Capítulo VIII Viernes, 24 de agosto
La plaza se despeja tanto que hasta ellas se dan cuenta de que están dando demasiado el cante.
Así que deciden que ya es la hora del vermú y se van al Casco.
«El vermú», ese espacio laxo entre desayunar y la comida que se ha inventado la gente alcohólica para que beber por la mañana parezca social y no problemático.
Y que se ha convertido en la extraña intersección en la que coinciden las personas decentes que salen «a tomar algo», que se pueden drogar sin culpa porque son funcionales, y las «gaupaseras» , drogatas con mala pinta y peores hábitos, que creen que cuelan entre la gente que se acaba de levantar y tiene las pupilas de tamaño normal, no como un Furby. Pero no cuelan, no.
El Ander es el sitio perfecto para camuflarse en el vermú porque nunca eres el único grupo de gaupaseras .
Además, el sol entra de pleno por Barrenkale y las aceitunas que te ponen con el mejor vermú preparado de la tierra te proporcionan el alimento que tu cuerpo necesita.
Tiran la mitad de cada trago y rompen un par de copas, porque su estabilidad es incompatible con la costumbre de llenarlas hasta arriba.
Sentadas en el bordillo, arreglan el mundo y fuman pitis.
En algún momento, cambian de bar. Pasan muchas horas en una terraza y alguna se queda medio dormida, mientras otras se siguen metiendo hasta que se acaba el speed .
A propuesta de alguna de ellas, se van a las txosnas .
Todo es confuso y nublado y no se acuerdan de si muy divertido. Tampoco de cómo volvieron a casa.