Capítulo 18 #4
—Si quieren revisen todo el lugar, no encontrarán nada del otro mundo aparte de las estanterías llenas de libros y mi casa detrás de esa puerta —dice Émile señalando la puerta de madera detrás del mostrador, que se camufla un poco ya que es del mismo color de las paredes—. Si no están completamente satisfechos pueden esperar a madame aquí dentro o afuera, como ella quiere. ¿Leur paraît?
Ambos ángeles se miran un tanto indecisos por cómo proceder. Después de lo que parece un millón de años susurrando entre ellos para llegar a una decisión, Agelos asiente.
—Haniel revisará la librería y yo la casa.
Ruedo los ojos.
Y eso mismo proceden a hacer. No pasa mucho tiempo cuando Haniel regresa de las estanterías luego de dar un par de vueltas y, cuando digo un par, me refiero a que revisó al menos cinco veces. Teniendo en cuenta que la librería es pequeña y las estanterías, aunque no llegan totalmente al techo, son prácticamente del tamaño de Des, por lo que son más bajas que ambos ángeles. Este se dedicó detenidamente a observar cada libro y cada esquina para comprobar que todo estuviera en orden.
Desde la mesa con sillas cerca de la vidriera en la que Émile y yo estamos sentados vemos a Haniel acercarse.
—Todo está en orden, Emma.
El ángel junta ambas manos mostrándose un poco intimidante o eso intenta él, porque para mí es adorable.
—Gracias, Haniel —le dedico una pequeña sonrisa de agradecimiento—. ¿Crees que puedan esperar afuera?
—Sí —contesta Agelos acercándose a nosotros—. Todo parece estar en orden allá atrás y el jefe ha aceptado su petición.
—Gracias, chicos.
Ambos vuelven a asentir como si fueran unos mellizos conectados y proceden a salir, quedándose uno a cada lado de la puerta principal como guardias del palacio de Buckingham o algo por el estilo.
—Es interesante cómo tu homme —dice haciendo énfasis en la palabra— te protege tanto. Me parece imposible pensar que no sea un gangster.
—No lo es, Émile, por favor créeme y no es mi homme, sea lo que sea eso. Y, oh, por favor —digo rodando los ojos— no es nada mío que no sea un conocido. Deja de mirarme de esa forma.
Su mirada de desconfianza pasa a una sonrisa coqueta, dándome a entender que no me creería nada de lo que yo le diga.
—Es un hombre de negocios —aclaro.
—¿Peligroso? —inquiere levantando una ceja.
—No —rechazo su comentario—. Me está protegiendo. Antes pensaba que era un poco paranoico, pero estoy muy agradecida con él y todo lo que ha hecho por mí, y Vincent también —me encojo de hombros—. No voy a mentir, llega a ser muy irritante e intenso la mayoría del tiempo.
—Entiendo —dice Émile rascándose la barbilla afeitada—. Parece bastante complicado tu asunto. ¿Cómo lo manejan tus padres, chérie?
—A mi padre nunca lo conocí —respondo de inmediato sin pensar.
Me siento un poco mal al mentirle tanto a Émile, pero después de lo que pasó en el centro comercial no puedo confiar en cualquiera. Y aunque el bibliotecario no ha sido más que amable conmigo y sé por hechos que antes de estar aquí Des tuvo que haber revisado todo el historial de este hombre desde que nació hasta el momento, debe ser alguien confiable o al menos con un pasado y presente limpios.
Sin embargo, aunque Émile parece un buen hombre, no puedo dejarme llevar por las apariencias. Además, no es como si le estuviera mintiendo, solo estoy omitiendo ciertos detalles y entre ellos está que realmente nunca conocí a mi padre hasta hace poco.
—Je suis désolé.
La mirada de empatía que el bibliotecario me dedica, o más bien de lástima, hace que quiera desviar el asunto a otra parte.
—Eso significa "lo siento" —aclara.
—Gracias —sonrío un poco incómoda—. En cuanto a mi mamá, no hay mucho que se pueda hacer. Ella está completamente de acuerdo con todo esto. Supongo que tampoco tuvo alguna opción.
Le resto un poco de importancia para que no vea cuánto me afecta la falta que me hace mi madre.
—Entiendo. La situación es un tanto difícil por lo que explicas.
El bibliotecario se levanta y me mira un poco apenado.
—No tienes que decirme más si no quieres.
Se acerca a mí y coloca una mano sobre la mía. Sus manos son ridículamente suaves.
—Traeré un poco de té, chérie.
—Gracias, Émile —intento sonreír, pero mi sonrisa no es sincera y él pareció notarlo porque me dio un par de palmadas antes de retirarse.
Émile no tarda mucho en desaparecer detrás de la puerta para ir a su casa. A su regreso trae consigo una taza de té de algo llamado toronjil que, según él, ayudará un poco.
Si la infusión era para despertarme, realmente lo hizo porque su fuerte sabor amargo y el toque de limón estimularon lo suficiente mis sentidos hasta casi hacerme vomitar.
—Te ayudará con el estrés, pareces necesitarlo —me guiña un ojo y se dirige detrás de la caja registradora, en donde parece estar apilando algunos libros.
—Está un poco amargo —vuelvo a tomar un sorbo para irme acostumbrando a su sabor, pero el té me está ganando en el juego.
—Te acostumbrarás —sonríe.
El bibliotecario vuelve a sus labores y yo disfruto del silencio del lugar y del sentimiento de un nuevo entorno, nuevos aires. El olor a libros siempre me ha gustado. No soy particularmente una ávida lectora, pero de vez en cuando disfruto de la literatura, principalmente la de época. Son obras que disfruto enormemente. Parece que han pasado años desde que leía en la soledad de mi habitación.
Con todo esto que ha pasado siento que no he tenido tiempo de hacer una introspección acerca de los últimos acontecimientos y cómo no les tomo la importancia que debo tomarles, ya que, como siempre, tengo la costumbre de minimizar mis emociones e intentar suponer que nada ha pasado. Es un poco difícil salir de esa rutina.
Lo que pasó en la heladería no es algo a lo que deba restarle importancia. Si es cierto que no es la primera vez que veo a Des asesinar a alguien a sangre fría, saber que es algo que le tienen prohibido y aun así continúa haciéndolo es escalofriante. Espero que esto no le traiga consecuencias, pero no solo eso. El hecho de que ha matado personas frente a mí y, aunque sé que lo hace para protegerme, sigo sin poder justificar ese comportamiento ni mucho menos los otros que ha tenido. No parece dudar o tener remordimientos. No me imagino yo asesinando a alguien y poder dormir tan tranquilamente. Sé que esos malditos no son ángeles caídos del cielo ni mucho menos, pero lucen como humanos y eso es lo que más me asusta; supongo que los monstruos pueden lucir igual que nosotros.
Sé que no soy fácil, pero él tampoco es un ángel que tenga el carácter más dócil de todos y es cierto que la situación es completamente nueva para ambos, pero no la hemos llevado de la mejor forma. Vincent me ha pedido paciencia con respecto a él y, aunque la paciencia no es normalmente mi fuerte, puedo intentarlo un poco más. Lo que no puedo es arreglar a un hombre roto que no quiere arreglarse.
Por otra parte, el hecho de que casi fui violada por esos imbéciles de Maleficis y, en más de dos ocasiones, secuestrada, me hace pensar que es hora de que las cosas cambien. Y no solo el hecho de entrenar para dejar de ser la damisela en peligro. Debe haber una forma de que dejemos de ocultarnos o de necesitar tanta protección. Debe haber una forma de vencerlos y es algo que debo discutir con ambos arcángeles.
El encuentro con mis padres... quiero arrepentirme de lo sucedido, realmente quiero, pero no puedo. No puedo parar de pensar que ellos se reúnen en secreto y en ningún momento pensaron en decírmelo. Esas veces que veía en la televisión, ya sea en alguna serie o una película, las relaciones de padres e hijas y saber que yo no podía tener algo así para después darme cuenta de que sí podía porque mi padre está vivo y mamá lo ocultó tantos años... espera que la perdone así tan fácilmente, como si mis sentimientos pudieran hacer borrón y cuenta nueva. Lastimosamente para ella y para mí no pueden y es algo con lo que tengo que acostumbrarme o al menos a la idea de que mi familia está completa, pero oculta por un engaño. Es difícil no sentir culpa al saber que tus padres no pueden estar juntos por causa tuya, ya sea que ellos quieran aceptarlo o no. Como me dijo mi padre, ellos fueron jóvenes y estúpidos, sí, pero yo cargo con ese peso de que no podemos ser una familia normal por mi culpa, aunque realmente no lo sea y eso será un peso sobre mis hombros por mucho tiempo.
En cuanto a mis sentimientos por Desten... escuchar los testimonios de Danielle y Eleanor, saber que mi guardián me escogió a mí y no a ellas según sus palabras, resulta algo verdaderamente difícil de aceptar, como todo lo que pasa en mi vida realmente. Ambas magas parecen excepcionales y no entiendo cómo ellas, con tanta madurez y belleza, no fueron escogidas. ¿Por qué yo? ¿Por qué fui su excepción?
Las citas no son algo que cruzara mi mente realmente. Tuve muy pocos gustos en el colegio. Recuerdo a Luis, un chico que estuvo conmigo en primaria. Era bajito, pero tenía unos preciosos ojos café y el cabello castaño oscuro. Recuerdo que me gustaba mucho su lonchera del Hombre Araña y los diferentes tipos de postres que compartía conmigo, ya que su mamá hacía el mejor pastel de chocolate y me gustaba que, de entre todas las niñas, él prefiriera sentarse y compartirlo conmigo.
Lastimosamente Luis se cambió de colegio y nunca volví a verlo, por lo que desde entonces nadie más había llamado mi atención. Y es que todo el tema de casarme o soñar con un esposo no era algo que formara parte de mis prioridades. No me negaba a la idea, pero no era mi principal prioridad, por lo que cuando Christian comenzó a mostrar interés en mí entré en pánico y lo esquivé lo más que pude hasta ese fatídico día en el pasillo del colegio.
Pero con Des... no lo sé. No sé si es su manera de protegerme o la manera en la que me mira, porque lo hace con una intensidad que jamás había visto antes. El ángel es mitad celos y mitad posesividad todo el tiempo y, aunque a veces parece que quiere mearme encima para marcar territorio, tiene sus momentos sensibles.