Capítulo 22 #3
Des no es el tipo de hombre —o más bien de ángel— que inicia una conversación. Me he dado cuenta de que, a menos que sea una orden, no es normal en él conversar solo porque sí, ni mucho menos con personas que no sean de su confianza o que no sepan sacarle conversación. Y honestamente no soy el tipo de persona que siempre sabe qué decir en los momentos precisos. A veces prefiero callarme antes de decir algo estúpido, cosa que pasa a menudo, así que aprender a callarme fue necesario.
Pasamos un tiempo en silencio. Más que todo masticando la cantidad astronómica de comida que Vincent nos preparó. Des solo sabe asentir cuando le pregunto qué le parece la comida y yo asiento porque tampoco tengo mucho que decir. Todo está delicioso, honestamente, pero más de ahí no avanzamos; solo hacemos comentarios sobre la comida.
Yo me distraigo observando a las familias jugando cerca de nosotros, los niños con sus padres ya sea tirando una pelota o jugando junto con sus mascotas, y se me viene una pregunta a la cabeza que no sé si a Des le vaya a gustar. Aparte de lo que Vincent me ha dicho de su vida, él jamás ha mencionado a sus padres ni la relación que tiene con ellos. Es más, si no hubiera sido por su mejor amigo, yo jamás habría adivinado que tienen familia o algo por el estilo.
Dudo un poco antes de hacer la pregunta, pero me carcome tanto por dentro que, de manera muy impulsiva, la suelto.
—¿Podrías hablarme de tus padres? —pregunto sin más.
Des está a medio beber la botella de agua cuando se detiene repentinamente por mi pregunta. Lentamente baja la botella de sus labios y me mira un poco confundido. Supongo que se pregunta cómo sé esa información.
—Vincent —aclaro.
El arcángel asiente, tapa la botella de agua y, con una mirada pensativa, sostiene esa misma botella entre sus manos.
—No tienes que contestar si no quieres —digo quitándole importancia porque sé que no es un tema del que prefiera hablar y no quiero incomodarlo—. Solo me llamó la atención que nunca hablas del tema o, realmente, nunca hablas de nada. Pero no importa si no quieres, no es un problema.
—Emma —interrumpe mi diarrea verbal—. No es un problema.
—Oh... Okay.
Mira un momento más la botella de agua como si todos sus recuerdos estuvieran contenidos ahí, esperando a que él les diera uso o simplemente recordara los buenos y malos momentos que imagino habrá tenido.
—Mis padres son buenas personas —comienza aún cabizbajo—. Me criaron de la mejor manera que pudieron. Ellos y Padre dedicaron sus vidas a criarnos. Nunca antes habían decidido criar, hasta que fueron escogidos. Los ángeles se pueden colocar en una especie de lista de espera para poder ser seleccionados. Solo los mejores en todos los aspectos son escogidos —dice al ver mi cara de confusión—. Ellos me acogieron cuando mis padres originales murieron en una misión enfrentando a unos demonios.
—Lo siento mucho, Des.
—Nunca los conocí, era un bebé —hace un gesto despreocupado—. Nuestros padres intentaron criarnos de manera justa, siempre pensando en los dos y sin preferir a uno sobre otro. Un día se me reveló el destino de mis verdaderos padres. Después de eso llegó una rabia incontrolable y un deseo de venganza. Padre siempre vigiló de cerca mi crianza, pero al mis padres no poder conmigo decidió acogerme. Por ser diferente. Nací con las alas negras y eso siempre fue un distintivo de discriminación entre mi gente, incluso con la protección de Padre —hace una pausa mientras exhala jugando con la botella entre sus manos—. Siempre fui el bicho raro, el que no encajaba, el diferente, y esa rabia y resentimiento se incrementaron de una manera exponencial. A veces me daban ataques de ira luego de que alguien se metiera conmigo. Entre varios tenían que sostenerme. Nadie podía controlarme, solo Padre y, para calmar esa ira, decidió aumentar mis años de servicio militar. Cuando vas a nuestra escuela te enseñan tanto tus dones naturales, por ser arcángel o cualquier otra categoría, como prácticas militares; ambas van de la mano en tu educación. En mi caso, una vez terminadas ambas, Padre decidió dejarme más años en el colegio solo en el área militar para aprender disciplina en todas las áreas que pudiera.
—Prácticamente te volvió un arma —digo sorprendida.
—Si lo quieres poner de ese modo, sí, sí lo soy —esta vez me mira y sus ojos hablan por él—. Pero fue lo único que funcionó. Nunca entendí qué pasaba conmigo, por qué no podía controlarlo. Mis padres me visitaban junto con Vincent, que ya se había graduado y aceptó un puesto administrativo esperando a que yo saliera para poder ir al campo juntos.
—¿Hablas a menudo con ellos?
—No realmente. Con mi mamá hablo cada tres semanas y con papá cada dos. No sé si eso sea a menudo, pero no lo es para mí. A veces puedo pasar meses sin saber de ellos. Al final son ángeles en servicio y tienen cosas que hacer, al igual que yo. Intento visitarlos en Paradisum una vez al año para las fiestas de fin de año y nos quedamos dos semanas, o al menos yo lo hago.
—¿Con quién dirías tú que tienes mejor relación?
Toma un sorbo largo de agua antes de contestar, acabándose la botella y buscando algo que masticar en la bolsa de comida.
—Con papá —dice con una leve sonrisa.
—¿Y qué pasa con tu mamá? —pregunto con curiosidad porque, en mi caso, es al revés, ya que al mío recién lo conozco.