Capítulo 18 #3
—Algo. Él no lo dice, pero sé que se siente diferente. Por eso siempre lo ves aislado. Mantiene una pared hacia los demás, creo que incluso hacia sus propios sentimientos. Eso hiere a mis padres, pero ellos prefieren darle su espacio.
—Al final es su hijo, debe dolerles ese desprecio de su parte.
—Ellos entienden que Des es diferente y siempre lo han amado por cómo es. Mis padres nos criaron a ambos como iguales, nunca hubo una distinción o alguna preferencia. Aunque eso también está prohibido, porque crea resentimiento y el resentimiento trae problemas.
—Ustedes no acostumbran a tener hermanos. Entiendo que en este caso algo así pudo haber pasado. Naturalmente tus padres pudieron haberte preferido, al final Des tenía otra familia.
—Es correcto. Ha sido el segundo caso en que han criado a hermanos en una sola familia de ángeles.
—¿Cuál ha sido el primero? —inquiero curiosa.
—Eso es para otra conversación —me guiña un ojo—. Nuestros padres creen que el carácter de Des cambió desde que le fue revelado el motivo de que formara parte de nuestra familia. Tampoco comprendía mucho el color de sus alas, por lo que todas esas confusiones y revelaciones fueron mucho para él. Dejó de ser este niño juguetón para volverse cada vez más frío y distante. Él siempre presentó un carácter agresivo, cosa que nunca se ve en los ángeles, pero más que agresividad presiento que era alguien que se reprimía a sí mismo. Siempre tuvimos miedo de perderlo.
—Oh... —es todo lo que consigo decir.
—Ambos están ansiosos por conocerte —alza ambas cejas repetidamente para aligerar la conversación.
—¿La anomalía tiene admiradores? —digo con sarcasmo.
—Más bien están curiosos. Mis padres saben de ti y no por mi influencia. Eres famosa —dice burlonamente.
—Gracioso —es nuevamente lo único que puedo decir porque no sé cómo tomar la revelación de que los padres de Des saben sobre mí.
Ríe y continúa:
—Es difícil ascender en las jerarquías, pero Des lo consiguió —dice señalándome—. Padre le dio el honor de formar parte del consejo. Como te mencioné anteriormente, el consejo no es más que política y cada jerarquía tiene un representante: los querubines, tronos, en fin, todos ellos. Des pasó de tener un puesto como arcángel a subir de rango como teniente general y formar parte de las potestades. Los rangos de generales solo se les dan a dos querubines, pero Des ahora forma parte de ellos con otro querubín o más bien otra.
—Déjame ver si entiendo bien. La máxima autoridad aparte de Padre son los serafines, quienes son realmente el consejo de los siete. De ahí pasamos a los demás que has mencionado. Sin embargo, cada jerarquía tiene derecho a tener un representante.
—Todos tienen derecho a tener dos representantes, tanto en la Tierra como en el cielo.
—Si Des forma parte de los querubines, ¿quién es el representante de los arcángeles? —pregunto confundida.
Vincent me mira con una gran sonrisa y se señala a sí mismo para luego hacer pasos de jazz.
—Lo tienes enfrente —sonríe ampliamente enseñando su perfecta dentadura.
—Acaban de darte el puesto, ¿cierto?
Hace un gesto afirmativo con vigorosidad.
—Felicidades.
—La decisión se tomó esta mañana. Es un profundo honor. Mis padres están emocionados y quieren tener una celebración, pero debido al peso de la misión decidimos esperar un poco.
—Lo siento —le digo un poco apenada.
Debe sentirse muy mal no poder disfrutar de tus logros por tener que cuidar a una chica que no sabe defenderse sola.
—Tranquila, anomalía, no eres nuestra única misión —me tranquiliza.
—Supongo que eso es un consuelo.
—Algo —me guiña el ojo divertido.
—Déjame continuar con el orden de los ángeles antes de que vuelva a perderme. Entonces me dices que cada jerarquía debe tener un representante y tú eres el recién nombrado de los arcángeles. Entonces, ¿quién es el de las potestades?
—Pahliya.
—¿Ese es su nombre?
—Sí. Ella también lidera el continente asiático.
—Entonces ella habla en nombre de los demás principados o de los que forman parte de la jerarquía de principados. Todo esto es muy confuso.
—Exacto. Habla por parte de todos los principados y de los ángeles bajo su manto en el continente asiático. Cada líder de cada continente tiene esas funciones, tanto representante de su jerarquía como del continente en el que se encuentra. Es una tarea difícil, pero en Paradisum tienen a alguien que les ayuda con esa labor mientras cuidan aquí.
—¿Y los demás?
—Bien, de los querubines, como sabes, son Des y Jabamiah. De los tronos son Cahetel junto con Amael. De las dominaciones, Lauviah y Phanuel. De las virtudes, Haziel y Cassia. De las potestades, Jeliel y Sariel. De los principados ya te dije que Pahliya. De los arcángeles soy yo y Tzaphiel. De los soldados, si mi memoria no falla, son Nith junto con Zaphkiel y de los guardianes son Harael y Jophiel.
—Son demasiados nombres para recordar, pero al parecer tú has hecho la tarea —le digo en tono de burla.
—Es mi trabajo saber cosas —se encoge de hombros—. Pero bien, ya que estás al día con la información, es hora de volver a las prácticas.
Se levanta del suelo y se sacude el traje para luego ofrecerme la mano, la cual acepto.
—¿Sabes qué es lo mejor de que este piso esté vacío sin esos malditos gatos?
—No lo sé —ruedo los ojos al cielo—. Que los gatos no están, supongo.
—No —dice sonriendo maliciosamente—, que puedo molerte como un saco de papas y tu gato no intentará matarme.
—Vince...
Pero antes de que pueda siquiera terminar de decir su nombre, con un solo movimiento ágil me tira al suelo como por décima vez y mis huesos, articulaciones y alas protestan al respecto.
El resto de la tarde lo pasé practicando con armas de fuego para poder defenderme y no ser una carga para los demás. Alrededor de las tres de la tarde subí a las oficinas de Des para pedirle que me dejara ir a la biblioteca, ya que debo pedirle permiso hasta para respirar y, en mi camino, vi que algunos de los ángeles me miraban con curiosidad y otros me reconocían. Supongo que es difícil olvidar a la chica que le gritó a su jefe.
Al llegar a la gigantesca oficina, Liora ya estaba allí. Curiosamente, Des no.
Liora me comenta que él había salido a hacer unos negocios a las afueras de la ciudad y que tenía la orden de mandarme a casa cuando terminara con Vincent, pero mis planes son otros. Así que hago una rápida llamada al teléfono de Des desde su oficina, la cual termina en discusión como siempre. Lo positivo es que conseguí el permiso.
A las afueras de la oficina, un auto blindado negro ya me espera con Agelos al volante y Haniel en el asiento del copiloto.
—Hola, chicos —los saludo felizmente.
—Señorita Dagger —contestan al unísono.
—No hay necesidad de que me llamen por mi apellido como los típicos guardaespaldas. Es raro y muy cliché.
Ambos hombres, o más bien ángeles, me miran por el retrovisor.
—Con que me llamen Emma es suficiente y —hago una pausa señalándolos a ambos— sin el "señorita" —los amenazo.
Ambos ángeles afirman con la cabeza y damos el habitual paseo en auto hasta el hotel.
Nos detenemos justo enfrente y Haniel se voltea a mirarme desde el asiento del copiloto.
—Voy a ir a buscar su computador y el teléfono para que pueda hacer sus tareas en la librería como quería hacerlo. ¿Necesita que le traiga algo más?
—¿Cómo sabes que eso quería hacer? —su repentina mención de mis planes me toma por sorpresa.
—El jefe lo ha mencionado —replica.
Tiene sentido.
Asiento y Haniel se va del vehículo.
Mientras avanzamos veo que Agelos pasa por el frente de la librería y se dirige a unos estacionamientos gratuitos que quedan cerca. El ángel se baja y, antes de que yo pueda abrir la puerta, este lo hace por mí.
—Gracias.
Agelos me dedica una leve sonrisa y ambos nos encaminamos a la librería Cieux.
Al entrar, el aroma a libros y a lo que parece ser galletas o vainilla es lo primero que nos recibe, junto con la pequeña campana que hace ruido al abrir la puerta. Detrás de un par de cortinas que dan a otra sala escondida al público aparece Émile.
—Pero si es la chica de antes. Pasa, pasa —hace ademán con la mano para que entremos mientras nos recibe—. Es un placer volver a verte.
Y como todo francés me da un beso en cada mejilla a modo de saludo.
—Pensé que no ibas a volver, chérie.
Su mirada pasa de mí al rubio guardaespaldas que se encuentra detrás de mí.
—Y has traído al amant que vive contigo.
—Él no es el que vive conmigo, Émile —digo sin entender el significado de amant—. Él es Agelos, un amigo —le miento—. También vendrá otro amigo. Decidieron hacerme compañía un rato.
—¿Tu amant es mafieux?
—¿Mafieux? —lo miro confundida—. ¿Hablas de mafioso?
—Sí —responde Émile con curiosidad y miedo plasmados en su rostro.
—No, por todos los cielos, por supuesto que no —niego vigorosamente—. No es mi amante ni mucho menos mafioso, pero sí es un hombre de negocios. Hombre no tanto, más bien ángel, pero no puedo confesarle eso. Y no le gusta que esté sola.
—Belle —su mirada pasa de mí a Agelos y luego vuelve a mí—. Ningún hombre contrata dos garde du corps si no tiene nada que ocultar.
—¿Cómo sabes que son dos?
De repente la campana vuelve a sonar y esta vez Haniel es quien entra por la desgastada puerta con mi computador y teléfono en mano.
—Buenas tardes —le dice a Émile y luego procede a entregarme las cosas—. Emma, aquí están tus cosas.
—Gracias, Haniel —le doy una sonrisa de agradecimiento—. Creo que ambos pueden esperar afuera mientras me quedo con Émile, si les parece una buena idea.
—No lo sé, señorita...
Antes de continuar se corrige al ver mi mirada desaprobatoria.
—Emma, esas no son las indicaciones que el jefe nos designó.
—¿Y cuáles fueron? —me cruzo de brazos un poco irritada.
—Estar cerca de usted en todo momento, hasta que el jefe reemplace nuestro lugar.
—Hostigarme.
—Yo no lo llamaría hostigar —comienza Haniel.
—Es nuestro trabajo —continúa Agelos.
—Lo sé, lo siento. Es solo que Desten es un poco intenso.
—Se nota —comenta Émile, que había quedado un poco atrás en la conversación.
—No tienes ni idea —suspiro con pesadez.