Dark Arcangelo Capítulo 19
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Capítulo 19

Estirándome un poco intentando no patear a Luan, verifico la hora en el teléfono de Des. El reloj marca las seis y quince de la mañana y aunque me gustaría ser el tipo de persona que se levanta temprano... siendo realistas no lo soy, lo odiaba en el colegio y lo seguiré odiando el resto de mi vida. Así que lo siguiente que hago es acomodarme mejor en la almohada, volver a subir las cobijas hasta mi barbilla y retomar ese hermoso sueño que estaba teniendo.

Un beso en la frente me despierta repentinamente. Lo primero que noto es el perfume de Des que se cuela por mis fosas nasales y me recuerda la noche anterior.

Convencer a Des para que dejara entrar a Luan en la habitación ha sido uno de mis mayores logros con él. El arcángel no es particularmente cercano con Luan, si acaso con Eloa y es porque ella le pertenece. La leoparda duerme en el piso junto a él, mientras que Luan ha tomado el gusto de dormir junto a mí en la cama. Por eso tuve que poner a prueba mis poderes de convencimiento y prometerle que si él llegaba a sentirse incómodo podíamos bajarlo de la cama. Para mi mala suerte negociar con Luan no fue tan fácil tampoco, así que la que se incomodó fui yo dejando que el felino ocupe la mayor parte de mi espacio. Eloa, en cambio, con su acostumbrada calma se acomodó al lado de su dueño tranquilamente.

—Voy al trabajo, Vincent les dejó el desayuno a los tres.

Desten, vestido con un traje cruzado completamente oscuro exceptuando la camisa blanca, se despide.

—No me da tiempo de alimentar a... Eloa —enfatiza el nombre que le coloqué a la leoparda—. Será tu responsabilidad hoy.

—No te preocupes, lo haré —le doy mi mejor sonrisa mañanera.

Conociendo cómo me levanto por las mañanas sé que mi cara debe estar más pálida que de costumbre, mis labios resecos y mi cabello desordenado. Al lado de Des parecía que yo había perdido una pelea contra mi propio cabello.

—Estaré en una junta fuera de la ciudad. Llegaré tarde hoy, por lo que te pido que no salgas. No estaré cerca y Vincent tampoco, y aunque vas a estar protegida por Agelos y Haniel, preferiría que te quedaras en el hotel, para mayor protección —me mira fijamente intentando que sus palabras tengan un peso en mi conciencia.

—Me quedaré.

—Gracias, Luce.

Le doy otra sonrisa y se acerca a mí nuevamente para darme otro beso antes de darle la vuelta a la cama, tomar su teléfono, darle unas palmadas en la cabeza a Eloa y una despeinada a Luan. Se detiene en la puerta.

—Hoy vendrá la diseñadora que llenó tu clóset. En unos días habrá una reunión entre los ángeles más importantes en la Tierra. Se celebrará aquí. Necesitarás un vestido.

—Oh.

Es lo único que puedo decir. Des vuelve a darme una mirada rápida y se retira dejándome completamente sorprendida. Entonces lo que dijo Vincent era cierto... la anomalía conocerá a todo tipo de ángeles y Des ha sido lo suficientemente considerado para contratar una diseñadora. Como si esas cosas me gustaran.

Un poco después pasado el mediodía Haniel se acerca a la sala de estar de mi habitación en donde me encuentro leyendo los módulos de mi clase de química para el próximo examen que debo hacer.

—Emma —me llama desde el marco de la puerta.

Está a una distancia pertinente ya que Luan ha levantado la cabeza en cuanto ha sentido su proximidad. El león que se encuentra descansando a mis pies lo observa detenidamente.

"¿Peligro?", pregunta en mi mente.

"No, seguro", le contesto.

Este vuelve a mirarlo una última vez antes de descansar su cabeza peluda sobre el empeine de mi pie.

—Supongo que la diseñadora está aquí —digo dejando las cosas de lado.

Haniel me comunica que sí.

—Dile que espere un segundo, encerraré a los animales, no quiero que la vayan a matar de un susto.

El ángel vuelve a asentir y se retira sin decir más. Mientras tanto le doy órdenes a Luan para que suba conmigo a la habitación de Des, en donde Eloa se encuentra dormida.

—Quiero que ambos se queden aquí, vendrá alguien de visita y no quiero que la asusten, ¿me explico? —les advierto a ambos como si fueran niños pequeños.

Ambos felinos inclinan la cabeza.

—Luan...

"Sí", contesta en mi cabeza el felino.

"¿Eloa entendió?".

Luan mira a Eloa y esta lo mira a él, ambos vuelven a mirarme y entonces el león responde:

"Sí".

—Bien. Por el momento no corro peligro, así que no hay nada de lo que preocuparse.

Eloa me mira por un momento más y se da media vuelta para acomodarse en el suelo cerca del lado de la cama de su dueño, mientras que Luan se queda en guardia.

Un toque en la puerta y la voz de Haniel avisando que la diseñadora se encuentra en la sala de estar me sacan de mi conversación con los felinos.

Al bajar las escaleras una mujer alta, morena y con trenzas blancas perfectamente cortadas sobre los hombros me espera.

—Emma, un placer conocerte —me tiende la mano—. Mi nombre es Ely.

La mujer de porte elegante me sonríe sacudiendo mi mano con firmeza.

—Igualmente —es lo único que logro decir.

Su belleza realmente me deslumbra. Es morena, con rasgos propios de su etnia y con una elegancia que me hace recordar que solo soy una niña de dieciocho años que usaba chaqueta de cuero y zapatillas sucias.

Su atuendo es bastante colorido haciendo un hermoso contraste con su piel. El pantalón y la chaqueta que trae puestos son de un color naranja bastante brillante, en conjunto con una camisa blanca de cuello alto, unos zapatos verdes de terciopelo y accesorios en color dorado.

—Espero que la selección de conjuntos que escogí para ti haya sido de tu agrado —su intensa mirada esperando mi aprobación me descoloca un poco.

—Por supuesto. Todo muy elegante, normalmente no son piezas que usaría, pero los pijamas de seda son lo mejor —le contesto un tanto avergonzada. No quiero que piense que no me gustó.

—Desten no me dio muchas opciones a escoger cuando le pregunté más o menos cuáles serían tus gustos —rueda los ojos al cielo—. No supo explicarme. Así que me tomé libertades —me mira divertida—. Sí enfatizó el hecho de que, al igual que él, tienes una predilección por los colores blanco y negro.

—Sí, bueno, creo que son colores bastante seguros —me encojo de hombros.

—Por supuesto, soy fiel creyente de que cada persona puede usar lo que quiera —me guiña el ojo—, cuando usas la ropa como una protección hacia el mundo es ahí donde protesto —se acerca a mí y no puedo evitar mirar hacia arriba por nuestra diferencia de estatura—. Eres hermosa, Emma —me asegura tomándome de los hombros—, no lo olvides.

—Gracias —digo mirando hacia todas partes evitando el contacto visual.

—Será mejor que empecemos con las pruebas —dice emocionada.

A continuación, una serie de personas comienzan a llegar con una cantidad absurda de vestidos, zapatos, accesorios y carteras. Sin mencionar que entre cuatro personas trajeron un espejo tan enorme que pensé que podría llegar al techo del apartamento y eso que el lugar no es pequeño. Vestidos de diferentes estilos cuelgan en una especie de armario movible hecho de tubos de hierro. Realmente no hay colores predilectos, es más bien un arcoíris con diferentes texturas, acabados y pedrería. Mucha, mucha pedrería.

La variedad de zapatos también es infinita. Hay diferentes estilos, tanto sandalias como zapatos cerrados, con brillo, sin brillo, transparentes y de piel de algún animal raro. Los adornos para la cabeza, o creo yo que son para eso, fueron puestos en uno de los sillones mientras que las joyas fueron colocadas en los sillones de enfrente. Si no fuera porque vivo aquí pensaría que la casa de Des es un taller de alta costura.

—¿Con qué quieres empezar? —me dice una muy emocionada Ely tomándose las manos.

—Intentando no hiperventilar —digo prácticamente sin aire.

—¿Emma? —se acerca a mí preocupada mientras su equipo me observa fijamente.

—Estoy bien —alzo las manos para que no se acerque más—. Es solo un poco abrumador todo esto.

—Entiendo —se voltea a ver a sus asistentes y señala a una de las chicas—. Tú quédate, los demás déjennos solas. Ella necesita privacidad.

Los asistentes murmuran algo que no puedo comprender y se retiran tan rápido como llegaron, mientras tanto la otra chica se acomoda a mi lado.

—¿Quieres algo para tomar? —una chica de rasgos asiáticos extremadamente hermosa con el cabello azabache corto y ojos azules me mira con preocupación—. ¿Un té o algo?

—No será necesario —le sonrío para tranquilizarla o más bien para tranquilizarme yo.

—Lamia, dale espacio —la regaña Ely apartándola con un movimiento de mano.

—Lo siento, señorita Ely —la chica hace lo que se le dice cabizbaja, quedándose un par de pasos atrás de su empleadora.

—No, por favor, gracias, Lamia. Es solo que me asusta un poco todo esto.

—Empezaremos cuando quieras hacerlo, tómate tu tiempo —le quita importancia con un gesto la diseñadora.

—Gracias, Ely, podemos hacerlo ya —me paso la mano por el rostro—. Estoy exagerando.

—No, entraste en pánico porque eres insegura de tu cuerpo —se cruza de brazos la diseñadora—. No es algo que se deba tomar a la ligera. Mira, no te preocupes, vamos a arreglar eso.

Una hora más tarde sigo sin encontrar el indicado para mí, a pesar de que me he probado al menos veinte vestidos. Y por lo que veo esto va para rato porque Agelos y Haniel traen una tercera fila de prendas ordenadas en el perchero movible.

—Me tienes sudando —le digo a Ely.

—Bueno, querida, para eso es el enterizo, para que el sudor no se transfiera. No te preocupes por eso —hace un gesto para quitarle importancia y se inclina sobre mí con picardía—. Des es un buen cliente y eso no es nada que no se pueda solucionar.

—¿Estás segura?

—Tranquila —se encoge de hombros exageradamente—, son cosas que pasan.

—Bien, entonces, siguiente —suspiro.

—A tus órdenes —sonríe enseñando una hilera de dientes blancos.

Esta vez me pruebo uno lila con espalda afuera y con brillos de pies a cabeza en conjunto con unos guantes similares a la tela del vestido. El cuello es recto y sus mangas son de tiras.

—No creo... —murmuro indecisa.