Dash (Romance militar de héroes alfa nº 11) Capítulo Treinta #3
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Capítulo Treinta #3

Bozeman cruzó la mirada conmigo. Guzman no tenía remedio.

—Qué tesoro —una sonrisa que me hizo saltar el corazón iluminó el rostro de Thena. Se levantó y se acercó a su tío. Arthur se puso de pie y ella lo envolvió en uno de sus abrazos característicos.

Que le dieran al tío A. Yo quería los abrazos de Thena solo para mí.

—Esto es tan especial —dijo Thena con la voz entrecortada—. La familia lo es todo. Muchísimas gracias.

Las lágrimas brillaban en las comisuras de los ojos de Arthur, pero se mantuvo entero. Por encima del hombro de Thena, me buscó la mirada.

—¿Puedo ponérselo?

—Por supuesto —Thena le dio el camafeo a Arthur y se dio la vuelta—. Lo llevaré con orgullo.

Arthur le colocó la cadena a Thena y se la abrochó en la nuca. El camafeo quedó en medio de su pecho. El ónice oscuro contrastaba a la perfección con la seda blanca del vestido. Thena acarició el regalo y volvió a su asiento. Tenía los ojos muy abiertos de asombro y una sonrisa radiante.

Me sentí como un imbécil por haber dejado que mi paranoia casi le arruinara este momento. Las alegrías de Thena habían sido pocas y muy espaciadas. Se las merecía.

Su reacción al regalo de Arthur me dio celos. El mío me parecía insignificante en comparación. Después de tantos años, ¿le parecería importante? ¿Lo querría siquiera?

El primer informe crepitó en mi oído y me devolvió a la caza.

—Aquí control —la voz de Mina zumbó en mi oído—. Informe de inteligencia entrando. Conecto. Blue, adelante.

—Aquí Blue —anunció la voz familiar de Knox—. Estamos limpios. Nada que informar. Nos retiramos.

—Recibido, Blue —respondió Mina—. Gracias por el apoyo.

Miré a Paolo. La búsqueda confirmó que era tan despistado como parecía. Bozeman, King y Guzman mantuvieron la expresión neutra, pero yo sabía lo que estaban pensando.

Uno menos, quedaban dos.

Un ronquido fuerte captó mi atención, la de todos, en realidad. Miramos hacia el origen del ruido. Monique tenía la frente apoyada en el plato de postre de porcelana. Aún sujetaba la copa de vino vacía. La mujer estaba tan borracha que se había quedado frita.

—Lo siento —Guzman se encogió de hombros—. ¿Me he pasado?

Puse los ojos en blanco. Jodidamente obvio.

Thena me miró con una mueca.

—Ay, Dios.

—Mis disculpas —Paolo se retorcía las manos—. No sé qué decir.

—No digas nada —señalé a la mujer con la cabeza—. No es responsabilidad tuya.

—Aquí control —anunció Mina en mi oído—. Conecto. Adelante, Green.

—Aquí Green —la voz de Mac crepitó en mi oído—. Estamos limpios. Corto.

—Recibido, Green —dijo Mina—. Merci y arrivederci.

Como el equipo Green no había encontrado nada sospechoso en el apartamento de Monique, tomé mi decisión.

—Guzman, lleva a Monique a una de las suites de invitados.

King, ayuda a Guzman. Tú —señalé a Paolo, que dio un respingo en la silla.

Era demasiado enclenque para ayudar con el peso, pero su apartamento ya estaba limpio—.

Ve con ellos y quédate con Monique hasta que despierte.

No quiero que se ahogue con su propio vómito.

—De acuerdo —Paolo se levantó y apartó la silla mientras Guzman y King sujetaban a Monique entre los dos.

Me levanté y, bastón en mano, les abrí la puerta.

A Monique se le cayeron los zapatos. Metí el bastón en uno de los dos grandes jarrones chinos que flanqueaban las puertas del comedor, recogí los zapatos y escolté al grupo hasta el pasillo.

Shaw, vestido con equipo de combate negro, chaleco táctico y comunicadores a la vista, levantó las cejas y me lanzó su mirada de «qué está pasando».

—¿Dónde está Ferranti? —pregunté.

—Haciendo la ronda —informó Shaw.

—No te despegues de esta puerta —ordené—. Guzman, King, dejad la carga, buscad a Ferranti y que se quede con estos dos.

—Un momento —soltó Paolo—. Tampoco es que vaya a robar nada.

—No te lo tomes a mal.

Le dejé caer los zapatos de la mujer en las manos.

—Venga, id todos.

—¿Qué habitación de invitados usamos? —preguntó Guzman, levantando más a Monique entre King y él.

—Seguidme.

Sandy se materializó a mi lado, como siempre, lista para ayudar. Echó a andar hacia el ascensor junto a las escaleras traseras. Vi al pequeño grupo desaparecer tras la esquina.

La risa de Thena llegó flotando desde las ornamentadas puertas del comedor. Una sonrisa se apoderó de mis labios. Me encantaba ese sonido. Ojalá pudiera hacerla reír así siempre.

Cuando me volví hacia la puerta del comedor, se oyó la voz de Mina.

—Aquí control —anunció—. Informe. Conectando.

La voz de Sebastian crepitó en mi oído.

—Control, aquí Equipo Rojo. ¿Me copian?

Me detuve en seco. A mi lado, Shaw se tensó.

—Rojo, aquí control —respondió Mina—. Te copiamos. Adelante, Rojo.

—Tenemos algo.

La tensión en la voz grave de Sebastian me puso en alerta.

—Rojo, describe —dijo Mina, tal como le había indicado.

—Hemos descifrado la combinación de la caja fuerte de Jorge Rivera —informó Sebastian—. Encontramos dos viales medio vacíos. Es posible que hayamos localizado el veneno con el que enfermaron a Athena Astor o la sustancia que mató a Richard Astor.

Por fin tenía mi objetivo.