Dark Arcangelo Capítulo 17 #3
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Capítulo 17 #3

—Puedo cuidarlos, puedo alimentarlos y recoger sus necesidades. Puedo hacerlo.

—No son perros.

—No, son más inteligentes que eso —replico.

—He dicho que no. Ahora ven aquí y encierra a esos animales para poder entrenarte.

—Pregúntale a la leoparda si quiere que la encierre.

—No voy a...

—¡Hazlo! —grito exasperada.

—Emma... —clava sus ojos en mí—. No tientes mi paciencia.

—Ni tú la mía.

Me escruta con cara de pocos amigos. Está molesto, se molesta cada vez que lo reto, lo sé, pero es la única forma de que entienda que no podrá separarme de Luan, aunque quisiera. Es un vínculo que no puedo explicar, va más allá de animal y humano. Supongo que las personas con animales de apoyo sienten lo mismo, pero para mí Luan es mi apoyo, es la compañía que necesito y no estoy dispuesta a dejarlo encerrado en una jaula.

Inhalo para controlar un poco mis ganas de darle la orden a Luan de que lo ataque.

Lo que me queda es intentar convencerlo.

—Háblale —digo suavemente— y pregúntale si quiere que la dejes aquí encerrada nuevamente.

—No voy a...

—No seas terco —le interrumpe Vincent cruzándose de brazos—. Pregúntaselo.

Veo la duda pasar por su rostro ya que pasa su mirada de nosotros a la leoparda que está echada a su lado de manera casual.

No pasa mucho tiempo cuando la leoparda le devuelve la mirada escrutándolo. Des le devuelve el gesto y ambos parecen enfrascados en una conversación silenciosa.

La leoparda se levanta, se sienta y sigue observándolo.

Des, por otra parte, se remanga hasta los codos y se cruza de brazos.

Lo siguiente que pasa es confuso.

La leoparda vuelve a levantarse y su cuerpo se tensa completamente. Des la mira de forma penetrante como cuando lo hace conmigo y esa mirada es de completa obediencia. La leoparda parece intimidada y un juego de miradas para ver quién domina a quién comienza.

Sin esperarlo, el animal se relaja y muestra la barriga en señal de sumisión.

El arcángel se queda anonadado, pero no dice nada.

—¿Y bien? —pregunta Vincent.

—Será tu responsabilidad, Emma. No tengo tiempo para esto —dice tajante.

—¿En serio? —grito exaltada—. ¡Gracias!, ¡gracias!, ¡gracias!

De un momento a otro, sin darme cuenta, tengo los brazos enroscados en el cuello de Desten en un acto impulsivo de agradecimiento que lo deja desconcertado, ya que de repente su cuerpo se pone tenso y es ahí donde caigo en cuenta de que lo estaba abrazando.

Mi cuerpo se tensa igual que el de él y cuando me propongo soltarme, me llega el aroma de su perfume y por un momento lo único que quiero es quedarme en ese lugar, oler su esencia mientras hundo mi cara en su cuello para abrazar mejor nuestra diferencia de altura y sentir sus manos en mis caderas mientras me devuelve el abrazo. Me gusta sentirlo o tal vez es la primera vez que realmente lo siento y es increíble.

Un carraspeo nos trae de vuelta al mundo real y aunque me gusta más de lo que puedo admitir que me haya devuelto el abrazo, me alejo rápidamente de él como si tuviera algo extremadamente infeccioso.

—Interesante... —Vincent nos mira con una cara pícara mientras se cruza de brazos y nos sonríe de forma lasciva.

—Deberíamos... —carraspeo para aclarar un poco mi voz— deberíamos empezar con las armas.

Des asiente. Su personalidad fría vuelve a formar parte de él y se acerca a un maletín que no había notado que estaba en el suelo.

Al abrirlo este contiene tres armas posicionadas en el interior de terciopelo del maletín. Del otro lado también están bien asegurados los cartuchos.

Saca el trío de armas y le tiende una a Vincent, que la toma con familiaridad. De la misma forma me da una y agarra la que queda para él.

—Esta es una 12 TTI STI 2011 Combat Master.

Des me tiende el arma para que la tome. El metal se siente frío, pesado y áspero en mis manos.

—Date la vuelta —dice Des.

Lo miro con desconfianza por un segundo y él parece impaciente porque vuelve a pedírmelo. Sin embargo, después de todo lo que he pasado estas semanas y el apoyo emocional que Des ha sido para mí, no puedo no confiar en él, sería muy estúpido de mi parte.

Así que con un poco de recelo me doy la vuelta obligando a mis alas a estar en su panorama visual, ya que me he quitado el anillo.

Siento la presencia de Des a mis espaldas mientras toca la base de mis alas en mi espalda y con un movimiento rápido siento un doloroso agujazo ahí donde mis alas conectan.

Me doy la vuelta rápidamente para encararlo.

—¿Qué demonios fue eso? —le grito—. Luan, ¡no! Quédate donde estás.

El león gruñe en la distancia, pero vuelve a su posición anterior observándonos con atención.

Des toma la aguja que tiene en la mano y la coloca en el maletín.

—El localizador, ahora puedo saber dónde estás.

—Eso es enfermo —le recrimino.

—Entonces cada ángel del cielo es un enfermo —se burla Vincent—. No apruebo que use ese rastreador a su conveniencia, pero es por tu protección.

—Ahora colócate en posición para enseñarte a usar un arma.

Ruedo los ojos.

Des se remanga un poco más la camisa dejando en exposición algunas líneas más de sus tatuajes.