Dark Arcangelo Capítulo 25
81%

Capítulo 25

Son las tres de la mañana, según veo en mi reloj, cuando escucho los juegos de Aslan en la cama. Él está mordiendo algo que no reconozzco y, al darse cuenta de que me he levantado a ver la hora, salta de la cama en dirección a la puerta. Acostumbro mis ojos a la poca luz para ir detrás del león. Me pongo el anillo para guardar mis alas antes de intentar alcanzarlo, pero es imposible porque me golpeo el dedo chico contra el borde de la cama al intentar caminar a oscuras. Maldita sea, es el peor dolor que puedes experimentar junto con el del codo.

Con dificultad camino detrás de Luan intentando no apoyar mucho el pie. El león, como la otra noche, entra sin permiso al cuarto de Des, pero esta vez la puerta está abierta. Eloa está dormida en el suelo, mientras que su dueño está sentado con un iPad en la mano y la luz de su mesa de noche encendida. Mira atentamente la pantalla sin inmutarse por lo que pasa en su habitación.

—Estás despierto —digo sorprendida.

—Sí —me contesta sin levantar la vista—. Me llegaron unos informes de lo más preocupantes. Decidí revisarlos para estar al día antes de irme a la oficina mañana.

—Pensé que estabas de vacaciones —mi voz suena más decepcionada de lo que pretendía.

—Sí y no —levanta la vista—. No puedo dejar mi trabajo desatendido, Luce. Si lo hago, muchos no comen.

—¿A qué te refieres con eso?

—Pasa.

Me señala el espacio a su lado en la cama, pero yo me siento en el borde con las piernas cruzadas.

—Sabes qué es lo que hacemos, ¿no?

—Eh... sí, claro que sé —digo convenciéndome más a mí que a él.

Sé que Vincent lo mencionó, pero ahorita mi mala memoria me juega en contra.

—Bien. Todos nuestros negocios funcionan sin fines de lucro. Los ángeles que trabajan aquí reciben compensaciones en moneda angelical y sus necesidades son cubiertas por Paradisum, así que el dinero humano no nos sirve de mucho. Por eso, todo lo que producen estas empresas se destina a financiar hospitales, orfanatos, becas y otras instituciones que creamos para ayudar a los humanos.

—¡Guau! —exclamo sorprendida—. No creo que se me hubiera pasado por la mente que ustedes tienen instituciones para ayudarnos.

—Tú no eres humana.

Por un momento me quedo en blanco ante el comentario de Desten. Estando en este mundo jamás me sentí pura como ellos, pero tampoco había pensado que en mi propio mundo no pertenezco.

—No, quizás no, pero me siento más humana que ángel. Los humanos no me han renegado hasta ahora —alzo ligeramente el mentón.

—Porque no saben lo que eres, Luce —me sostiene la mirada—. El día que conozcan lo que eres, no tendrán perdón.

—No creo...

—No te estoy preguntando —me interrumpe.

Me toma un momento volver a pronunciar palabra. Quizás tenga razón, si vieran lo que soy no me aceptarían del todo.

—Tienes razón —admito.

Veo a los felinos acostarse uno al lado del otro. Dormitan como si hubieran trabajado todo el día, todos los días. Así de cansados se ven y así de cansados descansan. Definitivamente es lo más cómico de observar, sobre todo por cómo Luan quiere estar pegado a Eloa, pero esta es un poco más parca con él, así que, medio dormida, se aleja.

De repente la luz se apaga, quedando todo a oscuras. No me di cuenta de que Des ya había dejado de leer lo que sea que estaba leyendo. Por andar de distraída.

—Oye —susurro—. Voy a irme.

—Puedes quedarte si quieres.

Lo siento acomodarse en la cama por el ligero movimiento del colchón. Con cuidado me levanto para no tropezarme otra vez. Por suerte, el dolorcito ya está pasando.

—Luce —dice Des desde la oscuridad—. Quédate. Por favor.

Y es en ese preciso momento cuando me pierdo. Escuchar la vulnerabilidad en su voz me golpea de lleno en la boca del estómago y me deja sin aire. Tal vez su lado misterioso, malo, desentendido y quién sabe qué más sea lo que vuelve locas a otras mujeres, pero a mí me gusta este. El amable. El protector. Ese lado lindo que casi nunca le muestra a nadie. No sé por qué, pero verlo así me acelera el corazón.

—Yo... —dudo un momento.

—Puedes decir que no si te incomoda —me asegura desde la oscuridad.

Su voz suena como si fuera un perrito perdido bajo la lluvia. Con esa inocencia con la que te pediría algo un niño. Quizás sea su niño interno, no lo sé, pero es adorable que quiera mi compañía y la verdad es que no creo poder negársela, después de todo lo que ha hecho por mí. Lo que ha hecho para demostrarme que él puede ser mejor de lo que es.

—No, está bien. Puedo quedarme.

Cierro la puerta detrás de mí. A gatas camino sobre la cama para ocupar el espacio a su lado. Me acomodo como puedo desde la familiaridad de esta cama en la que ya hemos dormido juntos, acurrucados. En esa ocasión él no pidió ni perdón ni permiso, como se dice. Simplemente hizo lo que quería, pero esta vez es diferente y eso despierta algo sensible en mi interior.

Lo siento darse la vuelta en la cama. Sin avisar, me sujeta por la cintura; su mano se cuela por debajo de mí y me arrastra hacia su cuerpo con un solo movimiento. Desde mi espalda siento todo de él. Siento su respiración caliente sobre mi nuca, sus largas piernas intentando encajar con las mías, su torso contra mi espalda y, sobre todo, mi trasero apoyado contra su miembro, el cual se siente bastante... más que bastante, creo que está erecto.

Poco a poco mi respiración se agita e, increíblemente, no me molesta; de hecho, es excitante saber que puedo excitar a este ángel, aunque no es la primera vez. En esta ocasión es algo que no sabía que deseaba tanto hasta que lo siento aquí y ahora, pero no sé qué hacer. Ni siquiera sabría cómo tocarlo.

Tampoco sé si estoy lista para esto ni si esta es la persona con la que imaginé mi primera vez, pero no quiero apartarme. Me siento segura aquí. Segura con él.

De repente siento sus manos haciendo círculos sobre mi camisón. Poco a poco solo me da caricias, simples, sencillas. Creo que puedo trabajar con esto. Su toque es suave; sus dedos se sienten callosos sobre mi delicado pijama de seda. No sé qué es lo que pasa, pero algo se siente más húmedo en mi entrepierna y palpitante. No sé qué palpita, quizás sea un tic nervioso o algo, pero no deja de hacerlo, como mi corazón, como un pequeño punto específico. Esto se intensifica al subir Des la mano sobre mi pecho, sin llegar a tocar realmente mis senos, pero sí pasando peligrosamente cerca para sentirse deliciosamente tentador. Él, mientras tanto, se siente de lo más duro que jamás lo he sentido. Puedo sentir su erección, su respiración un poco más agitada y cómo se pega aún más a mí. Sus caricias van in crescendo; sus manos ahora se deslizan sobre mis senos e inmediatamente mi cuerpo se tensa, porque es una zona inexplorada por cualquier persona, incluso para mí.

No sé qué tienen las manos de este ángel porque pasa sus dedos por mis pezones, ya erectos por el roce entre la yema de sus dedos y la suave tela del pijama. Mi cuerpo sigue tenso. Des, al notar esto, me reparte suaves besos por todo el cuello. Automáticamente, sin ningún permiso, mi cuerpo se arquea ante el roce de sus dedos y la piel de gallina que me dejan sus suaves besos sobre mi cuello desnudo, provocándome una deliciosa sensación de hormigueo. Por todos los cielos, qué maravillosa es esta sensación.

—Puedo detenerme, Luce —interrumpe mis pensamientos susurrándome al oído.

Sé que es una trampa porque, por un segundo, sus dedos abandonan mis senos para deslizar su mano por todo el costado de mi cuerpo, dejando caricias ardientes sobre la curvatura de mi figura. Su propuesta es tentadora. Puedo detener todo aquí y ahora, sin nada de qué arrepentirme mañana, pero me siento segura, me siento excitada y, sobre todo, quiero hacer esto. Quiero atreverme a hacer algo impulsivo sin que tenga una verdadera consecuencia sobre mi seguridad.

—No... —digo como puedo con el pecho agitado—. No te detengas.

Y eso fue suficiente para continuar. No más hablar, solo sentir.

Pero antes de eso lo siento bajarse de la cama, dejándome desconcertada por un segundo. Lo escucho mover algo en el suelo, susurrarle algo a Eloa, me parece, y después cerrar la puerta tras de sí con un “clic”. Ha sacado a ambos felinos y, como Luan sabe abrir puertas, le ha echado el candado. Quiero reírme, pero es imposible cuando él escala poco a poco sobre mí.

Yo me acuesto para recibirlo. Él va dejando un rastro de besos por todo mi cuerpo que me hacen alucinar de desesperación. No sé qué quiere mi cuerpo, pero se siente incontrolable. Quiero que me toque en esos puntos que, hasta esta noche, ni siquiera sabía que podían despertar.

Luego de recorrer todo mi cuerpo llega a mis labios y, con una pasión jamás conocida, este ángel me besa. No, no me besa, me consume con un ardor inexplorado para mí. Me toma con sus labios, tan suaves y húmedos; me besa con fuerza y delicadeza a la vez. Siento la urgencia en su beso al succionar mi labio y al mezclar su lengua con la mía. Sus manos me recorren por completo, desde la pierna hasta mis nalgas, dándoles un ligero apretón que me enciende como llama viva.

Mis manos no hacen nada porque realmente no sé qué hacer. Lo único que puedo hacer es dejarme acariciar por este ser hasta consumirme de adentro hacia afuera. Me sube el borde del camisón hasta tocar mi ropa interior, provocando que la expectativa crezca porque quiero que me toque ahí, justo ahí donde mis bragas se sienten tan húmedas. Vuelve a subir la mano para quitarme una de las tiras y dejar uno de mis pechos expuesto al frío de la noche. Inmediatamente mi pezón se endurece y el arcángel, con manos expertas, me masajea con una delicadeza que evita tocar exactamente eso que quiero, lo que me pide a gritos que lo haga. Me siento tan vulnerable, tan deseosa. Quiero que me toque por todas partes.