Capítulo 26 #3
—De nada, reina —me guiña el ojo—. También te traje estas medias para que no vayas descubierta, porque el escote puede llegar a serlo. Lo acompañarás con un sombrero pillbox con redecilla, unos zapatos negros de punta. Intenté que no sean tan altos, son Dior —dice emocionada—, son hermosos —observa los zapatos con admiración— y, finalmente, un bolso de sobre de mi marca. Es sobrio, me encanta el terciopelo. Siéntelo.
Me tiende el bolso para que lo tome entre mis manos. La verdad es que la tela es bastante suave, muy rica al tacto.
—Es cierto —concuerdo.
—Puedes usar ese bolso para tu graduación. Traje otros zapatos para ese vestido tan espectacular. Mis amigos de la marca René Caovilla me los dieron para la ocasión. Soy muy amiga del director creativo. ¿No son divinos?
Entre sus manos Ely sostiene unas sandalias que brillan como si estuvieran hechas de oro líquido. Son unas sandalias de tacón con detalles de pedrería al frente, con dos gotas de cristal que cuelgan sobre los dedos. Más arriba, una fina tira de flores se amarra al tobillo y, junto con esta, dos largas filas de pedrería también con lágrimas de cristal colgando que llegan al empeine. El tacón es fino, delicado. Justo para usar con un vestido tan espectacular.
—No tengo palabras para esos zapatos —digo sin aliento.
—Yo pienso que a alguien por ahí le gustaría verte con esos —Vincent me guiña el ojo y le vuelvo a tirar otra almohada.
—Cierra la boca —le frunzo el ceño.
Pasamos un rato más con Ely haciendo los arreglos necesarios para el vestido de mi graduación. Como siempre, ella es muy profesional, escucha todo lo que tengo para decir. Tiene la peculiaridad de hacerme cambiar de opinión para arriesgarme a eso que no pensé que haría. Incluso con el maquillaje y el peinado me dio sugerencias acerca de qué hacer. Yo prefiero escucharla a quedar como el ridículo con mis propias ideas cero creativas para esas cosas y es ahí donde termina la sesión.
Ya estoy bañada, en mi cuarto y con la barriga llena. La verdad es que ha sido un día bastante entretenido, dejando de lado la muerte de Émile. Mañana será el entierro de mi querido amigo y eso me rompe un poco el corazón. Aun así, debo seguir adelante. Sé que él habría querido exactamente eso.
Un toque en la puerta interrumpe mis pensamientos.
—¿Puedo pasar?
Pregunta Des desde el otro lado de la puerta.
—Sí.
Entra lentamente en la estancia. Deja la puerta entreabierta, dándole oportunidad a Eloa de que lo siga. La leoparda camina con la elegancia de siempre dirigiéndose hacia mi cama, donde da un salto impresionante para aterrizar con destreza. Se recuesta cerca de Luan, pero no a su lado, dejando un espacio entre los dos por su propia comodidad.
—Me gustaría hablar contigo.
—Claro —me acomodo en el sofá para oír qué tiene que decir—. No sabía que había algo de qué hablar.
Des se sienta a mi lado, ocupando el otro extremo del sofá. Trae en las manos una de sus copas de whiskey. Su semblante refleja seriedad, así que no puedo imaginar qué es lo que quiere hablar.
—Sobre tu baile... —empieza.
—Vincent me dijo que puedo ir, aunque sea una hora —protesto.
—Es cierto —asiente—, pero irás cuando regresemos de la reunión en Paradisum.
—¿Cuándo se irán?
—El viernes, después del funeral. Debemos estar aquí el sábado en la tarde.
El baile es a las seis de la tarde en el gimnasio del colegio. Por lo que, pienso que les dará tiempo de venir a protegerme antes de irme.
—Haremos una operación encubierta —niega con la cabeza mientras me toma de las manos—. Para mi desgracia, la mitad de mis agentes han sido retirados. Aún protesto por eso, pero Miguel fue firme en su decisión.
—¿Hablas del arcángel Miguel? —digo sorprendida por la mención de este ángel milenario.
—Quiero que entiendas, Luce, que tengo la mitad de mi equipo para protegerte. Por eso solo puedes pasar una hora allí y, aun así, me estoy arriesgando a que te hagan daño.
—Des...
—Déjame terminar —interrumpe.
Sostiene con más fuerza nuestras manos entrelazadas, haciéndome sentir su preocupación. No debe ser fácil manejarme mientras él no está aquí y más porque no tiene la paz de saber que estoy bien resguardada, como en el picnic.
—Necesito que entiendas que tu vida corre peligro o lo hará en cualquier momento si las cosas no salen como planeo.
—Des, lo entiendo —le aseguro.
—No, mírame —su mirada penetra mis ojos—. Quiero que me prometas que pondrás tu seguridad primero antes que la de los demás.
—Estás siendo exagerado.
—Promételo —insiste—. Si algo sucede, quiero que huyas y vengas al pent-house. No importa a quién dejes atrás, no pondrás tu vida en peligro.
—Des, no puedes pedirme eso —niego con la cabeza retirando mis manos—. ¿Cómo puedes pedirme eso? Jamás los dejaría a ti o a Vincent a la deriva por protegerme. Los amo como a mi familia, jamás les haría eso, jamás. Agelos y Haniel también han sido tan buenos conmigo. No puedo, Des —niego con la cabeza enérgicamente.
—No seas terca, Emma —me regaña—. Necesito que me garantices tu protección —dice alzando la voz y escrutándome con la mirada—. Todos los que estamos involucrados sabemos el riesgo de esto —vuelve a tomarme de las manos—. Fuiste mi misión desde el principio —hace una pausa—. Esa misión es protegerte. Sabes que lo haré con mi vida, si fuera necesario.
—Desten... —advierto.
—Luce, por favor —me ruega—, prométeme que te pondrás a salvo.
Su mirada me dice más de lo que sus palabras pueden transmitir. Quiero hacerle caso, quiero prometerle que seré egoísta y me pondré a salvo, pero tampoco puedo ver sufrir a los que amo. No puedo huir como una cobarde del peligro dejándolos atrás, no me lo perdonaría. Por otra parte, sé que, si algo me pasara, él no podría vivir con esa culpa o quizás sí, no lo sé, pero no me gustaría que viviera con la idea de que mi muerte fue su culpa si es que algo llegara a pasarme.
—Lo prometo.
Des parece visiblemente relajado por mi promesa. Me toma del mentón, plantándome un suave beso en los labios, otro en la frente, y se marcha. Ojalá mis palabras fueran ciertas y que Padre me perdone, pero crucé los dedos.