Capítulo treinta y tres
Thena
La sangre me rugía en los oídos. Estaba atrapada sin salida. Si el tío Mierda decía la verdad, llevaba una bomba atada al cuerpo. ¡Una puta bomba! El corazón me iba a estallar en el pecho.
Mina estaba observando, escuchando. Avisaría a Dash y le transmitiría la información.
¿Verdad?
Una mirada a Drew acabó con mis escasas esperanzas. ¿La caja enganchada a su cinturón, la de la luz verde parpadeante? Ahora reconocía lo que era. Un inhibidor de señal. Esta habitación estaba aislada. Quizás ahora todas las comunicaciones estaban bloqueadas dentro de la casa.
De pronto caí en la cuenta de por qué Drew había cerrado todas las cortinas: para anular la vigilancia de Cooper. El francotirador no podía protegerme si no veía a sus objetivos.
Maldito Drew. Había traicionado a Dash, a sus compañeros de equipo y a mí.
Entrecerré los ojos mirándolo.
—¿Por cuánto vendiste tu alma?
—Cierra la boca —gruñó mientras terminaba de atarme la mano izquierda al brazo de la silla. Dio un paso atrás y levantó la carabina—. Te vuelo la cara si no lo haces. Ya no serás tan guapa. ¿Verdad?
—Tranquilo, Shaw —el tío Carapolla pasó por detrás de mí y, con un gruñido, volvió a su asiento—. Tus problemas de control de la ira no pintan nada aquí —cogió una servilleta y se limpió la sangre del corte en la cara—. Tenemos asuntos que atender. ¿Recuerdas?
—Sí —dijo Shaw—. Pero esta zorra ya te ha tumbado una vez.
—No volverá a pasar —mi podrido tío me clavó la mirada y también el cañón de su pistola—. ¿Verdad, querida?
Levanté la barbilla y no hice ninguna promesa.
—Vuelve a tu posición —ordenó el señor Malvado.
Drew pasó por detrás de mi silla y cruzó la habitación hasta situarse junto a las puertas principales, fulminándome con la mirada. Estaba alterado y ansioso. Eso lo hacía aún más peligroso.
Si te atrapan, observa, escucha y aprende. Las voces de Dash y Nix resonaron en mi cabeza. Busca puntos débiles. Visualiza un plan. Aplica los principios SERE: sobrevivir, evadir, resistir, escapar. No pierdas la esperanza. Nunca pierdas la esperanza.
—Esta es la última oportunidad que tenéis los dos de salir vivos de esta casa —cuadré los hombros y puse voz firme—. No sobreviviréis al Equipo Rastreador.
—¿Equipo Rastreador? —se burló Drew—. Dagger ha reunido a un puñado de tarados. Él y sus perdedores no van a «lanzarse» aquí a salvarte. También van a morir.
Se me encogió el estómago, pero mantuve la nariz en alto. De ninguna manera iba a dejar que estos imbéciles supieran el miedo que me sacudía por dentro.
—Se suponía que eras uno de los buenos —intenté apelar a su lado bueno—. Conociste a mi hermano. Luchaste junto a él. No es demasiado tarde. Sea lo que sea esto, puedes rectificar.
—Sí es demasiado tarde, princesa —se burló Drew—. Hace años que es jodidamente tarde.
La furia en sus ojos me dijo que había tomado su decisión.
Me volví hacia el matón que antes era mi tío Arthur.
—Eres un Astor. Eres de la familia. ¿Cómo puedes hacer esto?
—Los Astor llevan generaciones matándose entre sí —dijo con una sonrisa burlona—.
Mi tatarabuelo asesinó a su padre. Sus hijos se mataron entre ellos hasta que solo quedaron tres.
Mi bisabuelo mató a todas sus hijas. Decía que eran bocas inútiles que le devoraban las cosechas.
Mi abuelo mató a dos de sus hermanos. Mi padre mató a su único hermano.
Un escalofrío me erizó la piel.
—Apuesto a que tu padre no te contó que la historia de nuestra familia estaba escrita con sangre —levantó la pistola y se rascó la cabeza con ella—.
No. Richard estaba demasiado ocupado blanqueando su pasado.
Bueno, deberías saberlo. Nos criamos a base de puñetazos.
Nuestra familia está maldita. Venimos de la violencia.
Es nuestra herencia. De la violencia nacimos.
A la violencia caeremos. Ese era el verdadero lema de la familia Astor antes de que tu padre fuera y se comprara uno nuevo junto con un título nobiliario, un escudo y toda esa mierda inútil.
Seguía conmocionada, pero las revelaciones de mi pésimo tío me dieron una nueva perspectiva de mi padre.
¿Había sido la violencia el hilo conductor de su infancia, la forma en que había crecido?
¿Había sido un niño maltratado? ¿Eran esa historia sangrienta y los miedos que la acompañaban la razón por la que se había esforzado tanto en construirse un imperio?
¿Había cambiado la violencia física por la codicia financiera en un intento de vencer la maldición?
—No te definen los actos de tus antepasados —le recordé—. Puedes ser mejor que ellos. Eres predicador, no asesino.
—La gente rara vez es lo que parece —no había rastro de mi viejo y bondadoso tío en el rostro de la bestia que tenía delante—. Soy un asesino y te mataré si no haces lo que te digo.
—¿Qué quieres que haga? —pregunté, haciendo acopio de toda la valentía que pude.
—Te lo diré a su debido tiempo —su sonrisa plácida confirmó mis peores temores—. De momento, solo eres el cebo.
***
Dash
—Mierda. —Se me cayó el alma a los pies—. ¿El puto Arthur?
—El puto Arthur —confirmó Trev.
—Vuelve a la base, ya. —Corté la llamada y me dirigí hacia las puertas—. Guzman, King, quedaos con Rivera. Sacadle información. Asegurad la puerta cuando salga y ojo con los hostiles. Bozeman. Conmigo.
—¿Jefe? —La voz de Mina sonó entrecortada en mi oído—. He perdido...
Se cortaron las comunicaciones.
Miré a Bozeman y me toqué la oreja.
—¿Tienes algo?
—Nada.
—¿Alguien?
King y Guzman negaron con la cabeza.
Joder, joder, joder. Tenía a más de un cabrón metido en esto.
—Preparaos, marines —dije—. La cosa se está poniendo fea.
—Entendido. —Guzman se acercó a la puerta y la cerró tras de mí.
Crucé el pasillo en silencio con Bozeman pisándome los talones.
Quédate atrás y cúbreme la espalda, le indiqué por señas.
Controlé el pulso, giré el pomo, eché un vistazo y barrí el espacio con la Glock. Thena estaba sentada muy erguida en su silla a la cabecera de la mesa. Vale. Bien. Respiré hondo. Estaba viva e ilesa. Ya era algo.
Lo que no estaba bien era que tenía las muñecas esposadas a los brazos de la silla y Arthur estaba de pie junto a ella, tapándole la boca con una mano. En la otra, sostenía una Colt apoyada contra su cabeza.
El miedo y la rabia me recorrieron. Me quedé helado y luego ardiendo.
Que le jodan a él y a sus podridas entrañas.
Thena intentó murmurar algo a través de los dedos de Arthur.
—¡Silencio! —Arthur le clavó el arma en la mejilla y le presionó la mano aún más fuerte sobre la boca. El pulso de Thena latía con fuerza en la base del cuello. El terror brillaba en su mirada y una advertencia destellaba en sus ojos.
Mi pulso igualó la velocidad del suyo, pero obligué a mi corazón a calmarse. Mantén la calma, marine. O ella muere.
—¿Shaw? —Lo vi con el rabillo del ojo—. Informe de situación.
—El cabrón dijo que la mataría si me movía.
Lo miré. De pie detrás de mí junto a la puerta, Shaw sostenía su carabina con la espalda contra la pared.
—Dile a tus matones que se retiren —ordenó Arthur—. O la mataré.
No me gustaba seguir sus órdenes, pero el arma que sostenía contra la cabeza de Thena me obligaba a obedecer. Sin apartar la puntería de Arthur, hablé con Bozeman, que estaba justo al otro lado del umbral.
—Retrocede —ordené—. Quédate fuera de esta habitación. Mientras la vida de Thena esté en juego, no entres en esta habitación y no intervengas.
Bozeman protestó con el ceño fruncido.
—Pero...
—Tienes tus órdenes —dije—. Shaw, cierra la puerta.
—Ciérrala con llave también —añadió Arthur—. Mejor para todos.
Perdí de vista el rostro ceñudo de Bozeman cuando Shaw cerró la puerta del comedor.
Mientras echaba el cerrojo, cambié de posición para conseguir un mejor ángulo sobre la cabeza de Arthur.
También noté que las cortinas estaban cerradas.
Bueno, mierda. Cooper tenía imagen térmica, pero sin línea de fuego directa, no iba a tener la confirmación que necesitaba para disparar.
Sin apoyo de francotirador y sin comunicaciones. Si las comunicaciones estaban caídas, las cámaras también estarían fuera de servicio. Mi equipo no tenía forma de saber qué pasaba dentro del comedor y yo no podía comunicarme con ellos.
Jodidamente genial.
Por otro lado, el sistema de defensa automatizado mantendría a raya a más atacantes. Tal como estaba, había demasiadas variables en esta habitación, lo que multiplicaba la amenaza a la vida de Thena. Nada de más variables hasta que ella estuviera a salvo.
—Arthur, baja el arma y aléjate de Thena. —Mantuve al cabrón en el punto de mira—. No tienes salida. Encontramos tu alijo de efectivo. Se acabó el juego.
La sonrisa engreída plantada en su rostro no vaciló, y tampoco su arma.
—¿Ah, sí?
Un círculo frío me presionó la nuca, dejándome paralizado. Por el rabillo del ojo, divisé a Shaw y su Beretta.
—Ah, ah, ah —chasqueó—. Muévete y tu cerebro explota.
—¿Shaw? —¿Lo había oído mal?—. ¿Qué coño, tío?
—Tú y yo no somos colegas, tío.
—Hablemos de esto. ¿De acuerdo? —Con aire muy satisfecho, Arthur apartó la mano de la boca de Thena, dejando la marca de su zarpa en la delicada piel.
Eso solo avivó mi furia. A pesar de la Beretta de Shaw, apreté las manos alrededor del arma.
—Intenté decírtelo —jadeó Thena, con los ojos líquidos.
—Está bien —dije, intentando calmarla.
—No está bien. —Una lágrima se le escapó y le rodó por la mejilla.
—Cállate. —Arthur le golpeó en la cabeza.
Mi dedo se crispó sobre el gatillo.
—Si vuelves a hacer eso...
—No estás en posición de amenazar —dijo Arthur, y el cabrón tenía razón—. Si disparas, disparo yo, y ella muere. No tiene ninguna posibilidad.
—Tú tampoco.
Shaw me hundió la Beretta en la piel.
—Así que levanta las putas manos y dame tu puta arma.
—Tranquilo, Shaw —gruñí—. Estás más nervioso que un flan.
—A la mierda.
Shaw miró por encima de mi hombro hacia Arthur.
—Déjame matarlo ya.
—Nos ceñimos al plan.
Arthur volvió a mirarme y le encajó el arma en el oído a Thena, arrancándole un jadeo.
—¿Vas a arriesgar su vida por conservar tu arma unos segundos más?
No lo haría, y el hijo de puta lo sabía de sobra.
Me moví despacio y levanté las manos, pero sin soltar la Glock ni apartar el dedo del gatillo.
—¿Shaw? —murmuré—. ¿Qué coño estás haciendo?
—Ganarme el pan.
—Te has pasado al bando equivocado.
—Lo dudo.
—Sabes que voy a matarte por esto —dije con calma—. ¿Verdad?
—Puedes intentarlo.
Cambió el peso de un pie a otro.
—No puedes culpar al tipo por querer jugar en las grandes ligas —dijo Arthur en ese tono didáctico que me sacaba de quicio—. Tenía deudas de juego a punto de vencer y le hicieron una oferta mejor. Ahora, suelta el arma o despídete de Thena.
Se mordió el labio y negó con la cabeza en silencio. Las lágrimas se le agolpaban en los ojos. No podía creerme semejante cagada. Thena estaba a merced de nuestros enemigos, pero solo porque uno de los míos se había vuelto en mi contra. Nos habían traicionado. ¡Traicionado!
Por uno de los mejores operativos de Nix.
Sabíamos lo de las deudas de juego de Shaw.
Salieron a la luz cuando Mina le hizo la verificación de antecedentes.
Nos contó que se había metido en líos al deprimirse tras la muerte de Nix.
Prometió saldarlas con lo que ganara trabajando para Equipo Rastreador.
Yo había querido echar una mano al equipo de Nix, así que lo contraté. Resultó que nos había mentido.
Era una putada que Shaw se hubiera pasado al lado oscuro. Conocía mi estrategia al dedillo, información que sin duda había compartido con Arthur. Y luego estaba el detalle de que Thena y yo seguíamos vivos.
¿A qué coño venía eso?
Arthur necesitaba algo de nosotros. No sabía qué, pero tenía que aprovecharlo al máximo.
Crucé la mirada con Thena. Le temblaban los labios, pero parpadeó para contener las lágrimas. Intentaba ser valiente. Ojalá pudiera borrar el terror de sus ojos. Quizá lograra sacar un disparo y acabar con Arthur, pero después dejaría a Thena desprotegida y sola en este mundo con Shaw.
Eso no era una opción.
—Has jugado bien —gruñó Arthur—. Pero esto es jaque mate.
Jaque mate y una mierda. Que se creyera la mentira. Aflojé los dedos en torno al arma.
Shaw me arrebató la Glock.
—Cabrón —mascullé.
Más que ver, sentí el arma de Shaw abalanzarse hacia mí.
Sabía que, sin mis armas, me esperaban violencia y maltrato, pero el golpe me alcanzó como una bola de demolición en un lado de la cabeza.
El dolor me sacudió el cráneo. Intenté mantenerme en pie, pero no pude.
Me desplomé. El mundo se volvió negro. A la deriva en un mar de obsidiana, solo veía oscuridad por delante.