Dark Arcangelo Capítulo 21 #2
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Capítulo 21 #2

Émile y Ely vinieron ayer simultáneamente. El primero intentó darme ánimos con sus típicas bromas y, aunque funcionó un poco, no me sacó de mi estupor. La segunda vino a disculparse por no reconocer a Lilith. Al parecer, la primera mujer utilizó una especie de hechizo de Nigrum Maleficis para que nadie la reconociera, solo yo, pero como no la conocía de antes jamás la hubiera podido identificar.

El sonido del elevador me saca de mis tareas escolares, que es lo único que he conseguido hacer para distraerme, eso y estar en la sala con Luan y Eloa viendo los cielos a través de los grandes ventanales.

Mamá logró convencerme de salir de la habitación y Émile de que me quedara en la sala unas horas. Prometí hacerlo con la condición de estar sola, aunque Desten no estaba muy feliz. Tomó la decisión de volver a la oficina para que yo pudiera tener tiempo para mí, aunque realmente no estaba sola. Mis guardias siempre están cerca. Por suerte han entendido que no quiero intercambiar más de dos palabras.

Las puertas de los elevadores se abren y Des junto con Vincent caminan con cajas y más cajas, acompañados de otros empleados del lugar.

—Te traemos un regalo —Vincent coloca una de las cajas a mis pies—. Espero que te guste.

Luan parece interesado por el objeto porque se acerca lentamente a olfatear su contenido. Eloa, como siempre, solo va a saludar a Des, quien le acaricia la cabeza haciendo que la leoparda ronronee ante el tacto. Se pasea entre sus piernas y se echa a sus pies mientras Des toma asiento en el sofá frente a mí.

—Pudimos conseguirlo negociando —dice mi protector mientras continúa acariciando a Eloa—. También espero que te guste.

Inspecciono la caja que me dio Vincent. Al abrirla, una serie de libros están amontonados de manera ordenada, donde cada lomo me saluda invitándome a leer. Sin embargo, uno de ellos llama mi atención.

La primera edición de Harry Potter.

Y sé de qué se trata, porque sé de quién es. No es la primera vez que lo veo.

Así que, con manos temblorosas, sostengo el libro entre mis manos. Se siente ligero. Su portada es amarilla y tiene un dibujo sencillo. Al abrirlo puedo ver el sello que ella mandó a hacer para identificar sus libros, donde aparecen sus iniciales. Debajo de estas hay una dedicatoria.

"Para mi mejor amiga. Sea lo que sea que estés pasando, espero que este ejemplar te traiga alegría como me la trajo a mí. Te quiero, amiga. Pronto estaremos juntas".

Mis ojos están llenos de lágrimas cuando observo a Vincent y luego a Desten.

—Hablamos con su familia —empieza a explicar Vincent, visiblemente afligido—. Nos dejaron llevarnos los libros por una suma considerable de dinero. Pensamos que te gustaría tenerlos para que pudieras recordarla. El libro con la dedicatoria fue una sorpresa —hace un gesto despreocupado—. Una de sus primas nos comentó que ella estaba preocupada por ti y tu mudanza repentina. Tenía planeado darte su libro favorito cuando pudieran verse, pero...

—Pero eso no sucedió —lo interrumpo antes de que termine la oración—. Gracias —los miro a ambos— por esto.

Es lo único que puedo decir, pero también creo que es suficiente para ellos.

Pasamos la tarde ordenando los libros en mi nueva biblioteca, en uno de los cuartos vacíos del apartamento. Des decidió que podía ser un espacio para mí y, con tantos cuartos vacíos, ese sería de gran utilidad. Lastimosamente mi protector tuvo que irse a las oficinas, así que entre Vincent, Agelos y Haniel conseguimos armar el librero y colocar los libros de Saray o, bueno, mis libros de manera ordenada.

Luego de una tarde ocupada, mis guardias decidieron retirarse, dejándome solamente en compañía de Vincent. Ambos concluimos que cocinar era demasiado para el día, así que nos encontrábamos en la isla de la cocina comiendo sushi traído por uno de los ángeles subordinados.

—Tengo que hacerte una pregunta que ronda mi mente desde hace una semana.

—Dispara —contesta el arcángel con comida en la boca.

—¿Quién es Lilith?

La pregunta lo toma por sorpresa porque deja los palillos de madera sobre la mesa, mirándome con asombro. Toma un sorbo de agua antes de continuar.

—¿Sabes algo de ella en general? —pregunta metiéndose un rollo de sushi en la boca—. Su historia siempre ha sido un rumor a voces.

—Leí una vez que fue la primera mujer de la historia. Sé que hay historias sobre ella.

—Sí, Lilith fue la primera mujer, pero su historia ha sido contada de diferentes maneras a través de los años que no sabrías realmente cuál es la original. Dependiendo de la religión y sus libros, su historia difiere incluso entre civilizaciones —hace una pausa mirando el vaso de cristal entre sus dedos—. Lilith fue un experimento, al igual que el primer hombre.

Hace una pausa antes de continuar.

—Hay cosas que se nos ha permitido saber de ella y otras que quedan para los libros prohibidos de la bóveda personal de Padre. Fue creada del costado del hombre, el cual fue hecho del barro que tocó sus pies, a imagen y semejanza de Padre, igual que nosotros. Por eso somos tan parecidos, exceptuando el ombligo. Como ya sabes, no nacemos por parto natural; algunos de los nuestros se tatúan uno, otros simplemente lo dejamos como está. Pero, volviendo al tema, su alma se corrompió al querer ser más que una simple mortal. Los humanos fueron creados para alabar a Padre y Lilith no quería eso. Siendo la primera de una especie sentía que estaba a nuestra altura y, por lo tanto, se rebeló. A Padre no le gustó su rebeldía y la condenó a vagar por el mundo. En su búsqueda por poder encontró a Lucius y este le enseñó la magia negra que practican los Nigrum Maleficis, siendo ella su más grande aliada hasta el momento. Ella, con el poder que buscaba y necesitaba, empezó a esparcirlo por el mundo entre humanos que también tuvieran el alma corrompida.

—¿O sea que ella no es la roba bebés que dicen las historias?

Vincent me mira con cara de que estoy un poco idiota.

—No, no lo es —niega con la cabeza—. Su placer se basa más en esparcir el Nigrum Maleficis por el mundo sin tener consecuencias.

—Por eso me necesita a mí.

—Exacto —dice volviendo a meterse otro rollo en la boca—. Necesitan tu esencia angelical y humana. Los Maleficis fueron uno de los exterminadores de los semiángeles como tú y de los ángeles de los Nefilim.

—¿Puedo hacer otra pregunta? —bebo un sorbo de agua antes de continuar—. ¿Quién es Lucius?

Mi acompañante me mira con renovada curiosidad cuando menciono el nombre del otro personaje de la historia de la primera mujer.

—Fue el primer ángel caído que descendió al Infernum y gobierna desde allí —mira su plato detenidamente como si algo interesante pudiera salir de él—. Es el heredero de la oscuridad que decidió retar a Padre y, en su indiscreción, cayó al fondo del abismo. En algunas religiones lo conocen como Samael.

—La estrella de la mañana —articulo con dificultad.

—Sí, pero su verdadero nombre es Lucius. Al caer cambió su nombre al que ustedes, los humanos, lo conocen, pero para nosotros es Lucius. Es el hermano de Padre.

—No sabía que el ser supremo tenía un hermano.

La revelación me deja momentáneamente sin palabras, pero la curiosidad termina imponiéndose.

—¿Cómo es posible?

—Los seres supremos fueron creados desde el principio de los tiempos —puntualiza Vincent—. Lucius es el mayor, siendo el amo de la oscuridad, y Padre de la luz. Ambos son seres con infinito poder.

—Impactante, realmente impactante.

El suave ronroneo de Luan nos sorprende al tenerlo frente a nosotros con la mirada fija en mi plato. Tengo claro lo que está pidiendo y me acerco al refrigerador para sacar vísceras, carne, pollo y huesos. Camino hasta el león, que ya está salivando, y le dejo la comida en su plato nuevo. Unos pasos más allá me acerco al de Eloa, que también espera pacientemente.

—Él estaba destinado a ser así entonces —digo para romper el silencio repentino.

—¿Quién? —pregunta el arcángel.

—Lucius. Si estaba destinado a heredar la oscuridad, en cualquier momento sería consumido por ella eventualmente —le termino de servir la comida a Eloa para recostarme en uno de los sillones—. ¿No lo crees?

—Oscuridad no siempre significa maldad, Emma —deja los restos de comida en el fregador antes de imitar mi acción y sentarse frente a mí—. Además —dice tomando uno de los cojines— nadie sabe el verdadero motivo por el cual desafió a Padre. Está prohibido hablar de eso y, sobre todo, mencionar algo al respecto delante del Creador. Tengo entendido que los libros hablan de ello, pero, como mencioné...

—Están prohibidos —lo interrumpo.

—Exacto —el terror en sus ojos muestra que todavía no se siente cómodo con la presencia de Luan. Intenta mantenerse sereno, fallando irremediablemente—. Está prohibido retarse entre hermanos o, al menos, es algo que Padre mencionó y por eso Lucius cayó.

—¿Cómo sabes toda esa historia si está prohibido leerla? —Luan se coloca a mi lado y recuesta su enorme cabeza peluda entre mis piernas—. ¿Tus padres te la contaron?

—Nosotros aprendemos como ustedes. Tenemos una escuela y nos preparamos para ser lo que somos. Te lo mencioné —me guiña el ojo.

—Nunca pensé que ustedes fueran tan parecidos a nosotros —frunzo el ceño—. Al parecer sí somos a imagen y semejanza.

Vincent me mira con una leve sonrisa de suficiencia, cruzándose de brazos en el pecho. Me observa detenidamente un segundo, divertido, y yo lo miro como si se le hubiera caído un tornillo.