Dark Arcangelo Capítulo 28 #2
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Capítulo 28 #2

Ya es de mañana cuando me encuentro sola desayunando en la isla del comedor junto con los felinos, quienes devoran su primera comida. Mi día ha comenzado un poco agridulce por la ausencia de ambos ángeles. Aunque una pequeña sonrisa nostálgica se escapa de mis labios al percatarme de que Vincent ha dejado el plato de frutas que acompaña los pancakes en forma de animalitos. Disfruto del desayuno en silencio intentando lidiar con mis propios pensamientos o, peor, con mi período. En el peor de los días tuvo que bajarme el dolor de cabeza que es esto. Me hace estar sensible, de mal humor y con ganas de comer chocolate de manera incontrolable. Sin contar que me inflama y hoy es el baile. De verdad espero que ese vestido tan fabuloso no me quede como una licra mal puesta.

Al terminar dejo todo en orden para dirigirme a mi habitación. No tengo mucho que hacer, así que sigo viendo la serie de televisión que dejé a medio mirar anoche, mientras me recuesto un rato en el sillón de mi cuarto. Luan se acerca para acostarse a mi lado o, más bien, para robarme espacio. Eloa, por otra parte, se sienta a verme directamente. Como si intentara comunicarse conmigo de la misma manera que lo hace con Des.

—Lo siento, hermosa —le acaricio su negro pelaje en la cabeza—, pero no puedo entenderte.

Luan se sienta entre las almohadas, al igual que la leoparda lo hace en el suelo. Mi león me observa con la cabeza ligeramente inclinada.

“Eloa. Pregunta. Dueño. Dónde”.

“Misión. Otra parte”.

Mi león mira a la leoparda para comunicarle mi mensaje, pero este no parece tranquilizarla porque me mira para volver a mirar a Luan.

“Eloa. ¿Por qué?”.

Pienso en lo que voy a decir porque no quiero que me sigan haciendo preguntas que no puedo contestar.

“Misión. Importante”.

Creo que mi respuesta no ha sido acertada porque vuelven a presionar.

“Eloa. Cuándo. Venir”.

“Hoy. Esperar”.

Eloa no parece contenta con mi respuesta, pero no hace más preguntas. Con la elegancia que siempre la caracteriza se da media vuelta para dirigirse a la cama, mientras que Luan se acomoda para acostarse.

La verdad es que no tengo ganas de compartir el sillón, así que echo a Luan para que vaya a otra parte. El león se enoja por quitarlo del mejor puesto, pero, por el momento, mi inflamado vientre necesita estar acostado de lado para soportar el dolor de todos los meses.

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Los estilistas, junto con Ely, llegaron a la hora acordada, adueñándose de mi librería personal por completo. A las cuatro de la tarde ya estaban comenzando a prepararme. Solo los cielos saben lo que me estaba esperando. Ely, junto con su equipo, tiene un plan completo para mí. Empezaron colocándome no sé cuántos tratamientos capilares para que mi aburrido cabello tomara algo de forma. Lo mojaron, estiraron, cortaron y masajearon no sé cuántas veces. Siendo honesta, los masajes se sintieron muy bien. Luego procedieron con la cara. Colocaron mascarillas para las orejas, para los labios, para las líneas de expresión de la boca y una general. Mi cara estaba tan cubierta como la de una momia. Mi cabello está envuelto en un gorro de plástico y, mientras yo estoy prácticamente atada por cuerdas invisibles, mis manos y pies también están siendo tratados y pintados. Nunca me había sentido como una muñeca de trapo a la que estilizan como si una niña pequeña estuviera jugando con ella.

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Luego de toda la preparación previa, con mis uñas ya perfectamente pintadas de negro, mi piel tersa como la seda y mi cabello perfectamente recogido en un moño alto con algunos mechones sueltos para que el vestido pueda lucirse lo mejor posible. En cuanto a mi maquillaje, los estilistas no dudaron en hacer que mis ojos sobresalieran como nunca. Una sombra clara que empieza desde el lagrimal casi hasta el final del párpado, mientras que, horizontalmente, entre colores marrones y negros, se difumina cerca de mis pestañas. Hablando de pestañas, siento que las mías pesan una tonelada debido a las postizas que me colocaron en cada ojo. Siento como si algo me estuviera tocando la córnea y, al mismo tiempo, empujándolas hacia abajo o arriba. La verdad no sé muy bien cuál es la sensación, pero definitivamente no son nada placenteras. Por otra parte, mi contorno está ligeramente bronceado, mientras mis mejillas tienen un ligero rubor rosa, no muy perceptible y, como toque final, pièce de résistance, como hubiera dicho mi querido Émile. Mis labios, delicadamente contorneados con lápiz labial; el labial perfectamente colocado en un color café claro y, finalmente, un brillo de labios rosa para contrastar con el café de fondo.

Si no me estuviera observando en este momento en el espejo, no creería que esa realmente podría ser yo, quien tiene kilos de maquillaje encima. Sin embargo, no se siente raro. A diferencia del baile de los ángeles, este maquillaje me hace sentir mucho mejor. Creo que los tonos más neutrales me hacen sentir más como yo misma, a diferencia del rojo pasión y los vestidos demasiado vaporosos para mi propia comodidad.

Luego de la sesión de maquillaje pasamos entonces a colocarme el vestido, el cual fue modificado para que ninguna transparencia mostrara mi piel. Gracias a Ely por esa alteración. Después me colocaron la capa encima. Curiosamente, se siente más pesada de lo que pensé. Es suave por dentro y, con esos apliques dorados, se ve sencillamente espectacular, diseñada para una diosa griega. Luego pasamos a los zapatos, los cuales no son los más cómodos del mundo, pero sí debo decir que son una obra de arte en todo su esplendor. Finalmente, me colocan una pulsera en forma de enredadera en la muñeca izquierda. En el brazo derecho, donde mi marca de nacimiento se oculta bastante bien debajo de la capa, me colocan la pulsera que me regaló Desten y, como toque final, unos preciosos aretes colgantes de oro con diamantes que jamás en mi vida había visto. Parece que Ely entiende mi confusión porque sonríe con ternura.