David y Claudia CLAUDIA
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CLAUDIA

Hace algunos días que no veo a Marta por casa, y tampoco es que ella pase mucho tiempo en el piso, que su vida social es más difícil de controlar que la de la familia real y dice que las paredes son un tipo de cárcel bien visto por la sociedad.

Sé que podría encontrarla en el Dosde o en el Palentino o en el Freeway o en alguno de los sitios a los que vamos de noche, pero también sé que me evita porque me quiere y porque no está nada de acuerdo con mi decisión de haber dejado a Hugo, si es que a eso se le puede llamar «dejar» teniendo en cuenta que nuestra relación solo fue seria en su cabeza.

A él le dije algunas frases de serie de televisión, «noerestúsoyyo», «necesitotiempoparamímisma», «novineaquíparaesto» y otros eufemismos que protegiesen la amistad, una amistad condenada a romperse a causa de su orgullo.

A Marta le dije la verdad: que aquello no iba a ninguna parte y que todo era un aburrimiento, que nunca tuvimos nada en común y que creía que él se estaba enamorando y que yo no me veía dentro de cuatro años en Madrid con él.

Bueno, y también que en la cama la cosa era bastante insípida.

Marta me dijo su verdad: «David te va a doler».

Yo de dolor sé bastante, en el colegio se metieron conmigo durante los últimos cuatro años de la EGB, me atacaban por distintos flancos: porque me hice mujer antes que el resto, me refiero al físico, claro, me crecieron las tetas y el culo, porque a los trece años besé a un chico en la excursión, porque tenía los pies largos y los dientes torcidos, porque mi padre se tiró un pedo en una reunión del A.P.A.

y me convertí en la hija del Cuescos. Y el dolor de la infancia nunca llega a curarse del todo, como cuando la herida cierra pero la cicatriz te sigue picando los días impares, o como cuando te das un golpe en el codo y un hormigueo te atraviesa el brazo y tarda un montón en irse.

Pues eso, que yo de dolor sé bastante. Me duelen las canciones de Radiohead, me duele madrugar y tener que hacerme el desayuno, me duelen los tobillos si me acuesto muy tarde y también me duele sentir que casi todos los días hago lo mismo, me duele la regla y el sexo con la regla y que la ropa no me quede como a las demás, y me duele no tener voz a veces.

Me duelen las tetas cuando corro porque llego tarde y no es que me duela, es que me tortura, me persigue desde ni se sabe, el susurro sin fin del pasillo del instituto.

Pero lo que más me duele es que los demás opinen con tanta seguridad y que me den consejos que no he pedido, que digo yo que mi vida es mía y que también querré equivocarme y llorar, o no, que ya aprendí a vivir con dolor, poniendo buena cara, respondiendo con afirmaciones, apretando mucho las uñas contra todos los montes que hay en la palma de la mano. De Mercurio a Júpiter.

Hace varios días que no veo a Marta por casa y si lo pienso bien tampoco es que yo haya parado mucho, entre la facultad, estudiar, salir y ver a David se me van los días, pero sé que Marta está bien porque aunque no esté de acuerdo conmigo me deja post-its en la nevera, No te comas mis yogures, zorra , y porque en el tendedero que tenemos en medio de la sala cuelgan varias de sus bragas, todas negras, todas retorcidas entre camisetas de colores de La Casa Azul y Los Cazafantasmas .

Le he dejado otro post-it sobre su post-it, Me debes una cerveza, no tardes mucho en pagar tu deuda , porque cuando quieres recuperar a una persona lo mejor es ponérselo fácil, y no se me ocurre nada más sencillo que una cerveza para recuperar a Marta, bueno, eso o prestarle mi MP3 para ir a trabajar, que la pobre todavía anda con un discman Sony con megabass y las canciones le saltan al caminar.

Marta trabaja en un Carrefour por las mañanas, de reponedora.

Por las tardes se dedica a pasarlo bien y jura que la semana que viene se matriculará en la escuela de arte dramático, pero la semana que viene siempre es la próxima semana, o la próxima, o la próxima.

Marta es feliz así, con su sueldo, sus bares y sus novias de una noche, porque a Marta nunca le faltan las novias de una noche.

Ayer cargué el MP3 con varios discos que descargué del Audio Galaxy, una web que me dijo David donde la gente sube un montón de canciones gratis, vamos, que es algo parecido al Ares pero no descargas Robocop y te sale un robot con una pirola enorme, Rabocop.

Aquí si te descargas el disco del plátano de la Velvet es el disco del plátano, sin más giros dramáticos.

Pero me vino bien el MP3 este. Me lo compró mi padre por Navidad, sabe Dios cómo se enteró de que lo quería.

Sé que fue cosa suya porque normalmente le dice a mi madre que me compre algo, que ella me conoce, pero esta vez no me dejó el paquetito en el árbol, me lo dio él mismo y me dijo que no había pedido ayuda y que sabía que me iba a gustar.

Mi padre tiene esas cosas, que a veces se hace querer.

Por culpa del MP3 llevo toda la semana intentando descifrar algunas frases de Maga, que es el grupo que saldría si juntásemos en una habitación a Radiohead, Germán Coppini y Cortázar y entre todos escribiesen cosas como «amarillo patinar», que vete tú a saber si tiene algún significado.

Siempre he pensado en el valor interpretativo de las canciones, porque no todo el mundo escribe de amor y rock and roll y marcas de coches: todo lo que ha sentido, siente o sentirá la humanidad está oculto detrás de la letra de alguna canción.

Cuando estoy muy triste, cosa que pasa al menos una vez al mes, veo Notting Hill y escucho en bucle «El equilibrio es imposible», que es como un placer culpable en el que me restriego a escondidas, y la canto muy muy alto con los cascos puestos y el pijama metido por dentro de los calcetines, y gasto decenas de clínex.

Porque los clínex son clínex, no pañuelos de papel.

Me encantaría ver qué hacen las personas tristes cuando bajan las persianas.

Y reconozco que comprendo a Marta, comprendo que se preocupe por mi dudosa salud sentimental, pero ella no es capaz de entender que esta vez es diferente, que sí, que suena a tópico, pero los tópicos lo son por algo, y es imposible que todos los mensajes, todas las escapadas, los latidos, los hipos y los amaneceres vayan a terminar en un parte de guerra.

David no duele. David me alimenta .