Capítulo 18 #2
Luan y yo estamos terminando el último peldaño de las escaleras cuando observamos que Des y Eloa ya se encuentran en la cocina. De hecho, Des está en la cocina con su típica taza de espresso y Eloa está echada en el sofá.
—Buenos días.
Me acerco a Eloa y rasco bajo su barbilla. A la leoparda también le gusta este toque porque mueve ligeramente una pata.
—Buenos días, Eloa —le sonrío.
La felina ronronea y cierra los ojos.
Al levantar la cabeza puedo ver a Des mirándome fijamente.
—¿Ya comió? —le pregunto.
Des asiente.
—¿Y qué comió? Porque Luan tiene hambre.
Me mira en silencio por otro largo minuto más hasta que deja su taza en la encimera y se coloca la chaqueta.
Hoy no está de traje. Tiene un simple suéter de cuello tortuga negro junto con pantalón de vestir.
—Vincent les ha traído comida a ambos esta mañana. Tu desayuno y el del león están en el refrigerador.
Es todo lo que dice antes de tomar sus cosas y caminar hacia el elevador.
—¿Sucede algo?
Mi voz hace que se detenga abruptamente y dé media vuelta con cara de pocos amigos.
—¿Debería? —dice sin más, quitándole importancia.
—No lo sé... —lo miro extrañada.
—Me avisas cuando lo sepas.
—Des... —exhalo cansada.
—Me tengo que ir, Emma —sin más da media vuelta y sigue caminando.
—Al menos podrías despedirte de Eloa —elevo un poco la voz para que pueda oírme.
Parece que no me ha oído porque sigue dándome la espalda mientras presiona el botón que lo llevará al lobby.
—¡Des! —hago otro intento.
El mencionado entra entre las puertas de metal y, al darse la vuelta, me responde con un duro y certero:
—No.
Y desaparece.
—Definitivamente no entiendo a ese hombre... bueno, ángel, espécimen, lo que sea que sea él —les digo a ambos mamíferos—. ¿Quién lo entiende?
Mi día se basa en hacer tareas en la computadora y atender las necesidades de los animales, lo cual me costó mucho ya que el hotel trajo un enorme pedazo de césped que dejaron en una de las habitaciones para que los felinos fueran acostumbrándose a hacer sus necesidades allí y no en el suelo. El personal no estuvo muy feliz con la llegada de los animales.
Más o menos después del mediodía Vincent pasa por el apartamento a revisar si aún vivía y cómo me iba con las nuevas mascotas, si se les puede llamar así. Por el momento ambos estaban en la habitación de cada uno de sus dueños, por lo que Luan estaba en la mía y Eloa en la de Des.
Lo siguiente que sucedió fue demasiado rápido como para verlo venir. El arcángel hizo un movimiento de ataque sorpresa dejándome en el suelo sin aire en los pulmones.
—¿No lo viste venir? —se ríe a carcajadas mientras me ve tirada en el suelo intentando buscar aire como un pez fuera del agua.
—Claro —hago una pausa para inhalar y exhalar— que no.
Lo observo con cara de pocos amigos cuando me extiende la mano para ayudarme a levantarme del suelo.
—Deberíamos practicar un poco con tus posturas.
—Deberías dejarme en paz —le digo intentando calmar un poco el dolor de mi espalda.
—Vaya, estamos de mal humor —se cruza de brazos y alza una de sus cejas—. ¿Pelearon?
—¿Quiénes? —pregunto confundida.
—Tú y Des.
—No que yo recuerde —me encojo de hombros—. ¿Por qué la pregunta?
—Des ha estado de mal humor toda la mañana —se quita el saco color borgoña dejando al descubierto su chaleco y una corbata a juego, haciendo el conjunto monocromático—. Pensé que habían peleado.
—La verdad es que no. No mentiré al decir que lo vi extraño esta mañana, fue más grosero de lo habitual.
—¿Pasó algo anoche luego de que me fui?
Intento hacer memoria al recordar la ajetreada noche que tuvimos gracias a los felinos; cómo los movimos, la dificultad de subirlos, luego mi noche con Luan y la de Eloa con Des.
—No que yo sepa, realmente no sé qué le sucede. Sus repentinos cambios de humor son algo que me desconcierta. ¿Será que presenta algún tipo de bipolaridad angelical o algo así?
Vincent me mira divertido.
—No es broma, ustedes tienen psicólogos o algo por el estilo en Paradisum. Porque él lo necesita.
Una risa baja sale de Vincent. Sin embargo, su semblante pasa a una expresión seria, más bien lúgubre, como si algunos recuerdos aparecieran de repente en su mente.
El ángel toma asiento en el suelo y me invita a que lo acompañe a su lado. Eso hago intentando que el dolor de espalda no me afecte demasiado, pero fracaso en el intento ya que me duele como los mil demonios. Es como si me hubieran partido la espalda, aunque ya pasé por eso. Quizás estoy exagerando.
—Des no ha tenido una vida fácil, Emma.
—Eso lo sé, ya lo habías mencionado.
—Es difícil saber qué pasa por su mente. Nuestros padres se cansaron de intentar —se encoge de hombros—. Lastimosamente él contó con una red de apoyo bastante limitada. En todos los sentidos.
—¿Cómo cuáles?
—Los ángeles no tenemos tíos, hermanos o primos, tampoco ancestros o descendientes. Sabes lo de la marca que nos define.
Vincent hace una pausa rápida para tomar un poco de agua de una cantimplora que no le había visto hasta ahora y continúa:
—Luego de que a cada ángel se le haya leído su función se le asignan otros ángeles que cumplan la misma función para que le enseñen todo lo que debe saber.
—Es como si un padre criara a un hijo para que sepa el negocio familiar.
—Algo así, solo que los ángeles no son nuestros verdaderos padres. Se nos permite decirles papá o mamá, pero todos sabemos quién es nuestro creador y a quién le debemos nuestra lealtad.
—Sí, claro.
Su explicación tiene sentido, pero siento que cada vez que hablo con Vincent tengo más dudas y este parece notarlo.
—Pero tienes preguntas —levanta una ceja con curiosidad—. Dispara.
—Si ustedes son asignados a ciertos ángeles, ¿por qué a Des no se le asignaron otros padres?
—Porque no había más —dice levantando los hombros—. No todos los ángeles son escogidos para criar a otros ángeles. Aunque no lo creas, al igual que los niños aquí, criar tanto ángeles como niños es una tarea sumamente delicada que nos tomamos muy en serio. No como los humanos que creen que el poder del amor arregla las cosas. No. En Paradisum debes estar realmente preparado para eso, de lo contrario no eres escogido.
—¿O sea que debes pasar una especie de prueba o algo así?
—No conozco el proceso para poder criar un ángel o como dicen ustedes, "adoptarlo", pero sé que es riguroso.
—Técnicamente Des se quedó sin opciones.
Miro a Vincent que parece perdido nuevamente en sus pensamientos.
—Sí, algo así —contesta distraído.
—¿Vincent?
—¿Sí?
—¿Estás bien? —toco su hombro para traerlo a la realidad y su mirada se fija en mí—. Pareces...
—¿Ido? —ríe, pero su sonrisa no llega al rostro.
—Puedes hablarlo conmigo —me encojo de hombros—. Creo que nos estamos volviendo amigos.
—Sí, es correcto.
Coloca su mano por encima de la mía, la cual se encuentra en su hombro, y me da unas palmadas.
—Sabes que mi preocupación principal es Des.
—¿Qué hay con él? —lo miro extrañada.
—Creo que su comportamiento habla por sí mismo.
—Que es un imbécil.
—No, que es un demonio.
—Espero que estés jugando conmigo...
—Eso es lo que dice la gente.
Inesperadamente exhalo el aire que no sabía que estaba reteniendo hasta ese momento. Por un instante pensé... bueno, no es como si nunca hubiera cruzado por mi mente la idea. El mismo Des lo dijo. Es el único ángel que puede entrar al infierno y, añadiendo su comportamiento errático y las alas negras, el hombre o más bien ángel es prácticamente una representación de Lucifer.
El ángel más hermoso.
—Des ha sido rechazado desde su nacimiento. Ningún ángel tiene las alas negras, solo el rey del infierno.
—¿Lucifer?
—Nosotros lo conocemos por otro nombre, pero no está permitido decirlo. Todo ángel lo tiene prohibido.
—¿Se me va a aparecer o algo así? ¿Debería llamarlo "el que no debe ser nombrado"? —me burlo de lo ridículo del asunto.
—No sabemos el motivo, pero está prohibido.
—Vale, vale —muestro las palmas en señal de tregua—. Continúa, por favor.
—Bien, como seguía diciendo. Sabes las peculiaridades de la personalidad de Des, lo de sus alas y la misteriosa muerte de sus padres.
—¿Qué edad tenía cuando sus padres murieron?
—Ninguna. Sus padres murieron el mismo día que nació, por eso casi nunca celebra su cumpleaños.
—Eso debe ser horrible.
Pienso en lo difícil que debe ser vivir sin un padre porque he pasado por eso, pero sin ninguno de los dos debe ser extremo. Antes pensaba que no podía vivir sin mamá y aún lo pienso.
—Supongo que tus padres lo acogieron en ese momento.
—Sí, ellos fueron voluntarios para criar dos ángeles. Eso solo había pasado una vez. Como te dije, los ángeles son asignados y en caso de que no hubiera quién los criara siempre habría sustitutos, pero en esa ocasión había ocurrido un suceso en el que los ángeles habían tenido que interferir, por lo que incluso los padres sustitutos tenían asignados otros ángeles.
—Así que Des quedó solo.
—Sí, por una fracción de segundo. Mis padres también fueron lo suficientemente valientes para aceptarlo. Los otros ángeles veían a Des con horror. Un ángel con alas negras era inconcebible. Creo que aceptan más a los semiángeles que a Des y eso que ustedes no son muy bienvenidos.
—Pensé que querían a los humanos —señalo a Vincent con el dedo—. Eso es discriminación.
—No, ustedes son una anomalía que no debería existir. Amamos a los humanos, más sin embargo no a las aberraciones.
—No soy una aberración, Vincent —mi molestia es palpable.
—Lo sé, lo sé —se ríe por mi expresión—. Nuestra mentalidad ha cambiado al respecto, pero siguen siendo una raza inferior. Es verdad que son más fuertes que un humano promedio, pero son inferiores a nosotros y eso es una realidad. La verdad he conocido pocos semiángeles, pero eres la que mejor me ha caído.
—Gracias por el halago, me siento profundamente honrada —digo sarcásticamente.
Se ríe por mi comentario y eso parece ponerlo de mejor humor porque una sonrisa se estampa en su cara y esta vez sí llega a sus ojos.
—Supongo que a Des le ha costado todo ese rechazo.