Capítulo 21 #4
—Siempre vamos a estar ahí para ti, Luce —dice Des entrelazando su mano con la mía.
—Eso lo sé —sonrío mirándolo por primera vez a la cara desde hace varios días—. Eso no quita que deba aprender a defenderme y, aunque las clases de Vincent fueron provechosas, me gustaría que las lecciones fueran más intensas. Cuando enfrenté a Lilith me di cuenta de que tengo una fuerza poderosa en mí sin desarrollar. Mencionaron que soy más fuerte que los humanos, pero no igualo la fuerza de un ángel. Sin embargo, para seres como Lilith, que fueron creados como humanos, creo que puedo tener cierta ventaja; lo mismo con los que buscan aniquilarme —hago una pausa acomodándome para observarlos a ambos—. De todo corazón quiero disculparme por mis palabras y pedirles que me enseñen a defenderme. No importa el costo. No sean suaves conmigo —digo mirando a Vincent—, porque ellos tampoco lo serán.
Ambos ángeles intercambian miradas durante un momento, meditando mediante su conexión telequinética o algo así, porque no sé cómo se comunican para ponerse de acuerdo, pero parecen haber llegado a un veredicto unos segundos después. Vincent es el primero en asentir y darme una respuesta, mientras que Des permanece en silencio unos instantes más.
—Vincent te entrenará en combate físico, mientras que conmigo practicarás las armas.
Des se levanta de mi lado, poniéndose de cuclillas delante de mí.
Estoy segura de que lo nuestro no es mera atracción; es más que eso. Ha crecido. Él lo sabe, yo lo sé, pero aún no estamos dispuestos a aceptarlo. ¿En qué momento pasamos del desagrado a lo que sea que sea esto? No lo sé, pero estoy agradecida de no tener que decir nada al respecto, porque percibo que él lo entiende.
—Sabes lo que haría por ti —continúa Desten—. Te protegeré, siempre. Aunque mi vida dependa de ello.
Ocupando el puesto de Des, Vincent se sienta a mi lado, tomándome de la mano y dándome un pequeño apretón familiar.
—Igual yo —confiesa el arcángel guiñándome un ojo—. Estamos juntos en esto.
Las sensaciones a flor de piel y el nudo en mi garganta, que me araña desde dentro, hacen que casi me atragante por las ganas de llorar. Por primera vez en mi vida me siento en una familia. No una convencional, pero una familia. Estos ángeles harán lo imposible por protegerme, por mi seguridad y por mi salud mental; sobre todo Vincent en lo último. Mamá intentó darme esa sensación de hogar y pude sentirla en ocasiones, pero pasaba tanto tiempo fuera que la soledad era mi única compañía. Jamás pensé que me sentiría en casa con estos dos seres. Me siento protegida como alguna vez lo hice con la familia de mi mejor amiga.
Ambos ángeles esperan una respuesta de mi parte. Las palabras no son suficientes, así que todo lo que hago es asentir mientras las pesadas lágrimas se desbordan por mis mejillas, nublando mi vista y cayendo sobre mi ropa. Des se levanta del suelo y me da un beso en la frente antes de dirigirse a su escritorio. Por otra parte, Vincent me seca una lágrima de la mejilla. Con hombres, o más bien ángeles, como Des, tan poco expresivos, he aprendido a ver esas microexpresiones en sus ojos, sus gestos y su lenguaje corporal. Quizás no es del tipo que te enamora con grandes demostraciones. El arcángel es de pocas palabras y grandes... o pequeñas acciones, que al final son detalles para mí. Puede llegar a ser terco y malhumorado en ocasiones, pero es un buen ángel. Sé que lo que dijo es cierto: daría su vida por protegerme.
—Bien —dice Vincent—, muy conmovedora la cursilería, pero debemos seguir trabajando, Emma.
—Sí, claro —río un poco avergonzada, limpiándome las lágrimas que me quedan—. Iré a terminar de estudiar. Tengo exámenes pronto.
Salgo de la habitación, dejando a ambos ángeles continuar con su trabajo, y me dirijo al segundo piso para seguir estudiando.
A mi habitación.
En mi hogar.
Con mi familia.
✦
El arma se siente pesada en mi mano cuando, al día siguiente, comencé mis entrenamientos con Des y retomé los que tenía con Vincent. Llegué al mediodía, luego de finalizar mi sesión de estudios. Agelos me trajo a las oficinas, más específicamente a mi antiguo lugar de entrenamiento, donde estaban encerrados los felinos. Nadie viene a este piso. Instalaron aisladores para que el ruido no perturbe a nadie ni despierte la curiosidad de aparecerse por aquí. Desde la fiesta, Liora ha sido más atenta conmigo y pasa cada cierto rato a ver si necesitamos algo o si hay que traer más bocadillos. La verdad, agradezco a los cielos su cambio de actitud. Sea lo que sea que ella sintiera por Des parece haberse esfumado o, al menos, calmado.
—Otra vez —ordena Des.
Acomodo mis pies en el suelo para no perder el equilibrio mientras vuelvo a recordar con cuál debo apoyarme primero. Luego, como dijo, inclinar las rodillas y hacer un chin hacia adelante. Bien, sigo. Apoyar los brazos sin tensarlos. Bien... bien.
—¿Emma, estás lista? —grita Des.
—¡No! —grito en respuesta, ya que con los auriculares de protección ni yo misma puedo oírme.
—¡Ahora! —grita este de regreso.