Dark Arcangelo Capítulo 20 #4
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Capítulo 20 #4

No desperdicio ni un segundo.

Me giro y corro como alma que lleva el diablo. El dolor protesta en cada músculo de mi cuerpo, pero lo ignoro. Mis dedos rozan el pomo de la puerta, aferrándose a él con desesperación. Estoy a punto de cruzarla cuando una mano se cierra alrededor de mi brazo.

Lilith.

Sus garras se hunden en mi piel con una violencia brutal, arrancándome un jadeo de dolor y deteniéndome en seco.

—No puedes escapar de mí, mocosa. Estamos en todas partes. ¿Crees que puedes detenerme? —grita—. Haré que salgas del podrido agujero en donde te escondes matando a cada persona que conoces. Empezando por esa amiga tuya.

Antes de que pueda volver a arrastrarme hacia ella, le propino una patada directa al estómago. La fuerza del impacto me sorprende tanto como a Lilith. Retrocede varios pasos, lo suficiente para darme la oportunidad que necesito.

No la desperdicio.

Recojo el vestido con rapidez y echo a correr por el salón. Me arranco el tocado de la cabeza y me quito los zapatos sobre la marcha, abandonándolos detrás de mí. Apenas siento el frío del suelo bajo mis pies descalzos.

Llego al salón de baile jadeando, con la ropa cubierta de tierra y el cabello completamente deshecho. Las miradas de los ángeles se vuelven hacia mí de inmediato. Algunas muestran desconcierto; otras, abierta desaprobación. Ninguno parece dispuesto a ayudarme.

Pero no me importa.

Las palabras de Lilith siguen resonando en mi cabeza, ahogando cualquier otro pensamiento mientras recorro frenéticamente la estancia en busca de Des y Vincent.

Entonces los percibo. Se encuentran junto a Azra y corro hacia ellos sin detenerme.

—¡Desten! —grito—. ¡DESTEN! —corro hacia él intentando no pisar mi vestido y caer en el intento.

Al llegar, me recibe con los brazos abiertos, pero mis piernas ceden bajo el dolor. Me desplomo contra él al recordar el brutal impacto contra el suelo de hace apenas unos minutos. No es lo mismo el dolor de un entrenamiento que el de una situación de vida o muerte.

—Emma —dice Vincent agachándose junto a nosotros en el suelo—. ¿Qué ha pasado?

—Lilith, ella está aquí, amenazó con matar a Saray. Por favor, Desten —le suplico intentando no pensar en lo peor—, es mi mejor amiga, por favor, por favor.

—¿Lilith estaba aquí? —dice sorprendido Des—. Luce, ¿estás bien?

—Eso no importa ahora, Des. Por favor, protégela, por favor.

Des asiente con la cabeza y le da instrucciones a Vincent para que salga en busca de Saray de manera inmediata mientras me levanta del suelo junto con la ayuda de Azra.

—Desten, tienes que sacarla de aquí. Si Lilith está cerca no estará segura. No creo que haya venido sola —dice Pahliya quitándome tierra del cabello mientras todos observaban la escena atentos—. Estamos haciendo un espectáculo. Vamos, Emma.

—Pahliya... —advierte Desten.

—No pretendo tolerar tus órdenes como hace Vincent. La llevaré conmigo y la cuidaré junto con Neikal. Busca a Lilith, no se atreverá a atacar con tantos de nosotros aquí. No debemos levantar sospechas de que esto se nos está saliendo de control —susurra solo para que nosotros la escuchemos.

—Prométeme que no harás nada estúpido, Luce —me sostiene del brazo antes de que pueda avanzar—. Promételo.

Su mirada desesperada me escarba hasta la profundidad de mi ser y sé que está tratando de protegerme, pero sobre todo sé que quiere volver a confiar en mí, a pesar de que la última vez que me puse en peligro lo asusté demasiado.

—Lo prometo —asiento repetidamente con un nudo en la garganta—. Lo prometo, Des.

Vuelve a mirarme una última vez antes de asentir y dejar un dulce beso en mi frente.

—No se separen de ella por ningún motivo —les dice a los recién aparecidos Agelos y Haniel.

—Sí, señor —dicen ambos al unísono.

Des sale prácticamente volando. Con él se va la seguridad que por un momento me invadió. No puedo perder a mi mejor amiga, sobre todo cuando su muerte estaría en mis manos. Su sangre y sufrimiento... ¿qué le diría a su familia? ¿Que fallé como amiga? ¿Que debí protegerla y no pude por ser esta criatura lastimera y débil que no puede defenderse por sí misma?

—Por Padre, Emma —la voz de Neikal, sin su habitual buen humor, es la que irrumpe en mi espiral de pensamientos—. ¿Qué ha pasado? ¿Azra?

—Lo siento tanto —la mencionada se disculpa fervientemente—. Me dijo que necesitaba aire, no sabía que había pasado. Perdóneme, señora, yo...

—Se suponía que te quedarías con ella —la interrumpe Pahliya.

—Di mi palabra de que estaría protegida —la riñe Neikal.

—Fue mi culpa. Por favor, vámonos de aquí —le digo primero a Pahliya, que me sostiene por la mano izquierda, y luego a Neikal, que me observa detenidamente—. Por favor.

—Claro. Azra, sostenla bien —dice Neikal observando los movimientos de su asistente.

Subimos las escaleras como podemos mientras ellas me ayudan poco a poco, intentando no llamar demasiado la atención de los presentes. Con mucho esfuerzo, por el dolor en mis entrañas y mi poca capacidad de albergar aire en los pulmones, logramos quedarnos en un cuarto con sillas y una mesita. Un ángel llega a nuestra puerta y Agelos pide un té mientras Haniel se queda a mi lado vigilándome como un halcón.

Yo no puedo dejar de pensar en Saray. Una cantidad abrumadora de escenarios donde nada sale bien pasa por mi cabeza mientras las horas corren en el reloj junto a una de las mesitas.

La ansiedad comienza a hacer estragos en mi mente y, combinada con los dolores del cuerpo, estoy al borde del colapso. Del miedo, de la incertidumbre, de la desesperación. No puedo respirar, no entra aire en mis pulmones y siento que me estoy ahogando. Tomo ambos reposabrazos para apoyarme mejor en busca de aire y Haniel me toca el hombro de manera cautelosa.

—¿Estás bien? —dice.

Un ruido afuera nos interrumpe, sorprendiendo a todos mis guardianes. Un muy maltrecho Vincent y un derrotado Desten entran por la puerta y, antes de ver sus expresiones, ya sé la respuesta. Lo que había temido pasó y yo no pude hacer nada para detenerlo.

—Emma... —suspira Vincent mientras se me acerca agachándose a mi altura—. Lo siento tanto, querida...

Mi mirada pasa de Vincent a Desten para encontrar más respuestas. Este lo único que hace es mirarme por unos segundos antes de desviar la mirada y es ahí donde siento que mi mundo se desmorona.

—No...

—Cuando llegamos ya era tarde. La policía rodeaba la casa —comienza a decir el arcángel de la manera más suave que le he oído—. Tenemos algunos ángeles infiltrados en puestos importantes y nos dejaron pasar. Vimos la escena y nadie sobrevivió.

—¿Quieres decir que los mató a todos? —pregunto con un hilo de voz al borde del llanto.

—Sí, querida. A la familia completa —hace una pausa tomando una de mis manos—. Lo siento tanto.

Un murmullo suena al fondo de la habitación. No puedo distinguir de quién es porque en este momento no siento o veo nada. Mis ojos se inundan por el llanto, haciendo mi vista borrosa, y todo lo que puedo hacer es hacerme un ovillo en mi silla mientras un sonido gutural sale de mí como jamás pensé que podría pasar.

Jamás proyecté una vida sin ella. No le di la importancia que debía. Debí contarle todo lo sucedido, decirle que tuviera cuidado. Pero ¿cómo?, cuando no puedo ni protegerme yo.

—Vámonos a casa —dice Desten.

Y por primera vez desde que estoy con él no puedo estar más de acuerdo en dejar este absurdo baile y refugiarme del mundo mientras lloro la pérdida de la única amiga que he tenido en el mundo, siendo arrebatada de mí por... mí, porque me quieren a mí. Ella no era el objetivo, siempre he sido yo. ¿Y si me entrego? ¿Será suficiente para que me dejen en paz? Quizás la próxima podría ser Danielle o Eleanor, o peor aún, mamá. Ya no sé quiénes de los que me conocen podrían ser otra víctima. No me gustaría que nadie más muriera por mí y, siendo sincera, jamás había pensado en la muerte y lo cercana que podría estar yo de ella. A mi edad nadie piensa en eso como una sombra que te acecha y mucho menos por seres oscuros, pero si llego a entregarme...