Dark Arcangelo Capítulo 27 #2
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Capítulo 27 #2

Al llegar a casa, los tres estamos en silencio. Gracias a los cielos puedo llegar a quitarme estos zapatos que, aunque sean bajos, mis pies no están acostumbrados a ellos. Mis acompañantes, mientras tanto, no parecen incómodos en sus trajes negros. Des, como siempre, está impecable con su traje totalmente negro de pies a cabeza. Un pasador de corbata sobresale ante toda la oscuridad de su traje. De color plata, con una brillantez despampanante. Tiene algo que no había visto antes: la cara esculpida de un leopardo. Sonrío. También lleva un broche de solapa en plata que pasa por debajo del cuello, bastante sencillo, y finalmente un reloj de bolsillo, con la cadena balanceándose con una elegancia anticuada.

Por otra parte, Vincent, aunque también tiene un traje negro, pareciera tener una textura como la del encaje. La verdad, por parte del arcángel no me sorprende. Él también tiene un broche de solapa que conecta, por medio de una especie de alfiler, con una estrella o algo parecido, de la que también cuelgan varias cadenas. Además, Vincent adorna su solapa con un broche en plata unido por una cadena que conecta con otra parte de la solapa y lo acompaña un pequeño diamante. Los amigos se ven como la definición de moda para muchos diseñadores o, al menos, lo que creo que a ellos podría gustarles.

Des se sienta a mi lado y Vincent frente a nosotros. Ambos parecen bastante cansados, pero no sabría decir por qué. El ángel a mi lado se quita el saco, dejándolo tirado en la mesita. Vincent lo imita; sin embargo, este llega más lejos. Se quita los zapatos sin siquiera dudarlo y yo río. Estas son las cosas que amo de ellos. La naturalidad de su comodidad a mi alrededor.

Des, sin esperarlo, se recuesta sobre mi hombro cerrando los ojos. Su cercanía no me hace sentir incómoda como antes; por el contrario, me gusta que él sienta la suficiente confianza para recostarse en mí. Me gusta eso.

—¿Cómo te sientes? —pregunta Vincent con su semblante levemente preocupado—. ¿Estás bien?

Me encojo de hombros porque esta muerte la he podido procesar mejor que la de mi mejor amiga. No solo porque no había experimentado antes una pérdida hasta que pasó lo de Saray, sino que, en esta ocasión, no siento que haya sido por mi causa. Porque, siendo realistas, no es mi primer rodeo.

—Estoy bien, triste, pero bien —un puchero se escapa de mis labios—. Ojalá hubiera podido hacer más por él. Ojalá él me hubiera permitido ayudarlo. Tristemente no pasó. Lo único que me da real alivio es que no fue por algo de nuestro mundo.

—¿Te hace sentir menos culpable?

—Sí —asiento porque sé que me quita parte de la culpa aceptarlo en voz alta—. Supongo que sí.

Des se levanta de mi lado. Se estira un poco para entonces quitarse el anillo y extender sus alas. Esas preciosas alas negras me generan intimidación y admiración cada que las veo. Son una obra de arte digna de admirar.

Como es habitual en él, se recoge las mangas, exponiendo sus tatuajes.

—Estás babeando —bromea Vincent—. Límpiate aquí —señala su barbilla.

—Cállate —ofendida le tiro la almohada decorativa.

La toma en el aire y ríe; sabe que no estoy realmente ofendida. Hasta él no puede negar que su mejor amigo es una obra de arte masculina; digo, es un arcángel. ¿Qué ser más perfecto que eso?

—Llamaré a Danielle y Eleanor —anuncia.

Sin decir más se dirige a su oficina. Como siempre, este ángel no dice nada y todo a la vez. Me encamino detrás de él para que aclare por qué debe hacer eso. ¿Y ahora, de la nada, anuncia eso?

—¿Por qué? —exijo.

—Para que se queden a protegerte —se voltea cruzándose de brazos.

—No puedes pedirles eso —niego con la cabeza enérgicamente—. Agelos y Haniel pueden protegerme perfectamente.

—Las llamaré.

Vuelve a darse media vuelta, dejándome con la palabra en la boca. No pienso darle el gusto de poner en riesgo la vida de esas dos chicas que no tienen nada que ver conmigo, teniendo en cuenta que ya ambas nos hicieron un favor bastante grande. Danielle me protegió cuando hubo la invasión en su tienda. Aparte de hacerme la runa, perdió su hogar, su negocio. ¿Cómo puede pedir eso? Eleanor, por otra parte, nos dio la oportunidad de utilizar el oráculo y habló con él para que entendiera la importancia de nuestro destino. Sin ella no hubiera tenido un rumbo acerca de mí.

—No, Des, no puedes —lo agarro nuevamente por el brazo antes de que huya a su oficina—. Ya tomaron riesgos suficientes y lo sabes.

—Luce...

—Danielle me protegió en un momento donde su negocio se venía abajo, me aclaró muchas dudas. Fue de gran ayuda. No podemos pedirle que se arriesgue nuevamente por mí cuando no es su guerra.

—Des, ella tiene razón —dice Vincent.

Sorprendida, me giro para verlo detrás de mí. Me pone una mano en el hombro en forma de apoyo. Inhala antes de continuar.

—Eleanor también pudo haber corrido algún riesgo si los Maleficis se hubieran enterado de que estuviste en su casa. Mientras estos sacos de porquería andan en manadas, ellas corren más riesgo estando solas. No creo que sea apropiado pedirles que arriesguen su vida por Emma.

—No voy a discutir con ustedes dos...

—Desten —lo interrumpo sumamente frustrada—, ellas no pueden arriesgar su vida por mí. Jamás estaré lo suficientemente protegida. Debes confiar nuevamente en que las personas a tu mando harán un buen trabajo. Además, nadie sabe que iré al baile. Solo nosotros. Bueno, nadie que no trabaje para ti.

No le gusta la idea. Lo sé porque aprieta la mandíbula con tanta fuerza que, por un momento, creo que va a discutirnos otra vez. Sin embargo, lo medita. Nos mira unos segundos y acepta. Sin más, se da media vuelta y se encierra en su oficina.

Vincent exhala y me da unas palmadas de aliento antes de dirigirse al elevador.

—Será mejor que descanse —dice caminando sin voltear a verme—. Vamos a esperar que oscurezca para poder volar, así es más fácil camuflarse.

Sin más, el otro arcángel también desaparece. Yo quedo sola en medio de la sala con sus sacos y mis zapatos tirados por el suelo, pensando que realmente los voy a extrañar, aunque se vayan un día.

Lo más irónico es que no hemos estado separados desde que llegué aquí y saber que se tienen que ir no me genera ninguna seguridad, pero también sé que, si no le doy esa seguridad a Des, no querrá irse a hacer la misión. No puede protegerme por siempre, por más que él se engañe a sí mismo.