Darle fuego a Bilbao Capítulo V Martes, 21 de agosto
45%

Capítulo V Martes, 21 de agosto

Maddi se despierta y la ve mirando el móvil, a su lado, en la cama.

–Soy traductora.

–¿Perdona?

–Que soy traductora. De eso curro. Traduzco del castellano y el inglés al euskera. Bueno, y al revés, claro.

–Qué guay. ¿Novelas?

–No, libros académicos. De Historia y Sociología, sobre todo. Estudié Filología Inglesa y luego hice un par de másteres. Alguna cosa de Antropología también he traducido.

–¿Y por qué me lo cuentas ahora?

La mira extrañada porque no se esperaba esa pregunta.

–No sé. ¿No querías saberlo?

–Creía que no querías conversaciones irrelevantes.

La mira de reojo y se ríe.

–Eres zorra, ¿eh?

Se hace muy mal la indignada y se ríe.

–Más me vale.

Un silencio breve.

–Me apellido Teufel.

Se gira y sonríe, sobreactuada.

–¿Teufel? No está mal.

–Significa «diablo».

–¿Qué? ¡No puede ser! ¿Diablo? –suelta una carcajada de bruja, como las que suelta cuando algo le hace gracia de verdad–. ¿En serio te apellidas Diabla? ¿Sigyn Diabla? Ahora dime que Sigyn significa «reina del averno» o algo así.

–Bueno, significa «amiga victoriosa».

–Venga ya.

–Te lo juro.

–Es una diosa nórdica, conocida por su lealtad y capacidad de sacrificio.

–Madre mía. Qué de expectativas en tu nombre, ¿no? La amiga victoriosa, leal y sacrificada del diablo. No sé si tenerte miedo o pedirte matrimonio.

–¿Quieres casarte conmigo o qué?

–¿Si me caso en Alemania contigo, me puedo apellidar Diabla?

–Jajaja, no sé si va así. Y no sé si quiero que te quieras casar conmigo por eso.

–¿Y por qué quieres que me quiera casar contigo?

Y ella se pone roja y ella zalamera y hacen como que se pegan un poco y hacen como que se ríen de una tontería, pero se han puesto nerviosas las dos y en ese momento le suena el teléfono.

«¿Sí?

Joder.

¿A qué hora?

¿Y se sabe algo más?

Hostia puta.

Sí, sí, voy.

¿A qué hora nos vemos?

¿En Zirika?

Vale. Lo pongo en el grupo».

Cuelga.

–Joder, qué horror.

–¿Qué ha pasado?

–Pues que ha habido una agresión a una chavala esta noche.

–Mierda. ¿Y se sabe algo?

–Pues poco. Que ha sido una chavala muy joven y que una amiga se lo ha contado a la Comisión de Agresiones. Estamos esperando a ver si ella está de acuerdo para activar el protocolo de agresión.

–¿Y en qué consiste el protocolo?

–Pues tenemos luego asamblea, pero lo que decidimos es que cada noche que hubiera agresión salíamos al día siguiente a hacer una mani nocturna. Como la del viernes, ¿te acuerdas? –el viernes, ese pasado irrealmente lejano en el que no se conocían–. Pero por todo el recinto de las txosnas .

–¿Y cómo está la chavala?

–Pues no lo sabemos.

–¿Y va a denunciar?

–Eso tampoco se sabe. Pero a nosotras lo que nos importa es que nos dé permiso para activar el protocolo, lo que haga con la Policía nos da igual.

Maddi se levanta con el teléfono en la mano y se pasa un rato mandando audios, mensajes, haciendo llamadas, mientras anda por la casa.

Sigyn no sabe qué nivel de implicación tiene ella en el colectivo que organiza las manis y responde a las agresiones.

Cuando la vio por primera vez, con su casco de Atenea y su performatividad punk, entre antorchas y tambores, le llamó la atención, pero no se dio cuenta de si era de las de la organización.

Nunca le han gustado las que se nota que son de la organización, esas que van de un lado para otro, con actitud de imprescindibles, siempre con el megáfono o un rollo de cinta, o la pancarta, o la voz de mando en la mano.

Ella ha aprendido hace poco que no todo el mundo que está en movimientos sociales piensa antes en la causa que en sí misma, y que no todo el mundo que está en movimientos sociales es majo.

Hay mucho ego, y gente de mierda, y personas sin amigas o en busca de capital social.

O sexual, que es lo mismo. Como en todas partes, vamos.

Hace café.

Maddi termina de mandar mensajes y se sienta en la mesa con ella, a tomar el café.

–¿Todo bien?

–Bueno, parece que vamos a activar el protocolo.

–¿Así que ella ha dado permiso?

–No quiere que se sepa quién es, pero sí, quiere que hagamos pública la agresión.

–¿Y va a denunciar?

–Parece que no. Estaba muy borracha y se enrolló con el tío en las txosnas , delante de todo el mundo, así que no cree que la vayan a creer.

–Puf. Qué horror. Pero hace bien.