Capítulo 21
La ida a casa fue mucho más silenciosa de lo normal. Ni el sonido de la radio ni los murmullos suaves de las conversaciones ajenas fueron lo suficientemente fuertes para acallar el ruido en mi mente. Solo se escucha el suave sonido del aire acondicionado y del motor pasando por las calles desiertas. A esta hora supongo que las personas ya se encuentran en sus camas para seguir su vida regular, mientras que yo veo los edificios y las luces pasar frente a mí sin el más mínimo interés, como si mi vida de repente se hubiera detenido por completo. No siento nada.
Al llegar, lo primero que hago al poner un pie fuera de los elevadores es subir a mi cuarto sin mirar atrás.
—Luan —escucho decir a Des antes de llegar a mi habitación—. Ve con ella, tú también, Eloa.
Ambos felinos llegan a mi lado con la facilidad que les caracteriza antes de que pueda cerrar la puerta. Con mucha dificultad logro quitarme el vestido, dejándolo en el sillón cerca de la televisión. Prácticamente me arranco todas las joyas, dejándolas sobre una de las mesitas, y me meto a la regadera a sentir el alivio del agua templada tocar mi piel. Es ahí, con el vapor del baño y el agua lavando toda la tierra de mi cabello, cuando no aguanto más y siento el nudo que llevo horas cargando desenroscarse lentamente. En ese momento, en el que ya no resisto más, las lágrimas corren junto a las gotas que caen sobre mi cara, dejándome llevar por la tristeza de haber perdido a una de las mejores amigas de mi vida, a una hermana.
Lloro hasta que siento que no puedo más. Lloro por ella, por lo que pasó, por lo que no se pudo evitar, por el intento de secuestro y por todo lo que no he podido llorar antes. Mis rodillas no resisten más el peso de todo lo que ha pasado y caigo al suelo haciéndome un ovillo mientras siento el agua correr por mi espalda, mojando mis alas. Luan está sentado afuera de la regadera, atento a cada uno de mis movimientos. Lo sé porque lo escucho en mi mente haciéndome preguntas. Ahora no puedo ocuparme de él ni de lo que siente. Ni siquiera yo puedo lidiar con el dolor que me consume.
Todo esto se pudo haber evitado si hubiera ido con Lilith como lo pidió.
Un gruñido profundo me saca de mis pensamientos cuando levanto la cabeza y veo a Luan, a través de las puertas de cristal, enseñando los colmillos y mirándome determinadamente.
"No ir".
"Peligro".
Es lo único que puedo hacer: negar con la cabeza para decirle que en este momento no pienso irme, pero no puedo negar que la idea me parece la más acertada desde que salimos del baile.
Salgo de la ducha dejando una hilera de agua en el piso. Antes de poder avanzar hacia la puerta, Eloa me espera sentada con una tela entre sus fauces. Luan me sigue de cerca cuando me envuelvo en la toalla sin ganas de nada. Todo lo que deseo es dormir, dormir y no despertar; soñar que aún estamos juntas y agradecer por ese pasado tan preciado que teníamos, porque ya no existe un futuro.
Perder a mi mejor amiga se siente… es indescriptible.
Perdí a la persona que me acogía en su casa y me trataba como una más, la que me alimentaba cuando no sabía qué hacerme de comer porque mamá estaba afuera trabajando o, lo que yo suponía, era trabajar. Quizás estaba con mi padre y no lo sabía, pero Saray sí estaba, en mi casa también, haciéndome compañía. Dormíamos solas, aunque sabía que sus padres nos vigilaban. Pasaban tarde en la noche por el frente de mi casa disimuladamente con el perro de la familia y en la mañana temprano también. Su madre llamaba apenas salía el sol para saber que estábamos bien.
Fue maravilloso soñar que vivíamos juntas como roomies. Las pijamadas en su casa eran lo mejor. Sentía que convivía en familia. Saray también era hija única y sus padres le dedicaban todo su tiempo, pero también se lo dedicaban el uno al otro. Era hermoso verlos juntos como matrimonio. Su madre cocinaba delicioso y los viernes por la noche traían a casa un juego de mesa nuevo. Su padre era fanático y todo el tiempo encontraba uno interesante. Le encantaba viajar todos los años a la convención de juguetes donde presentaban esos innovadores inventos. Su esposa siempre decía que gastaba su dinero en demasiadas cosas, pero su colección de vajillas no tenía nada que envidiarle a ninguna tienda.
Mi amiga también tenía su colección personal de libros. Yo, en cambio, nunca había sido una ávida lectora. Ella tenía un librero personal en su habitación y, siendo hija única, podía comprar todos los que quería. En mi caso, con una madre soltera sin un trabajo bien pagado, era necesario ahorrar para ello.
Recuerdo cómo soñábamos con la universidad, con una vida fuera de esta ciudad, con un futuro que ya no existe porque fue arrancado de la manera más cruel y será algo que jamás podré perdonarme.
Con ayuda de Luan, que busca un pedazo de tela que entiendo es un pijama, me meto en la cama con los felinos. Luan se acuesta a mi lado y Eloa a los pies de la cama y, sin más, caigo tan profundo que ni siquiera sé a dónde.
No sé qué hora es cuando siento un leve toque y alguien susurra mi nombre. Entreabro los ojos y me encuentro con Des mirándome detenidamente, de cuclillas junto a la cama. Al enfocar un poco más veo que son las nueve de la mañana en el reloj de mi mesita. El sol entra delicadamente por la ventana, bañando la habitación de un amarillo casi traslúcido. El día se ve hermoso como para disfrutarlo afuera, pero todo lo que quiero hacer es volver a dormir.
—Luce —llama mi atención de vuelta hacia él—. Me quedaré estos días a trabajar en casa. Si necesitas algo estaré abajo. ¿Quieres que te traiga el desayuno? Vincent lo preparó como siempre.
Es la primera vez que me habla tan delicadamente, dejándome sorprendida por lo tierno que puede ser, pero sé que no es por las mejores circunstancias.
—Volveré a dormir —es todo lo que digo cuando vuelvo a acomodarme en la cama.
—Me llevaré a los animales.
No contesto y sé que él entiende. Llama a ambas criaturas y Eloa va detrás de él, mientras que Luan duda un poco, no queriendo alejarse de mí. Cierro los ojos e intento hablar con él mientras espero que Morfeo me atrape.
"Ve".
"Hambre".
Luan demora un momento en contestarme, pero finalmente lo hace.
"Sola".
Yo le respondo:
"Estaré bien. Dormir".
Otro silencio largo, pero antes de caer en otro sueño profundo siento que la cama se libera de su peso y lo último que escucho es el clic de la puerta al cerrarse.
Es tarde cuando otro zarandeo me despierta. Esta vez es Vincent quien me mira desde la misma posición en la que estaba Desten hace un rato. Al principio no dice nada y creo que es la primera vez que no tiene algo astuto o divertido que decirme. Si pudiera reírme de esto diría que esta vez cambiaron los papeles, pero nada me parece divertido, no tengo con qué burlarme. Me siento como un papel en blanco, un papel con mucho sueño.
—Me parte el alma verte así, Emma —dice tomándome de la mano delicadamente—. Es tarde, querida. ¿Quieres comer algo?
—No.
—Emma, no has comido desde ayer. Debes querer comer algo —insiste.
—Tengo hambre, pero no apetito.
—¿Cómo es eso? —se extraña.
—Solo quiero dormir, Vincent —es todo lo que puedo decir.
—Déjame traerte un poco de caldo. Unas tres cucharadas servirán y podrás volver a dormir. ¿Qué dices?
Lo pienso por un momento. Debo alimentarme, aunque sea por sorbos. Quizás no tenga apetito, pero mi cuerpo no puede desfallecer. Si tuviera fuerzas para comer lo haría, pero ahora solo quiero volver a dormir.
Vincent espera mi aprobación, a lo que yo asiento. Sale de inmediato de la habitación y yo aprovecho para descansar un momento antes de que vuelva.
Otro zarandeo me despierta y esta vez el olor a caldo de verduras me despierta un poco el apetito. Me acomodo en la cama de manera que quedo sentada y recostada. Vincent trae una silla del escritorio y la coloca a mi lado mientras que, con manos delicadas, intenta darme sorbos de comida. Los primeros sorbos queman mi lengua, pero la sensación de calidez se siente reconfortante en mi garganta. Lo siento recorrer todo mi cuerpo hasta el estómago, donde se asienta. Sorbo un par de cucharadas más para tranquilizar al arcángel.
Se queda un rato más diciéndome que Des se había hecho cargo de los felinos junto con Haniel y Agelos. Intentaron ayudarlos en la azotea del edificio para que estiraran las piernas. Intentó darme ánimos diciendo lo difícil que fue meter a ambos en el elevador y mencionó algo de un circo, pero por momentos me desconectaba de la conversación para mirar a la nada.
—Danielle pasó por aquí y Eleanor también —dice divertido, cruzándose de brazos—. Ambas exes de Des vinieron a verte. Jamás en todos los siglos que llevo vivo pensé que eso pasaría. Sobre todo, verte a ti.
Una débil sonrisa es todo lo que puedo responder, si es que eso es una respuesta. Vincent capta la indirecta porque anuncia que se retira para que pueda descansar un poco más. Yo le agradezco por la comida y no espero a que él se vaya cuando vuelvo a dormir.
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Ha pasado una semana desde lo que ocurrió en el baile. Decir que ha sido fácil o que el dolor mejora con el pasar del tiempo no creo que funcione conmigo. Mamá vino a verme hace dos días, contándome que no había podido venir antes porque no era seguro por el peligro en el que estoy, pero se quedó con nosotros una noche, haciendo mi comida preferida e intentando darme más ánimos. Sé que intenta que aprenda a pasar por mi primer duelo formal, a procesarlo como si hubiera sido la muerte de un familiar, la cual para mí lo fue.
Mi madre y Saray no hablaban mucho, pero ella confiaba en sus padres por todo el tiempo que pasé con ellos mientras ella no estaba. Puedo imaginar que, en el fondo, también le dolió la pérdida como a mí.
En la mañana de ayer tuvo que irse por seguridad, pero prometió que llamaría y lo ha hecho las últimas noches.