Dark Arcangelo Capítulo 23
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Capítulo 23

—¿Te puedo hacer otra pregunta? —Esta vez deja de lado la botella y se recuesta sobre el árbol que nos está protegiendo del sol.

—Sí, claro.

Se toma un momento, como si estuviera formulando la pregunta en su mente. Eso significa, o al menos es lo más probable, que no sea una pregunta fácil de contestar, pero Des no es el tipo de ángel del que puedas adivinar qué pasa por su mente, por lo que puedo estar equivocada. Escojo un rollo de gimbap y lo mastico poco a poco. El aceite de sésamo, el arroz, la tuna, la espinaca y el huevo invaden mi lengua en ese orden. A Vincent le ha quedado riquísimo.

—¿Qué piensas sobre lo de tu papá? —me observa con curiosidad.

Él sabe lo difícil que es el tema para mí y realmente no es algo que me haya planteado, aparte de hervir en ira cada vez que Sebastián es mencionado.

Me toma un momento terminar de masticar antes de responder.

—Bueno, no es algo en lo que realmente haya pensado. Solo sé que no quiero tener ninguna relación con él. No fue un factor importante en mi vida antes, cuando realmente lo necesité, ¿por qué tendría que serlo ahora?

—No tuvo opción.

—Sí la tuvo —digo tajante—. Siempre hay opciones, siempre hay una manera de decir las cosas y decidieron mantener todo en secreto, según ellos, por mi seguridad —digo lo último haciendo comillas con los dedos—. Seamos sinceros, ¿nunca se les ocurrió cómo reaccionaría? Mis padres están tan obsesionados el uno con el otro que se les olvida que tuvieron una hija de la cual hacerse responsables.

—¿Y ves mala esa obsesión? —pregunta llevándose un pedazo de queso a la boca.

—Sí, obvio que sí. No es normal esa obsesión que tienen el uno por el otro. ¿Sabes qué se siente enterarse de que tu mamá te abandonaba no por trabajo, sino para estar con él?

—Sí suena mal. Creo que, si el contexto hubiera sido distinto, te habría gustado que tus padres se amaran como lo hacen.

—No creo. Es estúpido. Y humillante.

—Emma... —Des exhala mientras niega con la cabeza—. Eres joven, muy joven. El día que encuentres ese amor al cual aferrarte, no querrás dejarlo ir. Lo más sano es que los padres no se olviden el uno del otro cuando llegan los hijos porque, al final, los hijos se van y ellos son los que se quedarán juntos en el hogar. Lo digo por mis propios padres. Ellos se aman con locura y nunca hubo una negligencia hacia nosotros como en tu caso, pero siempre se prefirieron el uno al otro porque en un futuro ya no estaríamos en casa y eso fue lo que pasó. Ni siquiera estamos en Paradisum para frecuentarlos. Vincent y yo estamos ocupados todo el tiempo y, al final del día, solo están ellos dos. Los ángeles, al igual que los humanos, amamos de la misma forma, pero la diferencia es que nuestras relaciones o matrimonios duran milenios, mientras que los de ustedes duran poco más de setenta años.

—No lo sé, Des. No creo jamás encontrar un amor que me inspire tanta devoción.

—Bueno... —arquea una ceja y me dedica una media sonrisa— ya somos dos.

Hay otra pausa después de su confesión, que me hace querer romper el hielo inmediatamente para preguntarle algo que hace rato me ronda la cabeza.

—Ya que nos estamos confesando, ¿podrías decirme cómo te convertiste en uno de los líderes del continente y alcanzaste un rango militar tan alto siendo un arcángel? —Algo parece gustarle de mi pregunta porque la comisura de su boca se eleva apenas—. La verdad es bastante impresionante.

—Al salir de la academia te asignan ya sea a servicio en Paradisum o en la Tierra. La mayoría de los arcángeles somos asignados a la Tierra. Los ángeles guardianes, como Sebastián, sí o sí cumplen servicio en la Tierra por su tipo de trabajo, pero los demás son escogidos o no según Padre y el consejo. Todo es muy burocrático. El consejo no quería enviarme, pero Padre intercedió por mí —esto último lo menciona con molestia.

—¿Y eso es malo? —inclino ligeramente la cabeza—. Al final fue una ventaja.

—No me gusta la preferencia o el favoritismo. Prefiero que mis méritos sean los que hablen por mí.

—¿Y si tenías todo lo necesario? —cambio el tema intentando que ese resentimiento que carga no salga a flote.

—Sí, claro que lo tenía, pero el consejo toma en cuenta los años escolares y el comportamiento. Como ya sabes, no fui el más fácil de todos y eso opacó todo lo demás. Padre logró convencerlos de al menos dejarme ser asistente y así comencé. Del anterior líder de las Américas. Mi exjefe me dio la oportunidad de reemplazarlo en varias ocasiones y fue ahí cuando pude sustituirlo tras su retiro.

—Pensé que sería algo más, no sé... —digo extrañada de que no fuera algo más emocionante— ¿fantástico?

—Nuestro mundo y nuestra jerarquía funcionan de forma muy parecida a los de ustedes. Me preparé para el puesto, para ejercer. He dedicado mi vida a ello.

Asiento en señal de comprensión. La vida de Des no ha sido fácil. Luchar con esos demonios internos debe ser horrible..., pero, a diferencia de otras personas, tuvo personas que vieron la capacidad que había en él y eso es lindo. Saber que alguien confía en que harás un buen trabajo cuando ni tú mismo sabes si lo lograrás. Al parecer Padre puede llegar a tener buenos actos. Eso es nuevo.

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Gracias a todos los cielos y al esfuerzo de los ángeles en guardia, todo salió bien y no hubo ningún problema en el regreso. Me sentí mucho más segura sabiendo que estábamos vigilados y, sobre todo, por todo el batallón de carros, armas y personas disponibles para protegerme a cualquier costo. Otra cosa que no sabía que podía llegar a gustarme es sentir esa comodidad de saber, por primera vez, qué pasa por la mente del arcángel. Conocer un poco su pasado desde su punto de vista y no desde el de su mejor amigo es refrescante. Es bueno saber que confía en mí para contarme sus asuntos personales. A nivel emocional este picnic fue positivo para mí porque me hizo sacar cosas que estaban en mi mente y que no sabía que tenía. Es como quitarte un peso de encima que no sabías que llevabas.

Quizás esto no sea considerado una cita, pero esta salida me encantó.

Ya estamos en casa después del picnic e, inmediatamente al llegar, Des se mete en su oficina para revisar algunos correos. Como no tengo nada mejor que hacer, subo a mi habitación, me tiro en la cama junto a Luan y sigo leyendo un rato hasta que cae la noche.

Sacándome de mi concentración, alguien toca mi puerta repentinamente, dejándome a medio leer una de las partes más interesantes.

—Adelante.

La puerta se abre de golpe, pero no alcanzo a ver quién es cuando Luan ya está en guardia sobre la cama y la puerta se cierra de un azotazo.

—¡Saca a ese gato de ahí! —grita el desconocido desde el otro lado de la puerta.

—¡No puedo, es su habitación también, Vincent! —grito reconociendo la voz.

—Entonces sal tú y déjalo encerrado —vuelve a gritar desde el otro lado.

Ruedo los ojos al cielo dejando el libro a un lado.

—Quédate aquí —le digo a Luan haciéndole cariñitos detrás de las orejas.

El león estira las patas en un ronroneo para intentar jugar conmigo, pero vuelvo a decirle:

—Quédate.

Se pone más juguetón. Pasa sus patas con las garras retraídas sobre mi pecho, tirándome hacia atrás. Acerca su gran cabeza hacia mí, frotándose entre mi hombro y mi cuello.

No quiere que me vaya. Estuve fuera todo el día, pero el deber llama o, al menos, Vincent, y no sé por qué.

—Luan, me entiendes en tu mente, puedes entenderme verbalmente —me esfuerzo por levantarme de su agarre—. Quita. Tus. Patas. —me esfuerzo nuevamente, pero el león no afloja el agarre—. Luan, vuelvo en un rato, en serio. Mañana pasaré un día entero contigo, lo prometo.

El león sigue jugueteando conmigo, pero termina soltándome con mucho esfuerzo. Al salir de la habitación escucho a un frustrado Vincent caminando de arriba abajo por la sala de estar.

—No es posible —dice tomando un sorbo de su jugo verde— que nadie pueda —toma otro sorbo— caminar aquí sin que esas bestias estén por todas partes.

Finalmente, luego de casi hacer un agujero en el suelo, se deja caer estrepitosamente en el sillón.

—¿Y a ti qué te sucede? —me lanzo al sillón contrario—. Son mascotas, Vincent.

—No, Emma —me señala enérgicamente—. No lo son. Son animales salvajes en cualquiera de los dos mundos.

—Pero tenemos la conexión, Des y yo. Se supone que eso no pasa muy a menudo.

—Ya lo sé, pero no son animales de la Tierra, sino de Paradisum e, incluso allá, están al aire libre, donde pueden cazar y hacer las cosas que los felinos hacen. No lo sé, Emma. Pienso que un día de estos puede arrancarte la cabeza.

—Vincent, no seas dramático.

  Me levanto de donde estoy para buscar algo de comer cuando veo un plato de lo que parece una sopa bien caliente, humeando, con el mejor olor del mundo.

—¿Hiciste eso? —le pregunto a la espalda de Vincent porque no se vuelve a mirar en mi dirección.

—Ajá —dice mirando su teléfono—. Se llama pho, es un platillo vietnamita. Lo hice anoche mientras cocinaba lo de su cita y... —esta vez sí se gira mirándome pícaramente, con su buen ánimo de siempre de vuelta— ¿se besaron? —levanta ambas cejas dos veces.

—No es asunto tuyo —siento mi piel erizarse ligeramente—. ¿No tienes algo mejor que hacer que interrogarme? Ve con Des, él te dirá lo que quieres saber.

El mencionado resopla con frustración. Se levanta del sillón y se recuesta sobre el respaldo, cruzándose de brazos mientras me mira con expresión seria.

—Sabes perfectamente que Des no dice nada y yo no iba a entrar con ese gato recostado en el sillón como Pedro por su casa. Gracias. Además —resopla con más fuerza rodando los ojos al cielo— todo lo que recibí fue que me largara —dice intentando imitar la voz profunda de Des—. Idiota.

—Vamos, Vincent, no te pongas así.

Intento dar un sorbo a mi sopa, pero está tan caliente que me quemo la lengua.

—¡Demonios, está caliente! —tiro la cuchara a un lado haciendo un reguero sobre la mesa.

Vincent vuelve a resoplar con frustración, agarra su bebida de la mesita y se dirige a la salida.