Dark Arcangelo Capítulo 24
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Capítulo 24

Estoy sentada cómodamente en el comedor de Vincent, aún con mi pijama. El arcángel está entretenido terminando de emplatar nuestros platos, colocando un par de frutos del bosque. Según él, decidió hacer algo rápido e hizo unas crepes para no quitarme la ilusión de comer pancakes porque le comenté que me gustan mucho y también los waffles. Por lo que henos aquí, después del desastre del desayuno de hoy gracias a Des y su mal carácter. Aunque, estando aquí, se me ocurre una interrogante que no le cuestioné antes a Vincent.

—¿Podrías hablarme de los Nefilim? —pregunto con curiosidad.

Vincent coloca el plato con dos crepes perfectamente dobladas, rellenas de una crema blanca, con un hilo de chocolate y fruta fresca alrededor. El plato parece una verdadera obra de arte.

Le doy un mordisco y lo primero que percibo es el yogur dulce, seguido por la suavidad de la masa. Al final, la combinación de la frutilla y el chocolate amargo deja una acidez sutil y un amargor delicado que resultan agradables al paladar.

—Dispara.

—Solo mencionaste que nacen de la lujuria —elevo ligeramente los hombros.

—Así es. Hay una gran diferencia entre semi-ángeles y Nefilim. Ambos nacieron de una unión entre un ángel y un humano, pero la gran diferencia es el motivo de la concepción. Así como a la mujer le afectan los sentimientos negativos en el ADN, así mismo puede variar el ADN de un ángel dependiendo del motivo de su concepción. Nosotros nacemos de manera diferente, como ya sabes. Somos creados, no nacemos de una mujer, pero como este cruce entre especies no debió haber pasado son una rara variación que se distingue principalmente por lo que mencioné. Cuando empezaron a nacer los primeros Nefilim y semi-ángeles nos dimos cuenta de las diferencias claras. Por ejemplo, los Nefilim son fuertes, pero no más que nosotros o que tú. Ellos carecen de alas, de algún sentido de empatía o de humanidad. Ustedes les dirían unos psicópatas en épocas actuales. En la antigüedad, en cambio, se decía que eran unos gigantes. Eran notablemente más grandes que un humano normal, por eso el nombre dado. También nacieron semi-ángeles, lo contrario a ellos: seres con empatía y humanidad. Con alas, pero diferentes a las nuestras, como bien sabes. Con esa marca característica en tu brazo y el tinte al final de tus alas. Padre no supo qué hacer con esos ángeles que ultrajaron humanas, así que su castigo fue el exilio en la Tierra, encerrados en una prisión debajo de unas catacumbas, mientras que con los Nefilim se ordenó un exterminio. Se llamó la Gran Purga de Vitium Caelestis. El diluvio fue la historia que le dejamos a la humanidad. Muchos ángeles fueron enviados a esa cacería. Se supone que no debería quedar ninguno en el mundo. En el caso de los semi-ángeles, con ustedes no podíamos hacer nada. No pertenecían a nuestro mundo ni al humano; una raza completamente nacida sin un lugar en el cual establecerse. Así que empezaron a ser cazados por los Maleficis y es así como tampoco quedó ninguno de ustedes.

—Nos cazaron sin piedad... —murmuro sorprendida, casi sin aliento por esa confesión— y Padre no hizo nada para detener eso.

—No lo veas así, Emma... No teníamos elección. No eran permitidos en Paradisum.

—Pero tampoco estábamos a salvo en la Tierra, Vincent. Nos masacraron. Como quieren hacerlo ahora conmigo —musito.

—Emma... —exhala con cansancio.

—Por favor, continúa.

—Bien, como decía. Fueron exterminados por la maldad en su corazón. Eran seres totalmente agresivos que aterrorizaron la vida de los humanos. Consumieron todo lo que veían a su paso, todo lo que la Tierra les brindaba y, cuando eso no fue suficiente, entonces empezaron a lastimar humanos y es ahí donde intervenimos. Gracias a los cielos, su semilla no era tan fuerte como para producir descendencia.

—¿Quieres decir que no pudieron tener hijos? —la idea me atraviesa de golpe—. ¿Yo tendría algún problema?

Si los Nefilim no podían tener hijos, ¿qué hay de mí?

Vincent se toma un momento para masticar un pedazo de su desayuno. Con dificultad traga y bebe un sorbo de su té antes de continuar.

—No lo sé, Emma. Los tuyos nunca llegaron a una edad adulta de reproducción y los pocos que sí lo hicieron vivieron escapando hasta que desapareció el último. Tenía veintiún años. Su edad de maduración es a los veinticinco años terrestres, cuando todo en ustedes está listo, madurado. Incluidas tus alas. A los veinticinco dejas de envejecer y, como nosotros, te quedas con esa edad en específico. Tu cuerpo no envejece, pero tu mente sí.

—¿No envejeceré? —La inesperada respuesta volvió a descolocarme.

—No realmente, pero no tenemos prueba alguna, Emma. No pudimos estudiarlos en profundidad, solo ciertas notas tomadas por los encargados de los continentes en su momento que se reunieron con los tuyos. Luego de esa masacre al principio de los tiempos, Padre condenó todo contacto con los humanos. Debían proteger sin ser vistos. No involucrarse en ningún asunto. Claro que hubo más nacimientos, pero uno o dos cada siglo. Después de la Gran Purga, si volvía a concebirse un Nefilim se aniquilaba al infante antes de nacer; nacían sin vida por condena de Padre. Si era semi-ángel no se podía eliminar algo nacido del amor, como los humanos lo son, bueno, muchos de ellos, por lo que ahí corrían con suerte porque no representaban un peligro real. Algunos muy antiguos, como el descendiente del séptimo después del primer creado, el escriba, el llamado Ḥanokh, hijo de Jared, escribió los antiguos testamentos que mencionan esto que te estoy contando. Él fue uno de los escritores antediluvianos. Sus libros fueron borrados de la humanidad y resguardados en Paradisum.

—Supongo que los Nefilim entonces no pueden subir al cielo como yo —me meto otro bocado de la deliciosa crepe.

—No, no realmente.

Hay otra pausa en la que ambos intentamos terminar el desayuno, pero la curiosidad todavía pica en mí, por lo que decido hacerle más preguntas.

—¿Qué pasó con los ángeles que tuvieron descendencia, los que fueron castigados aquí en la Tierra?

—Una vez desterrados se les arrancaron las alas. Fueron encarcelados debajo de unas catacumbas en los confines de tu mundo, con barrotes tan gruesos y tan fuertes que ni siquiera Lucius los ha podido liberar. Tienen demasiada energía angelical para que él pueda hacer algo. Desde entonces no se sabe mucho de ellos, solo que algunos ángeles son enviados a custodiar esa celda para brindarles alimento y vigilancia. Cada cierto tiempo se cambia la guardia por turnos.

—Entonces, si ellos fueron traidores... ¿por qué a Sebastián no le pasó lo mismo?

—El tema con tu padre... —dice pasándose los dedos por el cabello en señal de incomodidad.

—No es mi padre —lo interrumpo.

—Bien, bien. El tema con Sebastián es que era un guardián primerizo de bajo rango. Estos ángeles que fueron condenados eran de alto rango, conocían las reglas y, aunque Sebastián también las conocía, no fue tan duramente juzgado por su posición. Al final es un guardián y la vida de tu madre iba a estar en riesgo.

—Pero si le arrancaban las alas, mi mamá... —dejo el comentario a medias.

—Todo su poder se iría y tu madre quedaría desprotegida.

—Pero podrían asignar a alguien más.

—No funciona así, Emma —Vincent toma otro sorbo de su té—. Sí o sí ese ángel está atado a ese humano hasta que su vida termine y por ninguna razón podemos terminar con la vida de ningún humano. Es una de nuestras reglas más sagradas.

—¿Entonces si Sebastián muere qué pasaría con mi madre?

Vincent se toma un momento para observar algo que llama su atención dentro de su té. Es eso o no encuentra las palabras para decirme lo que sé que va a decirme.

—Quedaría desprotegida —sigue sin levantar la mirada—. No se puede reemplazar o abandonar el puesto de guardián. Una vez asignado, la vida de ese humano está en manos de su ángel. Si este ángel muere, el humano por consecuencia pierde la conexión de protección y bueno... ya sabes. Si el humano muere, el ángel entonces puede ser liberado de sus obligaciones y reasignado o vuelve a Paradisum y, según nuestras reglas, ningún humano...

—Puede ser asesinado —continúo.

—Así es. Así que el castigo de tu padre fue quedarse aquí en la Tierra sin realmente acercarse a tu madre o a ti, aunque tú le brindabas esa protección a tu madre mientras estuvieras con ella y, bueno, la otra desventaja es que cuando pasas demasiado tiempo lejos de casa tus poderes empiezan a disminuir debido a que no estamos en nuestro reino original, el que alimenta nuestra alma. Por lo que, en estos momentos, tu padre no sería más fuerte que tú. En el juicio, luego de ser encontrado, se dictaminó lo que ya te mencioné. Él tiene dieciocho años sin pisar nuestras tierras; sus poderes son casi nulos. Lo único que conserva es el poder innato con el que nació: ser un guardián. Por el momento se les permite estar juntos a tus padres por la protección de tu madre, pero nunca debieron verse. Aún es un misterio cómo pudieron encontrarse. Mientras estuvieran alejados el uno del otro, tu madre era vulnerable. Fuiste lo único que la salvó de muchos peligros solo con la energía que irradiabas sin siquiera haber desarrollado tus poderes. No era una energía fuerte como la de ahora, pero sí estaba presente. Así llegaron a matar a los tuyos, incluso de niños. Aunque los Maleficis esperaban a los dieciocho, los menos impacientes ni eso. Tu gente se dedicaba a huir y, como no eran muchos, no se tienen tantos registros. La verdad es que la historia de tu raza es bastante lúgubre.

—Sí, ya veo —es lo único que puedo decir, completamente aturdida por todo lo que acabo de descubrir.