Dark Arcangelo Capítulo 26 #2
87%

Capítulo 26 #2

Yo hago lo que me dice. Tomo un bol de frutas con algo que parece un pudín de avena con muchos acompañamientos y eso es lo que me llevo a mi habitación para desayunar. El enojo se me pasa un poco al ya tener el estómago lleno y ver televisión un rato. Quiero llorar otra vez por mi amigo, pero sé que es algo que él no querría y, por más que me cueste aceptarlo, no estaba en mis manos salvarlo si él no quería ser salvado. No pude hacer nada al respecto, pero ojalá hubiera dicho algo antes. Quizás vender mi ropa o esos bolsos habría ayudado en su economía, aunque fuera un poco, y no hubiera tenido la necesidad de meterse con gente peligrosa. Me da alivio, en parte, también que los que me buscan no hayan estado involucrados en su muerte, porque si hubiera sido así, Des no me habría dejado salir jamás por el resto de mi vida, la cual sé que será muy larga.

—Lo he convencido —grita con satisfacción.

Vincent irrumpe en mi habitación con una sonrisa triunfante.

 —Des aceptó —sonríe de oreja a oreja—. Logré que te quedes una hora en el baile.

—¿Una hora? —pregunto como si eso fuera una idea para celebrar—. Eso no es nada, Vin.

—Mira, niña —me señala con el dedo índice enojado—, al menos conseguí una hora. Tú no hubieras conseguido nada. Alégrate de que podrás decir que fuiste.

 —Bueno, bueno —digo alzando las palmas en señal de paz—, gracias, supongo.

 —De nada —dice con sonrisa triunfante—. No es momento de relajarnos; por cierto, necesitamos un vestido o, bueno, dos.

—¿Para qué dos?

—Uno para el baile y otro para el funeral.

—No, no —rechazo la idea vigorosamente—. Tengo demasiados vestidos en ese clóset como para necesitar otro. Puedo usar alguno que tenga ahí y el baile es en dos días.

—Claro que no, ¿perdiste la razón? Espero que el duelo no esté afectando tu juicio —se coloca la mano en el pecho, ofendido—. Yo encargué dos. Ely viene en camino. No te preocupes por el tiempo, ella encontrará una solución. Iré a mi apartamento. Le dije a Haniel que me avisara cuando llegue, no pienso quedarme con esa bestia aquí.

—¿Disculpa? —ahora la ofendida soy yo—. Luan está muy tranquilo durmiendo. Además, te vi acariciar a Eloa.

—Sí, porque ella es decente. Sin embargo, este —observa a mi león con mirada juzgadora— es un salvaje.

—¡Oye! —protesto.

Antes de que pueda decirle algo más, sale de mi cuarto así como entró. Como un torbellino andante que solo sabe irrumpir en la vida de los demás. Sin embargo, no sabría qué hacer si no lo volviera a ver. Es familia, después de todo.

✦

Son más o menos las cuatro de la tarde cuando Haniel me comunica que Ely está en la sala de estar esperándome. Salgo de mi habitación para encontrarme con la diseñadora.

—Oh, Emma —Ely se me acerca, me planta dos besos en las mejillas para luego darme un abrazo de oso—. ¿Cómo sigues, reina?

—Un poco mejor, gracias por preguntar —genuinamente estoy agradecida por su gesto.

—Supe lo de tu amigo —su cara de pena me incomoda un poco, pero no quiero hacerla sentir mal—. Lo siento mucho. Mi más sentido pésame.

—Gracias.

 Nos tomamos de la mano un segundo. Ella me da un ligero apretón y lo agradezco porque no quiero más besos o acercamiento. Sus palabras son suficientes para mí. Sobre todo, porque no quiero volver a llorar por la muerte de mi amigo. Al menos no en público.

—¡Hey, llegaste!

Vincent saluda efusivamente a Ely con un beso en cada mejilla como viejos conocidos. Ella también le responde con dos besos y un pellizquito cariñoso en la mejilla. En las manos él trae una bandeja de bebidas con lo que parece un jugo verde, un café frío y otra cosa que parece ser algo caliente.

—Te traje un americano —le guiña el ojo.

—Gracias, corazón —Ely sonríe con picardía.

—A ti un té latte porque la verdad es que no sé qué te gusta, así que te traje eso.

Me tiende el té caliente con una sonrisa. Yo le agradezco de vuelta y soplo un poco antes de probarlo. Sabe delicioso, es como si el sabor del té se intensificara gracias a la leche caliente, que se siente súper espumosa. No sé cómo mi cerbero lo procesa, pero sabe demasiado bien y el sabor de la infusión es como menta con chocolate.

—Esto sabe espectacular, Vincent —le digo sorprendida.

—Me alegro de que te guste —también me guiña el ojo.

  El mencionado se sienta en el sofá listo para ver el espectáculo de vestidos.

—Tengo que hacer una confesión —Ely junta las manos con profunda preocupación—. No pude conseguirte nada mío. La verdad es que no he tenido tiempo de componer luego del fracaso que fue Lamia. Ya saben a lo que me refiero.

Ambos asentimos. Continúa.

—Tengo demasiados pendientes y ninguno de mis modelos me pareció apropiado para ti, así que vengo a ti como estilista y no como diseñadora.

 —¿Qué quieres decir con eso?

—Que tuve que pedir un favor, reina —coloca sus brazos en forma de jarra—. Vestidos ya hechos que se verán divinos en ti.

—Entiendo, entiendo.

—Dinos qué tienes en mente —Vincent se cruza de brazos.

Ely se sienta a mi lado. Desde lejos puedo notar el cansancio en sus ojos. Al final, el tema de Lamia/Lilith debió ser difícil para ella; tener que explicar cómo se dejó engañar, cómo no lo vio a tiempo o, sencillamente, qué hará sin un asistente. Imagino que, sin alguien que le dé esa ayuda, el trabajo acumulado debe ser horrible. Pobre Ely, no tuvo la culpa de nada, pero apuesto a que muchos dedos la señalaron a ella.

—Hablé con mi querido amigo Zuhair Murad —dice con una sonrisa en los labios.

—No te creo —dice Vincent sorprendido dándole un sorbo a su bebida verde—. Es un excelente diseñador. Su línea de mujer es sublime, sobre todo cuando se las quito a las modelos —alza ambas cejas sorbiendo nuevamente su bebida.

—Qué asqueroso eres —le lanzo una de las almohadas decorativas.

  Vincent ríe divertido por mi acción. Sé que el arcángel es un mujeriego que no deja sus pantalones quietos, pero la verdad es que él ha guardado mucho respeto con respecto a mí. Solo lo he visto coquetear en el baile de los ángeles, eso es todo. No anda con chicas por ahí, ni en su apartamento o en algún lado. Jamás ha dejado de protegerme por querer estar con otra mujer en una noche de pasión momentánea, es bastante admirable. Vincent es una de las personas más responsables que conozco junto con Des.

 —Tengo una paleta de colores hermosa, querida. Te encantará —hace un sonidito de emoción.

Agelos entra con un perchero con ruedas donde todos los vestidos están guardados cuidadosamente en fundas protectoras para prevenir cualquier incidente.

 —Te quisiera hacer otra petición —me giro para mirar a Ely.

Hace un gesto afirmativo esperando mi respuesta.

—Me gustaría que el vestido fuera negro.

—Emma, traje tantas cosas, no creo que debas precipitarte a...

—Por favor —le pido—. Tengo dos muertes que me pesan lo suficiente. Me gustaría usar negro por mi duelo, al menos en esta celebración.

—Emma, deberías al menos mirar los demás vestidos —desaprueba Vincent.

—No es necesario, cualquiera que sea negro y tú apruebes, Ely, puedo usarlo.

—Bueno... —dice esta pensativa— solo traje uno. Es un espectáculo, pero me hubiera encantado verte en otro color, reina.

—No esta vez —descarto esa idea—. Ya vendrá la ocasión.

Ella exhala. Sin embargo, no insiste. Entiende lo que le digo, así que se dirige al rack de vestidos para buscar el único vestido negro que trajo. Al verlo fuera del protector me quedo con la boca abierta. La pieza es preciosa, más de lo que mis ojos pueden admirar. Consiste en un vestido negro de cuello halter con un pecho con transparencias y pedrería dorada bordada en espirales en los lugares necesarios para que nada quede a la vista. El bordado cae debajo de la cintura sobre la falda. La falda no es amplia ni ajustada, sino que tiene una fluidez ligera con una gran abertura a un lado, dejando expuesta la pierna izquierda. Encima de este vestido está una capa negra sobre los hombros, igualmente bordada desde el hombro hasta casi la altura de la mano. Al igual que en el pecho, el bordado es como un espiral, pero en algunas partes, como en la falda, la forma es más de plumas o fuegos artificiales. Sencillamente una belleza que te deja sin aliento. Cualquier mujer con esto debe sentirse dueña del mundo.

—Magnificus —expresa el arcángel en un idioma que no conozco—, simpliciter magnificus.

—Est —contesta Ely.

—Es demasiado hermoso —sostengo la tela entre mis dedos para verla mejor—, pero no sé si es apropiado.

—¿De qué hablas? —dice Vincent en tono burlón—. Es perfecto.

  —Está muy descubierto, es un baile de graduación —me escandalizo—.

No creo que funcione.

—Podemos hacerle ajustes, reina, no te preocupes por eso —hace un gesto con la mano quitándole importancia—. Taparé lo que te preocupa y quedará apto para esa escuelucha tuya.

—¿Segura?

—¿Te he defraudado antes? —levanta una ceja.

—No —niego con la cabeza con una sonrisa, porque sé que está en lo cierto—, la verdad es que no.

—Bien —Ely deja el primer vestido de lado para tomar otro—. Este es el del velorio. Pensé que sería adecuado para ti. Es muy formal, pero adorable al mismo tiempo. Zuhair me dijo que este sería perfecto y yo coincidí.

Y es entonces cuando de otro protector saca un vestido negro corto, el cual es sumamente exquisito de admirar. A diferencia del vestido anterior, cuya tela es más fluida y sedosa, este es más rígido. Suave al tacto, pero no pierde su forma. La falda está recortada un poco por encima de las rodillas; la cintura es ceñida para que la falda tenga ese ligero corte en A que sobresale un poco. El corpiño es en corte corazón con mangas largas y dos botones plateados a cada lado del pecho. Es sencillamente uno de los vestidos más elegantes y minimalistas que he visto desde que me introduje en el mundo de los ángeles.

—Es sencillo —dice Vincent extrañado.

—De lo poco que conozco a Emma —se cruza de brazos Ely— sé que el minimalismo es lo suyo. No quería llenarte de holanes o algo por el estilo.

  —Y eso se agradece —digo con un tono aliviado.