Dark Arcangelo Capítulo 26
86%

Capítulo 26

Estamos todos en la oficina de Desten cuando un ligero toque en la puerta anuncia la llegada del capitán Gutiérrez. La cabeza de Haniel, con su perfecto cabello negro peinado hacia atrás, se asoma ligeramente para anunciar la venida del tan esperado invitado. Des le indica que pase.

El capitán se ve visiblemente más agitado desde que lo dejamos hace una hora en la librería de Émile. Con cansancio notorio se acerca al sillón, saca un pañuelo para limpiarse el sudor de la frente y exhala.

—Discúlpenme —dice el capitán, sonrojado por el calor—, pero desde que se fueron han pasado muchas cosas.

—¿Quiere algo de beber, capitán? —pregunta Vincent.

—Sí, por favor —acepta el capitán—. Agua estaría bien.

Vincent toma su teléfono para enviar un mensaje. Supongo que le dirá a uno de los dos ángeles que están en el pent-house.

—No es necesario que me des tu declaración —comenta el capitán con una mirada cansina—. La persona ya ha admitido su cargo de homicidio.

—¿Quién es? —Des frunce el ceño ante la noticia.

—No estamos cien por ciento seguros, hay que hacer más investigaciones —se rasca la abundante barba con matices blancos, señal de su envejecimiento—, pero creemos que el señor Adeyemi fue asesinado por problemas de deudas. Al parecer, el negocio no iba tan bien y fue acribillado por un sicario enviado a cobrar.

—No puedo creerlo…

Mi incredulidad hace que necesite sentarme para entender qué es lo que está pasando. No puedo creer que Émile haya estado metido en cosas tan peligrosas como esta. No puede ser posible.

—El negocio estaba presentando problemas económicos desde hace más de diez años, si no estoy tan mal. Según su contabilidad compraba más de lo que vendía. Además, por las veces que pasé por ahí, no veía tanta clientela como antes solía tener.

Un leve toque en la puerta anuncia que Agelos ha venido con una botella de agua que le entrega al capitán. Este la toma con agradecimiento y, así como entró de manera silenciosa, sale el ángel.

Yo, mientras tanto, pienso en lo que dijo el policía y es que lo peor es que pienso que tiene razón. De las veces que estuve ahí no vi más de cinco o seis clientes pagar por un libro; los demás solo pasaban por la vitrina observando detenidamente la fachada, como yo hice en su momento, y luego se iban de largo. Émile jamás mencionó problemas económicos o alguna queja referente a su economía. Sé que vivía en el lugar, pero digo, por lo caro de la zona, ¿quién no lo haría para ahorrarse gastos? ¿Por qué nunca pidió ayuda?

—Sí, el negocio fue de sus padres y él lo heredó —digo más para mí que para los demás—. Nunca habló de problemas financieros.

—Con todo respeto, señorita —dice después de tomar un largo sorbo de agua—, no creo que él quisiera hablar de sus deudas con una chiquilla como usted.

—Sí —me sorprendo un poco por su rudeza—, creo que tiene razón.

—¿Está seguro de que el sicario es completamente humano? —Des se cruza de brazos interrogando al capitán—. Quiero que me dé su palabra de que ha investigado de manera exhaustiva que la persona implicada no sea de mi mundo.

—Señor Zadeh —se levanta el capitán—, el asesino es un chico de veinticinco años que ya tenía una orden de arresto por otros cargos de asesinato en ciudades cercanas a la nuestra. Sus asociados —dice haciendo las comillas con los dedos para la última palabra— con los que trabaja no son de nuestros lares porque hemos podido exterminar ese cáncer de la ciudad —deja la botella en la mesa del centro y se acerca a ambos ángeles—. Así que sí, Desten, estoy completamente seguro. Su historial de crímenes es más amplio que un libro de biología. Sé con quién trato, muchacho. Tenemos sus huellas y ADN; es cien por ciento humano. Es el sospechoso número uno en este crimen. Hay testigos que aseguran que lo vieron entrar y salir de la librería anoche. Todo esto debe ir a juicio para ser más detallado. Por el momento es lo que sabemos.

—Bien —asiente Des tomando un sorbo de su whiskey—. Lo acompaño a la puerta.

El capitán se despide de Vincent de manera efusiva y luego de mí. Me da el pésame por la muerte de mi amigo de manera bastante brusca y finalmente sale de la oficina privada de Des junto con él.

—Yo también estoy tan sorprendido como tú.

Vincent se sienta a mi lado con una expresión atónita en su rostro.

—¿Sabes qué es lo peor del caso?

—Dispara.

—Acabo de enterarme de que su apellido era Adeyemi —hago una pausa intentando retener el llanto y el nudo en mi garganta—. Dime la verdad, Vincent —la voz se me quiebra mientras que las lágrimas ya se concentran en mis mejillas—. ¿Soy tan mala amiga que lo único que hago es pensar en mí?

—Oh, Emma —este niega con la cabeza—, nada de eso, querida. ¿Cómo puedes pensar eso?

—No conocía nada de él, nada. Una vez me comentó lo de sus padres porque yo estuve en una crisis antes del baile. De resto, no me dio la cabeza para preguntar si estaba bien o si necesitaba algo. Hablábamos de todo y nada a la vez… Oh, Vincent, por favor, no te enojes conmigo. Tú no.

—¿Cómo no voy a hacerlo si estás diciendo incoherencias? —me sostiene de los hombros e inhala para controlarse—. Era un adulto, Emma. Si decidió o no compartir cosas contigo fue su decisión, no la tuya. No tienes nada que ver en eso. ¿Está bien? —sus manos se afianzan en mis hombros con una firmeza que no llega a ser dolorosa.

—Pero…

—Basta —me corta de inmediato—. Su situación fue desafortunada, de verdad que lo fue. Pero ningún peso está sobre tus hombros por algo tan íntimo de compartir con cualquier persona. Nosotros somos tu familia y no te hablamos del dinero, ¿o sí?

—No…, pero —dudo un momento aclarando mis ideas— ustedes sí me comparten cosas de su mundo.

—Perteneces a ese mundo también, que no se te olvide. Y no, ahora tú no me pongas esa cara. Sea lo que sea que esté pasando con el conflicto de tu acogida allá, eres parte de nuestro mundo lo quieras o no —finaliza sin darme oportunidad de decir algo más.

Entre nosotros cae el silencio. Yo no puedo dejar de pensar en Émile y todo lo que pude hacer por él y Vincent, él, bueno, ni siquiera sé qué puede estar pasando por su mente.

—Así que ya no eres virgen —dice sin más.

Me quedo atónita por lo que acaba de decir. Juré que, por la gravedad del asunto de la muerte de Émile, ese suceso ni siquiera pasaría por su cabeza, pero a este arcángel nada se le escapa y cuando digo nada es nada.

—No es momento de hablar de eso, tú, entrometido —me cruzo de brazos y bufo en forma de protesta.

—¿Y te gustó? —alza las cejas de arriba abajo con un gesto juguetón—. Quiero detalles.

—Estoy de luto, por si se te pasó ese detalle —mi cara de irritación no se hace esperar—. Después hablaremos de eso.

Me levanto del sofá para dirigirme al refugio de mi habitación, pero la vida tiene otros planes porque Des aparece de regreso en su oficina.

—Me enviaron los informes para tener el contexto de lo que pasó —dice cerrando la puerta tras de sí—. Los leeré para asegurararme de que ningún detalle se le pasó por alto al capitán. Todo esto es de manera extraoficial, no tienen permitido mencionarle esto a nadie.

 —Yo no tengo con quién hablar de esto —se cruza de brazos Vincent.

 —Yo solo los conozco a ustedes dos —también me cruzo de brazos.

 Con paso firme se dirige a su escritorio, obviando que estamos ahí.

 —Necesito un tiempo solo —anuncia para despacharnos a los dos.

 —Des. Quisiera ir al velorio de Émile, por favor.

El mencionado me estudia por un momento y finalmente asiente, dándome su aprobación. Después toma asiento para volver a lo suyo, aunque yo aún no he terminado.

—También quisiera ir a mi baile de graduación. A Émile le hubiera gustado que fuera. Mi amigo jamás me hubiera perdonado si no escucho su consejo y no voy al evento. Además, después de todo lo que hizo por mí, no querría que el miedo me arrebatara una de las pocas cosas normales que todavía me quedaban.

—No.

—Des… —me toco el puente de la nariz porque sé cómo terminará esto.

—No está en discusión, Luce —dice tajante.

—Pero…

—Afuera —ordena—. Ahora —vuelve a ordenar, esta vez con más insistencia.

Hecha una furia salgo de la habitación como alma que lleva el diablo, cerrando la puerta tras de mí. Subo las escaleras sin escuchar las protestas de Vincent porque genuinamente no quiero lidiar con él ni con ninguno de sus comentarios impertinentes o que intente justificar a Desten porque está siendo injusto. Maldito ser egoísta, frustrante y desconsiderado. Cierro mi puerta de un manotazo, haciéndole saber a ese desconsiderado mi enojo.

 Unas horas más tarde, lastimosamente para mí, no he comido nada en todo el día, así que mi estómago retumba en protesta. Con la rabia aún hirviéndome la sangre bajo a buscar algo para ingerir, pero en el camino me encuentro con Vincent sentado en el sillón. Está extrañamente acariciando a Eloa.

 —Emma —se levanta al verme—, vamos, no te pongas así.

 —Solo vengo por el desayuno. No quiero hablar.

 —Oh, vamos, intentaré convencerlo. Si quieres voy contigo. ¿Qué te parece? —me sonríe con la sonrisa más convincente del mundo. —¿Harías eso? —le digo mientras me volteo a mirarlo dejando la puerta del refrigerador abierta.

—Claro que sí. Somos amigos, además quiero que me perdones por mi intromisión. Míralo como una carta abierta para mi perdón —me guiña el ojo—. Hablaré con el amargado —señala con el pulgar la oficina de Des.

 Lo medito un momento. Aunque la verdad no necesito meditarlo mucho; si él es capaz de lidiar con esto con Des y evitar que tenga que hacerlo yo, estoy muy contenta por eso.

 —Está bien, pero necesito un vestido.

—Llamaré a Ely. Iré a hablar con Des —se da media vuelta para ir a la oficina de su amigo—. Disfruta el desayuno.