Dark Arcangelo Capítulo 16 #4
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Capítulo 16 #4

Ambos arcángeles siguen comiendo mientras yo me quedo tan sorprendida con el precio que se me acaba de revelar que casi me atraganto con el segundo sorbo que le di.

—¿Solamente? —los miro a ambos—. ¿Es que es muy poco?

Mi sorpresa capta su atención y Vincent ríe ligeramente.

—¿Cuánto crees que cuesta el whisky que él se toma?

—No lo sé —me encojo de hombros—. ¿Por qué pensaría en eso?

—Su whisky cuesta un millón de dólares, Emma —señala a Desten con el tenedor—. Es un Macallan Fine and Rare Collection, 1926, 60 años. No es tan viejo para nosotros, pero es lo que podemos conseguir aquí en la Tierra. En Paradisum hay licores de muchos siglos y aquí en la Tierra también los hay, aunque no de tanto tiempo. Por eso nos dedicamos a coleccionarlos.

—¿De dólares? ¿Un millón de dólares les parece poco? —por poco vuelvo a atragantarme.

—Sí, si es algo que bebes a diario —esta vez Desten se encoge de hombros—. El dinero no es problema para nosotros.

—Lo pude notar —digo incrédula—. Lo noté desde que me subí a tu auto.

Ambos ríen por mi reacción y la velada continúa entre más risas y asombro cuando mis guardianes me cuentan sus gastos mensuales y sus gustos caros.

Es casi medianoche cuando siento a Desten entrando a la habitación. Lo siento ir directamente a la ducha para tomar un baño y luego de unos minutos se encuentra conmigo en la cama.

—¿Te he despertado?

Desten se coloca a mi lado tirando de mí para recostarme sobre su pecho.

—Sí.

Con mucha más confianza que antes recuesto mi cabeza en su hombro y escondo mi cara en su cuello. Una de mis manos lo abraza y nuestras piernas se encuentran entrelazadas.

—La cena estuvo deliciosa —parece satisfecho.

—De nada.

Puedo sentir su suave risa en el pecho cuando ríe por mi comentario. Sin embargo, no pasa mucho tiempo cuando siento que su respiración se ralentiza a medida que se va quedando dormido. Puedo sentir cómo su ritmo cardíaco disminuye y su respiración se acompasa cada vez más. Su agarre sigue siendo firme, pero no tanto como al principio.

En este momento con él no pienso en nada más que no seamos nosotros dos en esta enorme cama. No puedo pensar en otra cosa que no sea lo bien que huele por el gel de ducha o lo cómodo que es su cuerpo para dormir, cómo me hace caricias debajo del pijama haciendo que mi piel se erice, cómo nuestros cuerpos se calientan por la cercanía haciendo que el frío de la noche desaparezca.

Me siento tan cómoda a su alrededor. Me gusta estar entre sus brazos donde me siento protegida, incluso podría decir que feliz. Puedo olvidar el mundo y los problemas; por primera vez en mucho tiempo me siento tan perfectamente completa, en paz. Solo somos él y yo en esta cama con las luces apagadas y las sábanas entre nosotros.

Su pecho se acompasa cada vez más y puedo ver que se ha quedado dormido. No puedo evitar contemplar su perfil a la luz de la luna. Su quijada es perfectamente cuadrada, su ligera barba de un día es rasposa sin ser molesta, tiene los pómulos altos, la nariz respingona y unas hermosas cejas y pestañas abundantes. Este hombre es hermoso y no puedo creer que esté en sus brazos.

Un ruido me hace salir de mis ensoñaciones y al ver que ese sonido ha provenido de Desten no puedo evitar sonreír al descubrir que el arcángel ronca. Vuelvo a acomodarme entre el espacio de su cuello y hombro y lo abrazo con mi mano libre. Él también se aprieta más contra mí y así me entrego a la oscuridad de la noche.

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—¿Por qué todo lo que escucho de ti es una negativa? —inquiero enojada.

—¿Por qué siempre preguntas cosas a las cuales sabes que me negaré? —me responde de la misma manera.

—Desten... —suspiro—. No quiero rogarte, no otra vez.

—Ya sabes mi respuesta.

La tranquilidad de la noche anterior se desvaneció en el momento en que se me ocurrió, a la mañana siguiente, pedirle al arcángel que me enseñara a defenderme.

—Des, tengo que aprender a defenderme —le sostengo el brazo cuando tiene la intención de irse de la habitación.

—Voy tarde a una reunión, Emma —me mira y luego observa la mano con la que lo sostengo para volver a mirarme.

—Quiero aprender a defenderme —suelto un poco mi agarre, pero no lo dejo ir—. Desde mucho antes de conocerte siempre he tenido este pavor a ser conflictiva, siempre esquivo los problemas cuando puedo —otro suspiro sale de mí intentando contener mi frustración—. No quiero tener miedo nunca más, Desten. Desde que te conozco he visto una parte de mí que jamás había visto y aunque me toma todo de mí pedirte esto, y más aún aprender algo tan peligroso... —hago una pausa intentando darme valor—. Han intentado matarme más de tres veces en menos de un mes. No puedo seguir dependiendo de ti, no siempre vas a estar para pelear mis batallas.

A él le toma un momento responderme. Sé que está teniendo una lucha interna entre lo que le he dicho y lo que él piensa que es lo mejor para mí. Se suelta de mi agarre y toma mi mano para lentamente entrelazar nuestros dedos. Su acción me toma por sorpresa, pero a él no parece darle importancia porque aprieta más su agarre y se acerca a mí.

—Siempre voy a estar ahí para protegerte, Emma. Esa es mi misión.