Dash (Romance militar de héroes alfa nº 11) Capítulo Ocho #3
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Capítulo Ocho #3

—La ira es una emoción válida. —Me reprendió con la mirada—.

Tiene fuerza. La percibo en ti como lluvia ácida cayendo sobre mi piel.

—Cuando abrí la boca para decir quién sabe qué, me interrumpió con voz firme y decidida—.

Necesito que sepas una cosa. Haré todo lo que esté en mi mano para proteger tu vida, aunque eso haga que me odies más de lo que ya me odias.

Su comentario me dolió. ¿De verdad odiaba a Dash? Tenía motivos. Me había herido profundamente. No podía negar que le guardaba rencor por lo que había hecho, pero incluso en lo más hondo de mi dolor, ¿había odiado realmente a Dash alguna vez?

No. No podía odiarlo, ni entonces ni ahora.

Había sido mi Norte durante tantos años, mi propia Polaris.

Había acudido en mi ayuda cuando más lo necesitaba.

Me había salvado la vida y se había quedado a mi lado durante el calvario en el hospital.

No podía olvidar su traición, pero admiraba su sentido del deber, su determinación de cumplir conmigo y con mis hermanas, y su disposición a jugarse el pellejo para salvar el mío.

—No deberías cargar con esto. —Se me encogió el estómago al pensar que Dash podría acabar herido o muerto por mi culpa—. Puedo resolverlo yo sola.

—Eres muy capaz, Thena, pero ahora mismo necesitas ayuda. Tenemos que trabajar juntos.

No se equivocaba en nada de eso. Cuanto antes acabáramos con la amenaza, antes estarían a salvo mis hermanas y Dash.

—Prométeme que no te pasará nada. —Mi petición sonó patética en comparación con mis miedos.

—Sé cuidarme solo —me aseguró, en ese tono que combinaba arrogancia elegante con total humildad—. Tengo un equipo que me respalda. Me encargaré de esto.

—No eres tú —le recordé—. Somos nosotros. Quedamos en eso en el hospital, ¿recuerdas?

—Tengo la sensación de que no me vas a dejar olvidarlo. —Sus labios esbozaron un amago de sonrisa—. En cuanto estés mejor...

—Estoy mejor, Dash. —Extendí los brazos y me miré de arriba abajo con gesto teatral—. Me siento bien. No me dejes al margen. Por favor, no lo hagas.

—No lo haré —prometió—. Pero tenemos que ser creativos con el enfoque. Aunque los dos sepamos que eres tú quien dirige el Grupo Astor, debemos mantener la apariencia de que el control lo tengo yo y no tú.

Parpadeé varias veces. —¿Cómo hacemos eso?

—Puedes seguir dirigiendo el negocio a través de mí.

—¿A través de ti? —Fruncí el ceño.

—Quiero que uses mi nombre, mis dispositivos específicos de Astor y mi autoridad para transmitir tus decisiones.

—Me miró fijamente—. BB tiene tecnología de IA avanzada que nos ayudará.

Cuando hables por teléfono, los demás escucharán mi voz.

Cuando asistas a reuniones virtuales, me verán a mí en lugar de a ti.

Este acuerdo no es ideal ni justo para ti, pero es una medida temporal y te mantendrá a salvo y al mando de la empresa, tu empresa.

—¿Y si tomo las decisiones equivocadas y te hacen quedar mal?

—No va a pasar. —Esbozó una leve sonrisa—. Te conozco. Estás cualificada. Eres capaz. Estás preparada. En cualquier caso, si al final de este desastre parezco una rana con verrugas ante el resto del mundo, me da igual. Magnate no es un título al que aspire.

En un mundo donde el dinero era poder y los poderosos gobernaban, era difícil creer que Dash me estuviera diciendo la verdad.

—Cuando saquemos a este hijo de puta de circulación, podrás reclamar públicamente tu estatus —dijo—. Incluso puedes contarle al mundo entero que siempre estuviste al mando del Grupo Astor, si quieres.

La pregunta me salió sin pensar. —¿De verdad me vas a devolver la empresa cuando todo esto termine?

—La empresa os pertenece a ti y a tus hermanas —repitió con severidad—. No dejará de ser vuestra durante este proceso, pero en cuanto sea seguro, te la devolveré legalmente. Tienes mi palabra.

Su palabra. Había sido de oro. Hasta que dejó de serlo.

Su generosidad me alarmaba.

¿Estaría mintiéndome? ¿Sería esta su forma de evitar que impugnara el testamento de mi padre mientras consolidaba su control sobre la empresa? ¿Me estaría manipulando como mi padre manipulaba a sus adversarios?

No es como tu padre, me recordó mi voz interior.

Pero Dash me había engañado una vez. La cicatriz de su traición aún palpitaba en lo profundo de mi pecho. Deslicé los dedos sobre la suave tela del pijama y me masajeé el pecho, justo encima del corazón. Algunas heridas nunca sanaban.

—Veo en tus ojos que no me crees. —Con un resoplido, se inclinó, metió la mano en su bandolera y, tras sacar un fajo de papeles, me los entregó—. Este es mi testamento. Especifica que, en caso de que quede incapacitado o muera, la empresa pasa a ser tuya.

Me quedé mirando los papeles que tenía en la mano, incapaz de cerrar la boca. Acostumbrada a tratar con tiburones empresariales codiciosos, aquellos documentos no tenían sentido para mí. ¿Lo había formalizado legalmente? ¿Por mí?

Como mínimo, los papeles eran prueba de su intención.

No era como si tuviera muchas opciones. O ninguna, de hecho.

¿Quién más que Dash sería capaz de ayudarme a salir de este lío?

¿Quién aceptaría ayudarme sin quedarse con una buena tajada o intentar quitarme todo lo que tenía?

¿Quién más tenía la voluntad, la habilidad y los recursos para encontrar a mis hermanas y apartarlas del camino de un psicópata que quería borrarnos de la faz de la tierra?

Dash. Solo Dash. Estaba aquí, se había ofrecido voluntario. Puede que no pudiera volver a confiarle mi corazón, pero tenía que ser pragmática.

—Puedo oírte pensar desde aquí. —Su voz me sobresaltó y me sacó de mis pensamientos—. ¿Tenemos un trato?

Solté un largo suspiro. —Tenemos un trato.

—De acuerdo. Necesitaremos instalarnos en un entorno seguro. Y este no lo es.

—¿Dónde entonces? —pregunté.

—Instalémonos en Casa Astor. Con el equipo adecuado, puedo asegurar el lugar, gestionar los riesgos y controlar las variables.

—No he vuelto en... años. —Desde que Nix murió y rompí con Dash. No había sido capaz de volver al lugar donde todo empezó. Solo pensarlo había sido demasiado doloroso.

—Casa Astor tiene sentido —dijo Dash—. Estratégicamente, es un buen movimiento. Tácticamente, es una posición sólida y defendible. Casa Astor es tu hogar familiar. Nadie cuestionará que vayas allí a llorar tu pérdida y recuperarte.

—¿Y tú?

—Iré contigo. Es la única manera de asegurarme de que estés a salvo.

Haré saber públicamente que estamos trabajando juntos en la transición de la empresa.

Eso debería tranquilizar a tus empleados, inversores y socios.

La empresa permanecerá estable y tendremos un problema menos del que preocuparnos.

Dash y yo en Casa Astor. Juntos. Como en los viejos tiempos. Había soñado con esto cada noche desde que se fue y, sin embargo, también me aterraba. No podía permitirme ceder a mi deseo por Dash. Me había mentido antes. No podía volver a pasar por ese tipo de dolor.

Dash debió de percibir mi reticencia. —La casa también es un buen lugar para que descanses, como prescribió el médico.

—El médico no es responsable del Grupo Astor —repliqué—. Ni de encontrar a mis hermanas.

—Una cosa no contradice la otra. Puedes descansar, recuperarte y hacer mucho desde allí —dijo, como si yo necesitara que me convencieran, cuando en realidad estaba luchando por no dejarme convencer—. ¿Tengo tu aprobación para enviar un equipo de avanzada a asegurar el lugar?

—La tienes.

—Excelente. —Sacó el móvil y escribió un mensaje—. Podemos irnos hoy.

Dudé un momento antes de hablar. —No puedo irme de la ciudad hasta después de mañana por la noche.

Levantó la cabeza de golpe. —¿Por qué no?

—La gala benéfica de la Fundación Phoenix es mañana por la noche. El baile es el evento de recaudación más importante del año, y necesitamos esos fondos. No puedo decepcionar a los niños. No pienso hacerlo.

—Negativo. —Negó con la cabeza—. No puedes asistir a una gala mañana. Es demasiado pronto para que andes por ahí. No puedo exponerte en un lugar público con un asesino suelto.

—La gala aporta la mayor parte de los fondos para el programa —insistí—.

También es mi forma de honrar a mi hermano.

Sin baile, no hay financiación para miles de niños enfermos que necesitan atención médica.

No puedo fallarles, y como ya te dije, no pienso salir corriendo muerta de miedo.

No voy a darle a ese hijo de puta el placer de verme renunciar a todo lo que me importa solo porque quiere aterrorizarme.

—Thena, por favor...