Dash (Romance militar de héroes alfa nº 11) Capítulo Veintiuno #2
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Capítulo Veintiuno #2

Antes de que pudiera darle más vueltas, el auxiliar de vuelo regresó empujando un carrito de comida y bebidas. El aroma de la comida caliente llenó la cabina y se me hizo la boca agua. Mientras Matt me trabajaba los pies, el auxiliar comenzó a repartir cubiertos enrollados en servilletas de lino.

—Ponme un whisky —Javier le indicó al auxiliar—. Doble. Solo.

—Eso no va a ser —Dash clavó en Javier una mirada severa.

Resopló.

—¿Y qué tal una de estas?

Abrió un cajón del carrito, sacó una botella de cerveza y movió las cejas sugestivamente.

—Una cerveza para ti —Dash levantó el dedo índice—. Tú y yo tenemos una conversación pendiente. No pienso saltármela.

Javier hizo una mueca.

—Me vas a meter un Alpha Charlie.

—¿Alpha Charlie? —pregunté.

—Jerga militar para bronca —aclaró Javier—. El jefe nunca se las salta.

Javier tenía razón en eso. Dash no olvidaba ni perdonaba fácilmente. Me pregunté por qué a Guzman no le dejaban tomar su whisky. Probablemente se había pasado con él en alguna ocasión, pero joder, después de todo lo que habíamos vivido, a mí también me apetecía uno.

Mientras el auxiliar emplataba la comida, saqué la mesita plegable del lateral de mi asiento, desenrollé los cubiertos y me puse la servilleta en el regazo.

Sentados en sus respectivos sitios, los demás hicieron lo mismo, excepto Javier.

Él se encargó de repartir cervezas al resto del equipo, incluido Dash.

Luego cogió una botella de agua para mí y, acercándose con parsimonia, la abrió e hizo una reverencia teatral al entregármela.

—Diosa.

—Gracias —quería conocer a estos hombres cuanto antes, así que decidí que era el momento—. ¿Es verdad que eres un fiestero?

—¿Brilla el sol? —se encogió de hombros y volvió al sofá, dejándose caer entre los otros dos hombres a los que aún no me habían presentado—. Sí, me va la fiesta.

—O quizás te gusta esconder tu verdadero yo detrás de tanto fiesteo —sugerí con mi tono más empalagoso.

Javier le lanzó a Dash una mirada de extrañeza.

—¿Tenías que buscarnos una vidente de esas?

—Listo al darte cuenta —Dash esbozó una sonrisa—. A Thena no se le escapa nada. Mejor que te vayas acostumbrando. ¿Tú subestimando a esta mujer? —señaló entre Javier y yo con la mano—. Va a ser muy entretenido... para el resto.

Todos rieron.

Javier me miró con ojos chispeantes de picardía.

—Puedo con la Diosa.

—Claro —le guiñé un ojo al bravucón—. Y yo puedo con Goofy, sin problema.

Más risas llenaron la cabina.

El auxiliar repartió platos rebosantes de pollo, ensalada de patata y panecillos. Me rugió el estómago tan fuerte que Dash lo oyó.

—Come —ordenó.

—Comiendo —me llevé un tenedor bien cargado a la boca y mastiqué en un gesto de obediencia que también era desafío. La mirada en sus ojos era una disculpa que acepté encantada. Su mal humor aún no se había disipado del todo, pero el Dash más amable estaba de camino.

—Listo —anunció Matt mientras me vendaba el arco del pie—. No está tan mal. Te he puesto un poco de lidocaína por aquí y por allá. Mañana deberías poder caminar sin problemas.

—Gracias, Matt —le sonreí mientras masticaba—. Ahora, por favor, come algo tú también.

—Sí, señora —se levantó y cogió un plato antes de buscar un sitio—. Esa orden sí que me gusta.

—A ver —fui señalando con el tenedor a cada uno—. Micah está en la ducha. Ya conozco a Kai, Javier y Matt. ¿Quién me falta?

—Este tío fornido y fiable que no suelta prenda es Andrew Shaw, Drew para los amigos —Javier le dio una palmada en la pierna al hombre rubio de ojos azules sentado a su izquierda y casi le tira el plato de la bandeja.

—¡Eh! —protestó Drew, sujetando el plato con un reflejo rápido.

—Al alter ego de Drew lo llamamos «Showman» —explicó Javier, ignorando la mirada fulminante de Drew—. Casi siempre es el tío más tímido y callado que puedas conocer, pero es nuestro especialista en brechas y demoliciones. Sabe montar un espectáculo.

—Los callados siempre son los más listos —le sostuve la mirada de ojos aguamarina—. Encantada de conocerte, Drew.

Drew se puso rojo como un tomate y murmuró avergonzado:

—Igualmente.

Este hombre era el introvertido por excelencia.

—Y por último, pero no menos importante —anunció Javier con su voz más teatral—, este mono que se está poniendo morado es el francotirador del equipo, Finneas Cooper.

Miré al hombre pelirrojo de ojos azules sentado a la derecha de Javier.

Finneas estaba devorando la comida como una aspiradora, pero se quedó paralizado con el tenedor cargado en el aire cuando posé los ojos en él.

Era el más bajo y compacto del grupo, lucía una barba que le llegaba al pecho y desprendía un aire de hombre de montaña cruzado con duende sexy.

—También le llamamos Finnie Minnie, Coopster u Obi-one-Finogy —añadió Javier, lamiéndose los dedos.

Finn murmuró algo ininteligible y le hizo una peineta a Guzman. No es que una peineta fuera a impedir que Javier siguiera bromeando. Goofman era un apodo bien puesto.

Dash levantó la vista del panecillo que estaba untando.

—Guzman, Shaw y Cooper sirvieron con Nix.