Capítulo 20 #2
Los vestidos, por otra parte, no creo haber visto nada igual. Cada prenda, las joyas, la excentricidad, todo es escandaloso y divinamente rico, como si ellos quisieran reflejar el dinero que tienen. Por un momento pensé que Desten era el arcángel más rico, pero cuán equivocada estaba. No podría haber siquiera imaginado que esto sería una simple reunión.
—Luce, me estás apretando el brazo —susurra Desten a mi lado—. Respira, estarás bien.
—Lo siento —murmuro.
Al llegar al final de las escaleras, Liora nos espera con un vestido lo bastante ceñido para saber que sentarse sería un arduo trabajo y de lo más incómodo.
—Emma, por todos los cielos, estás... —dice impactada, mirándome de arriba abajo— muy hermosa.
Liora me guiña el ojo de manera amistosa y no puedo evitar devolverle el gesto. Es lo único lindo que me ha dicho desde que nos conocemos. Su vestido consiste en un corpiño ceñido en color champaña con pedrería, mangas cortas que se acomodan en sus brazos y una falda en corte sirena con transparencias hasta la cola. Su cuello está decorado con un collar en forma de gargantilla que ocupa gran parte del pecho y su peinado está recogido en una sencilla cola baja con unos apliques del color de su vestido.
—Tú te ves espectacular, Liora.
—Gracias —dice admirando su propio atuendo—. Es un Joli Poli.
Sin saber si eso es bueno o malo, todo lo que hago es sonreír como si supiera lo que me ha dicho.
—Jefe, usted muy elegante como siempre. Y Vincent —dice Liora mirándolo divertida—, imagino que eso es Georges Hobeika.
—¿Querida, no esperarías menos o sí? —Vincent sonríe de lo más orgulloso—. Espero conseguir a una de estas —dice mirando a su alrededor a todas las mujeres que pasan— elegantes señoritas para... una charla de lo más... casual —me guiña un ojo.
—Vincent —advierte Des—, no estamos aquí por eso.
—Disculpa, jefe, quizás tú tengas con quien acurrucarte todas las noches, pero yo no —sonríe pícaramente—. Si me disculpan —hace una reverencia exagerada antes de perderse en la multitud.
Liora se nos queda viendo de lo más sorprendida. Con su característico decoro de siempre se queda en silencio sin decir nada más. Le murmura algo a su jefe y se retira. Ambos nos quedamos a solas sin realmente saber qué decir. Yo me siento de lo más ridícula con este vestido rodeada de ángeles poderosos y Desten parece tener la cabeza en otro lado.
Haberme quedado en casa habría sido la mejor opción.
—Luce, sé que estás asustada —me mira detenidamente—, pero si eres capaz de domar un león creo que puedes con un puñado de ángeles.
Una ligera sonrisa sale de sus labios.
Por primera vez, el solo hecho de ver un atisbo de su sonrisa hace que mi cuerpo se relaje un poco. Antes de que pueda decirle algo más, alguien nos interrumpe.
—Desten —dice una mujer con el sari más hermoso que he visto en mi vida, aunque jamás había visto uno en persona. Le saluda juntando las palmas de una manera que no había visto antes—. Qué bueno verte.
—Pahliya —contesta Desten de manera respetuosa, haciendo el mismo saludo—. También es bueno verte.
—Tú debes ser Emma —me saluda de la misma manera—. Es un placer conocerte al fin.
—Pahliya es un principado y representa al continente asiático —dice Des—. Es una amiga de muchos años y gran consejera.
—Es un placer conocerte también y, si puedes permitirme el atrevimiento, tu sari es muy hermoso —digo admirando el azul profundo de la blusa con los apliques más hermosos que haya visto. La falda cae hasta el suelo de manera elegante y por encima del hombro lleva aquel velo. Su cabello está envuelto en un semirrecogido lleno de flores. Tiene joyas en el cuello, las muñecas llenas de brazaletes, anillos y un hermoso colgante en su nariz, todo en tonos dorados y plata.
—Gracias —dice Pahliya—. Estas son mis asistentes, Ha-eun y Malak.
Ambas hacen una reverencia a manera de saludo. La primera, Ha-eun, tiene una piel sumamente hermosa, vestida con un hanbok rosa pastel y rojo, con el cabello recogido de forma tradicional junto con unos apliques dorados y sus hermosas alas desplegadas. Por otro lado, Malak tiene la piel tan profunda como la de Pahliya; sin embargo, ella usa un hiyab en color verde a juego con su vestido que cubre desde su cuello hasta sus muñecas, siendo este de un tono oliva con detalles de pedrería que parecieran envolver la tela como una estela en el cielo. Es sumamente precioso.
—Desten —llama Pahliya dirigiéndose al mencionado—, cuando tengas un momento necesitamos hablar, pero ahorita no —dice interrumpiéndolo antes de que pudiera articular palabra—. En otro momento. Disfruta de la fiesta y de tu cita. Chicas, nos vamos —les ordena a ambas asistentes—. Buenas noches.
Des y yo decidimos caminar por los alrededores de la estancia en busca de más personas por saludar, y aunque no soy partidaria de tener que hacerlo, Des es un hombre de negocios y tiene que relacionarse con todos estos ángeles que parecen esculturas griegas andantes, aunque mi acompañante parece ser de los más altos de la habitación, junto con Vincent que curiosamente se aproxima con otro ángel de cabello afro y piel oscura.
—¡Des! Por el amor a Padre —se acerca dándole una mano y colocando la otra en su pecho—. Tanto tiempo sin verte, querido amigo. ¿Cómo están tus padres?
—Muy bien, Neikal, gracias por preguntar. ¿Y los tuyos? —pregunta de la manera más formal posible.
—Tú siempre tan rígido, mi querido amigo —le da un golpe en el hombro de manera amigable—. De ti he escuchado bastante. Vincent tiene muchas buenas cosas que decir de ti, Emma. Es un placer —vuelve a hacer el mismo saludo que con Des.
—Igualmente —contesto—. Tu vestimenta es preciosa.
—¿Tú crees? He venido a esto tantos años que ya no sabía ni qué ponerme. Decidí usar uno de los trajes tradicionales de mi territorio. Gracias por el halago —dice encantada mirando sus prendas.
Desde la tela envuelta en su cabeza de un rojo carmesí, los collares tan grandes y vistosos de un naranja vibrante, su vestido junto con el tocado dorado y la blusa cayendo sobre sus hombros. Todo en ella grita esplendor.
—Es un igbo tradicional de Nigeria.
—Es muy bello —digo admirando su belleza y su piel profunda. Junto con su maquillaje tan luminoso la hacen ver etérea.
—Lo mismo puedo decir. Tu traje es precioso, eres la encarnación de un ángel —dice tomándome de las manos—. Bienvenida a nuestro mundo —me sonríe con una sonrisa tan contagiosa que provoca la mía.
—Esta bella señorita es la representante del continente africano. Es un principado —Vincent irrumpe de repente—. La más hermosa de todas.
—Y tú no cambias —Neikal alza una ceja mirando al arcángel—. Vincent, amor, aléjate de mi asistente, ¿sí?
Estaba tan distraída admirando a Neikal que su asistente pasó desapercibida para mí. La chica, que también es de piel oscura, se encuentra de pie en un rincón en silencio. Lleva un vestido vaporoso con un busto ajustado lleno de pedrería y perlas. Su falda es de un tul espectacular en color celeste.
—Ella es Azra —dijo señalando a su asistente.
—Un gusto conocerlo, señor Desten —Azra hace una reverencia—. Es un placer verlo en persona. Es toda una leyenda.
Un tinte de emoción se escucha en su voz, pero parece componerse.
Des solo asiente con la cabeza ante el comentario. Azra se acerca a mí y me saluda con la mano, dándome una pequeña sonrisa nerviosa. Sus anteojos del mismo color de su vestido y su cabello afro la hacen ver tan joven. Aunque, siendo realistas, estas personas deben tener millones de años. Por lo que Azra puede tener la apariencia, pero sus alas son las de una criatura milenaria.
—Des, necesito hablar contigo a solas, junto con Pahliya. ¿Crees que puedo separarte de tu cita unos minutos? —la urgencia en su voz es palpable, sobre todo porque su humor jovial de hace un momento ha desaparecido—. Vincent, tú también.
—Neikal, no puedo dejarla sola —Des toma mi mano instintivamente—. En otro momento.
—Me quedaré con ella, señor Desten —dice Azra—. Estará protegida.
—Puedo quedarme también, no la perderé de vista —anuncia Vincent colocándose a mi lado—. Vayan ustedes.
—Es necesario que estén ambos —dice Neikal—. Esta habitación está llena de ángeles, Des. No creo que haya ningún peligro.
Veo la duda cruzar los ojos de mi protector. Me mira unos segundos antes de volver la vista a Neikal y luego a su asistente. Duda un momento más hasta que acepta y suelta mi mano para acercarse a mí.
—Prometiste obedecer, ¿recuerdas? —me susurra a pocos centímetros, rozando sus labios sobre mi oído—. Quédate con Azra.
—Lo prometo —digo en un susurro bajo, casi sin aliento por la intimidad del momento—. Me quedaré aquí.
Sin esperarlo, Des deja un beso en mi cuello antes de marcharse con los demás, dejándome con los pelos de punta. Intento disimular que eso me gustó más de lo que hubiera pensado, así que busco algo en qué centrar mi atención.
Azra se queda a mi lado mirando a todas partes y antes de poder decirle que no es necesario que vigile todo como si fuera un agente del servicio secreto, se coloca a mi lado con una risita juguetona.
—Es mi segundo año aquí y amo ver todos los vestidos de las féminas —dice Azra con una emoción palpable—. ¿Ves ese vestido? —señala a un ángel con un traje bastante extravagante—. Es un Robert Wun modificado, es magnífico. No se nos permite mostrar transparencias, así que algunos tienen que alterar las telas. Muchos varones usan ropas más sosas, pero ángeles como Vincent siempre son de admirar por su exquisito gusto en la moda.
Un tinte de rosa pintó sus mejillas.
—Emma —me mira con atención esperando una respuesta.