Capítulo 30 #2
Ella le está arrancando una de sus alas.
Como una psicópata poseída, comienza a cortar con aquel cuchillo como si le estuviera arrancando una extremidad a un pollo, haciendo que chorros de sangre comiencen a caer por todos lados.
Veo a Vincent contemplar la escena, atónito, viendo a su mejor amigo sufrir de la peor manera posible mientras tira nuevamente de sus cadenas, intentando liberarse y gritando el nombre de mi arcángel.
Desten está gritando.
No es un grito humano.
Ni siquiera es un sonido que pensé que pudiera salir de él.
Está a punto de desmayarse cuando veo que su cabeza cuelga sin fuerza sobre su cuerpo mientras Lilith realiza la última incisión.
Le coloca un pie entre las costillas mientras toma con ambas manos la base de sus alas y tira con tanta fuerza que se escucha cómo la carne se desprende del cuerpo.
Un ala sale despedida del cuerpo de Desten junto con una Lilith eufórica, que absorbe el último grito ahogado de Des al perder una extremidad.
Mis ojos prácticamente se salen de sus órbitas al verla saltar de felicidad con una de las perfectas alas negras de Desten entre sus manos, como si fuera un premio o el tesoro que por fin logró obtener.
—¡Sí! —grita de felicidad la vampiresa—. ¡Miren lo que he conseguido!
Dice enseñándole el ala a Vincent, quien vomita de inmediato al ver el pedazo de carne expuesto que sobresale de la base de esta, todavía sangrante.
—Mi amo estará tan complacido por esto... —dice, oliendo la sangre que brota mientras bebe de ella como una vampiresa del cuello de un campesino.
La saborea como si fuera un caramelo mientras se mancha el rostro.
Yo continúo en estado de shock al ver cómo sonríe y se emociona por prácticamente arrancarle un miembro a alguien sin el menor remordimiento.
—Termino aquí, cariño, y empezamos contigo, ¿va? —dice como si solo fuera a ponerme unas pestañas postizas.
—Desten... —susurro—. Por Padre... —chillo.
Me arrastro como puedo hasta donde él está para, al menos, intentar salvarlo, pero las cadenas que me impusieron me detienen.
Lilith ni siquiera se percata de mi presencia, mientras que el mencionado alza un poco la cabeza entre el cabello desordenado y la sangre, logrando clavar la vista en mí nuevamente.
Sin embargo, como la ocasión anterior, la primera mujer no espera y comienza a hacer la siguiente incisión.
Vincent vuelve a gritar al ver el sufrimiento de Desten, que comienza a maldecir de dolor mientras ella pasa el cuchillo por la base de la única ala que le queda.
Esta vez la vampiresa no soporta más los gritos.
Toma lo que parece una piedra que sostiene no sé qué y se acerca a Vincent, dándole un golpe en la cabeza que, instantáneamente, deja al arcángel fuera de combate.
—¡Vincent! —grita Desten—. Hermano, despierta.
—Silencio.
Lo abofetea.
—Lilith, basta —le suplico—. Las cosas no tienen que terminar así.
—¿Ahora estás suplicando? —se cruza de brazos, indignada—. Te recuerdo que te tomaste un par de libertades conmigo.
—Lo siento. —Niego con la cabeza, de rodillas, con el cabello pegado al rostro por el sudor—. Libéralo. Esto es conmigo.
—Emma...
—Silencio, Des —lo callo suavemente, mirándolo con lágrimas en los ojos—. Ambos sabíamos que esto sucedería.
—Por favor... —susurra él con la poca fuerza que le queda—. No...
La primera mujer se acerca y se agacha para quedar a mi altura.
—Esto es personal, cariño —me guiña un ojo—. Destruiré a toda tu raza si es necesario.
Se levanta rápidamente y continúa con su tarea.
Esta vez no hay ningún grito.
Desten está completamente desmayado por el dolor.
Lo único que me queda es escuchar a Lilith serruchar la carne de mi amado como si fuera un cordero para el matadero mientras le arranca lo más sagrado para un ángel.
Aparto la mirada.
No puedo verlo.
No puedo escuchar otra vez ese sonido.
Al terminar con la segunda ala, la tira al suelo junto con la otra. Esta vez no se alegra ni chilla; solo contempla lo que hizo y el estado en que ha quedado toda la habitación. Arroja el cuchillo a un lado mientras recoge las alas para acercarse a lo que parece una bolsa e intenta guardarlas allí.
Rápidamente, como puedo, me arrastro en silencio, procurando no llamar su atención mientras Lilith sale de la habitación con ambas alas. Supongo que para llevarlas a un sitio seguro.
Con sumo esfuerzo tomo el cuchillo que dejó tirado, rezándole a Padre que sea lo suficientemente fuerte para cortar metal si pudo atravesar un ala tan gruesa como la de Des.
Con una rapidez que no sabía que poseía, comienzo a serruchar como si mi vida dependiera de ello.
Porque depende.
Lo hago con más fuerza mientras intento escuchar cualquier ruido del exterior para saber si ella vuelve a entrar, pero no lo hace.
Y entonces escucho el clic de la cadena cediendo.
Repito la acción en la otra muñeca y quedo completamente liberada.
—Gracias, Padre —susurro.
Corro para soltar primero a Vincent, que apenas está recuperando la consciencia cuando alcanzo su mano derecha.
—Emma... —susurra él—. ¿Qué...? ¿Qué haces?
—Liberarte. ¿Qué más? Necesito que me ayudes con Des.
En cuanto queda libre, el arcángel corre hacia su amigo y, sin ayuda del cuchillo, tira de ambas cadenas con una fuerza extrema que jamás le había visto.
En todo el tiempo que llevo con ellos, nunca había visto a Vincent pelear con tanta desesperación.
Le cuesta.
Sigue jalando.
El techo entero parece tambalearse.
Des continúa inconsciente, sin darse cuenta de nada, y Vincent tira con más fuerza cuando Lilith entra por la puerta.
Al vernos libres, su expresión se transforma por completo.
Y no precisamente en una de amor.
—¡Malditos insectos insignificantes! —grita—. El próximo eres tú, criatura despreciable.
Dice señalando a Vincent.
Este da el último tirón y finalmente rompe las cadenas del techo, liberando a Desten, que cae directamente sobre sus brazos. Sin embargo, el peso de este y el estado en que se encuentra Vincent hacen que ambos terminen desplomándose contra el suelo.
—Tu problema es conmigo, aberración del Infierno —le escupo.
—¿Te crees tan valiente después de haber estado de rodillas? —sonríe—. Disfrutaré hacerte sopa de ángel.
La vampiresa se lanza hacia mí y preparo el cuchillo para recibirla.
Sin embargo, antes de que pueda alcanzarme, alguien me empuja hacia atrás.
Su cabellera negra azabache me saluda antes de que le estrelle un puñetazo en la cara.
Des.