún antro de esos que le gustan y no tenga cobertura, aunque lo más probable es que se haya olvidado el móvil en casa, le pasa a menudo.

Me pone nerviosa que su cabeza no funcione tan bien para algunas cosas como para otras.

Sí, debe de ser eso, que lo llamé varias veces y no responde, y David siempre contesta por temor a que haya sucedido algo grave en su casa y lo estén intentando avisar, a veces fantasea con que a su padre le da un yuyu y el mundo se vuelve mejor, pero yo en el fondo sé que David no quiere vivir sin su padre aunque lo odie.

Marta y su novia de hoy se van a casa y menos mal, porque llevan metiéndose mano un buen rato, no sé si piensan que no me doy cuenta o solo es que les da igual, y pienso que quizá la vida debería ser así, honesta, sin complejos, pero claro, lo mismo es que Marta va por delante de un mundo rancio que todavía no está preparado para ella.

Yo también me piro. El Tupper me queda de camino y decido asomarme por si David está allí, porque sigue sin dar señales de vida y ya me empiezo a rayar, a ver si se le ha ido la mano otra vez.

Antes de doblar la esquina de Palma vuelvo a llamarlo, por si ha salido o por si se alinean los planetas y decide mirar el puto teléfono.

Mientras escucho los tonos de espera lo veo allí, en la puerta del Tupper.

Rodeado de gente.

Abrazando a una chica por los hombros.

Un tono, dos tonos, y observo cómo saca el móvil del bolsillo, tres tonos, lo mira, cuatro tonos, me ignora y vuelve a meterlo en el bolsillo, cinco tonos, siento que se acabó para mí .