Dark Arcangelo Capítulo 18 #5
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Capítulo 18 #5

Es alguien golpeado por la vida y la discriminación, sin embargo, no puedo negarme mis sentimientos hacia él, ya no. Sé que hemos convivido poco y aunque me gusta, no es que quiera formar una familia con él. Digo, el ángel me pone los nervios de punta cada vez que sale algo de su boca, pero no todo es completamente malo y tampoco es que tenga el síndrome de Estocolmo. No es que él quisiera realmente vivir conmigo al principio y comprobé de primera mano que estar sola es sinónimo de muerte hasta que esta situación se termine y espero que sea pronto porque quiero volver a mi vieja vida, si es que alguna vez puedo regresar a ella.

Luego de un par de horas sentada en la librería, mi parte trasera comienza a protestar por la cantidad de tiempo que ha pasado llevando mi peso, por lo que apago el computador y me acerco a Émile, que se encuentra cerca de una de las estanterías reacomodando unos libros, ya que una manada de adolescentes llegó a la tienda y revolvió la estantería de fantasía juvenil. Por lo menos tuvieron la decencia de llevarse un par de libros.

—Gracias por lo de hoy, necesitaba ese tiempo a solas.

—Lo pude notar. Puedes volver cuando quieras, las puertas siempre estarán abiertas pour toi —me sonríe cálidamente mientras termina de acomodar unos cómics.

Ambos nos envolvemos en un abrazo caluroso y no puedo evitar oler el perfume de Émile. Es curioso que huela a cítricos, especias y un olor fuerte a madera, un poco molesto para mí, a diferencia de Des, cuyo aroma es más elegante.

Mi abrazo no dura mucho cuando Émile posa sus manos sobre mis hombros y me da un apretón cariñoso.

—Nos vemos, belle.

Le brindo una de mis más genuinas sonrisas y me despido de él con la mano mientras me alejo en busca de mis guardaespaldas.

Son pasadas las siete de la noche cuando Danielle entra en el apartamento con un par de bolsas en las manos.

—Estás aquí. Pensé que estarías en tu habitación —dice dejando las bolsas cerca de la mesita de la entrada.

—Últimamente me he dedicado a estar encerrada, ¿no?

—Un poco —ríe.

Danielle intenta acercarse a mí cuando un gruñido sale de la garganta de Luan y se coloca en posición de ataque al ver a la desconocida en nuestra casa.

—¿Pero qué...? —Danielle inmediatamente da un par de pasos atrás tomando sus maletas como si fueran un escudo—. Emma, muévete hacia la cocina.

La maga inmediatamente suelta las maletas y convoca sus poderes, haciendo que unas auroras de color blanco rodeen sus muñecas y sus manos mientras se coloca en posición de ataque.

A Luan no parece gustarle porque un rugido profundo sale de él y un arañazo roza una de las maletas de Danielle.

—Luan, ¡quieto! —me acerco y me interpongo entre el león y Danielle—. No —le ordeno—. Quieto.

El felino vuelve a hacer un gruñido, pero se relaja echándose en el suelo sin dejar de mirar atentamente a Danielle.

—Emma —da un manotazo haciendo que sus poderes desaparezcan mientras me mira alarmada por el reciente enfrentamiento—. ¿Por qué hay un león en el apartamento?

—Él es Luan —digo con mi voz más suave intentando calmar la situación.

—Eso qué tiene que... por el amor a las estrellas, son dos.

Sus poderes vuelven a activarse mientras su mirada se dirige hacia las escaleras.

Eloa viene bajando con su calma de siempre, pero al momento en que su olfato detecta a nuestra huésped se activa su señal de alarma y, al igual que Luan, se congela en medio de las escaleras. Su cabeza se agacha hasta llegar a sus patas delanteras y se queda ahí viendo fijamente a Danielle mientras saca a relucir sus filosos dientes.

—Eloa, no —le advierto a la leoparda, pero a diferencia de Luan sé que ella no va a hacerme caso—. Luan...

Miro al león buscando ayuda, pero este está de pie de nuevo, alerta al igual que Eloa.

—¡Eloa!

Un grito hace que todos los presentes, incluyendo a los felinos, dirijamos la mirada hacia la procedencia del sonido, en donde un muy enojado Desten, con su maletín en mano y el saco en la otra, mira la escena desde el elevador.

—Abajo —sisea en voz baja.

Eloa inmediatamente baja la guardia mientras termina de bajar las escaleras y se coloca de manera sumisa en el suelo, recostando su cabeza sobre sus patas y mirando directamente a Des.

—Emma, controla a ese animal —ordena.

Con ese porte intimidante que siempre trae, entra al apartamento dejando el maletín al lado de la mesita de la entrada, donde también tira el saco. Se recoge las mangas, le da una palmada a Danielle sobre los hombros, mira a Luan con cara de pocos amigos y se dirige a la cocina ignorándome por completo.

—¿Pelearon? —dice Danielle alarmada.

—¿Por qué todo el mundo me pregunta eso? —digo exasperada—. A este punto ni siquiera sé si lo hicimos.

Me toco el puente de la nariz intentando invocar la paciencia que me dije que tendría.

—Luan, sube a la habitación. Danielle se quedará con nosotros por un tiempo.

—De hecho, a eso he venido, a recoger mis cosas. Creo que me he quedado mucho tiempo con ustedes, Emma. Es mejor que los deje en su privacidad.

Se acerca con cautela mientras Luan le da una última mirada antes de subir escaleras arriba.

Toma mi mano entre las suyas y me dedica una brillante sonrisa.

—Ha sido un placer conocerte y ayudarte con lo que te aflige y hablo de las alas —se ríe al ver que mi mirada se dirige hacia mi protector.

—Y yo siempre estaré agradecida por las runas que has hecho para mí, aunque no estoy muy feliz de que te vayas. Tu compañía ha hecho que pueda mantener una conversación de más de dos palabras al día. A diferencia de estar sola con... bueno, ya sabes.

Señalo con la cabeza en dirección al arcángel.

—Des es un ángel de pocas palabras —susurra—, pero tú has cambiado eso. Normalmente no expresa sus emociones y contigo es más abierto.

—Lo único que logro que exprese todo el tiempo es enojo —resoplo—. Aparte de eso, no veo otra emoción que este ángel pueda sentir.

—Con el tiempo lo verás.

Me toma el rostro con ambas manos y me da un beso en las mejillas. Uno que se siente fraternal.

Acto seguido se encamina hacia la cocina, donde Des parece estar degustando su whiskey favorito mientras nos observa atentamente.