Dark Arcangelo Capítulo 16 #2
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Capítulo 16 #2

Traición. Es lo único que pasa por mi mente, la traición de ambos, de ocultarme toda esta verdad, de hacerme vivir este infierno y sé que no tengo derecho a reclamarles nada ya que ellos han vivido el mismo infierno que yo; la diferencia es que ellos lo escogieron y yo fui arrastrada a ello sin mi consentimiento.

Desten me mira detenidamente y al verlo las lágrimas comienzan a salir de mis ojos inmediatamente; con la mano que tiene en mi hombro me abraza delicadamente y yo me escondo en su cuello a llorar desconsoladamente.

—Por favor, perdóname —le escucho decir a Sebastián—. Emma, perdóname, hija, por favor.

Su mano toca mi brazo y en un impulso me alejo de los brazos de Desten para apartarme del toque de mi padre.

—Luce... —dice Desten cautelosamente.

—Yo crecí sin un padre, porque tú no fuiste lo suficientemente valiente como para decirme la verdad —digo mirando a mi madre. Las lágrimas caen sin control por mi rostro, pero me animo a seguir— y antes de que empieces con lo de protegerme, pudiste por lo menos haberme dicho que estaba vivo —señalo a Sebastián mirando a mi madre—, que estabas vivo —digo ahora pasando mi mirada hacia él—, que no podíamos estar juntos y que me amabas —mi voz se quiebra aún más y Sebastián hace ademán de acercarse, pero yo vuelvo a alejarme—, pero no lo hiciste —recalco—, no lo hiciste. En cambio, crecí sin tener una figura paterna. Sin un padre que me dijera lo hermosa que soy por dentro o por fuera, o incluso que me dijera que soy horrible porque me parezco a él. Crecí sin un padre que me llevara a la escuela, que me consintiera sin decírselo a mamá, que estuviera celoso de mis amigos varones, que me dijera que no creciera, que —con dificultad limpio las lágrimas que me empañan los ojos con frustración— me avergonzara delante de mis amigos, que discutiera conmigo porque tenemos el mismo carácter, un padre con el cual pudiera contarle cómo va mi día o que me tratara como al hijo varón que siempre quiso. ¡Un padre presente era lo único que quería! —digo prácticamente gritando lo último—. Que me amara como yo a él, pero tomaron la decisión de enterrarlo y en este momento sigue muerto para mí —digo alternando la mirada entre mi madre y Sebastián—. Sigues muerto para mí, Sebastián o, ¿debería llamarte papá?

Nadie dice nada. Todo lo que se escucha son los sollozos de mi madre que me observa desde el sillón. Sebastián también me observa detenidamente, puedo ver la culpa en su rostro cuando se acerca a consolar a mi madre. Desten también se acerca a mí, su rostro es impasible como siempre, pero al acercarse lo único que hace es taparme de la vista de mis padres. Me toma el rostro con ambas manos y me seca las lágrimas con dedos rasposos.

—Sube.

Yo asiento y obedientemente le doy una última mirada a mis padres antes de subir escaleras arriba.

—¡Emma! —llama mi madre.

Con paso apresurado me alcanza en las escaleras y me da un abrazo. Puedo sentirla sollozar y aunque no le devuelvo el abrazo, me disocio del momento.

—Nunca pensé que pudieras sentirte así —dice entre sollozos tomando mis manos—. Nunca mencionaste nada al respecto.

—Que no lo mencionara no significa que no lo sintiera, mamá —le doy un apretón—. Sé que no es completamente tu culpa —suspiro—, pero no esperes que pueda ser comprensiva en este tema, lo siento.

—No, no —dice negando con la cabeza—. Tienes razón, te fallamos. Los dos —me mira a los ojos—. Espero que algún día puedas perdonarnos, a ambos —pasa su mirada de mí a Sebastián, quien se encuentra al final de las escaleras mirándonos atentamente—. También sé que estás en el lugar correcto, pude ver cómo Desten cuida de ti, incluso de nosotros y eso, aunque me duele, me mantiene más tranquila —con una mano suave me toma del rostro—. Te amo como nunca he amado a nadie, eres y siempre serás el amor de nuestras vidas. ¿Lo sabes?

Suspiro.

—Lo sé, mamá.

Ella vuelve a darme un abrazo y esta ocasión se lo regreso. Ambas nos despedimos con lágrimas en los ojos. Sebastián me da una inclinación de cabeza y lo único que puedo hacer es imitar su acción. Desten les avisa que será mejor que continúen esto otro día, por lo que los acompaña a los ascensores; mi madre me envía un beso al aire y le sonrío antes de desaparecer escaleras arriba hacia la habitación de Des.

Es allí, en su cama, donde no puedo contener más las lágrimas y no puedo estar más molesta por ello. No quiero llorar más, no quiero sentirme frágil o desorientada todo el tiempo, no quiero seguir siendo ciega al problema que nos rodea o enfrentarme a la realidad de que mi padre está vivo y no lo recibí de la forma más apropiada, pero no puedo evitar sentirme traicionada, sentir que toda mi vida pensé que él había muerto. Sin embargo, hace dos minutos acabo de verlo, respirando y con una mirada agridulce en su rostro por el hecho de que me ha conocido, pero mis palabras le han dolido.

Siempre quise saber más de mi padre, pero supuse que era un recuerdo doloroso para mi madre, ya que cada vez que lo mencionaba su rostro cambiaba completamente y por eso desistí de cualquier intento de saber qué había pasado con él y por qué ella aún no había superado esa pérdida, pero veo que me equivoqué. Su aflicción no provenía de su muerte, sino de la incapacidad para estar juntos. Esos recuerdos de lo que alguna vez fue le dolían más de lo que alguna vez dijo. Me dolía verla así de afligida, así que decidí acallar mis dudas acerca de él o decirle que lo olvidara, aunque eso fue algo que nunca pudo hacer.

Y en cuanto a él, mis lágrimas no dejan de caer por la desesperación y la incertidumbre que esto me trae. Pensar que estuvo muerto y al verlo tan feliz de verme me hace enojar, pero también trae un sentimiento de esperanza que jamás había albergado, ni siquiera cuando era niña y me imaginaba a mi padre vivo con nosotros. No puedo perdonar tan fácil y es chistoso que lo diga, siempre he pensado que soy bastante comprensiva con respecto a todo. Aunque esto me sobrepasa. Todo lo que pasa por mi mente es traición y me siento peor por pensar de esa forma, por haberle deseado la muerte... por despreciarlo.

Un par de manos me arrastran y para cuando puedo ver lo que sucede, Desten me coloca en su regazo. Con el dorso de la mano intenta secarme las lágrimas mientras que con la otra aparta el cabello de mi rostro que se pega a mí a causa del llanto.

—¿Luce? —pregunta mirándome con expresión preocupada.

—Estoy bien —es todo lo que puedo decir.

—Pensé que la presencia de tus padres iba a alegrarte... no pensé... —hace una pausa entrelazando mi mano con las suyas— no pensé que lo empeoraría.

—No lo empeoraste —le digo—. Es solo que uno nunca está preparado para estas cosas, supongo.

No dice nada, solo asiente y puedo ver que lucha por decirme algunas palabras de consuelo, sin embargo, nada más sale de sus labios. Y aunque aprecio el intento, no quiero oír nada más al respecto. Necesito pensar las cosas antes que cualquier otra cosa y prefiero hacerlo a solas. Así que instintivamente lo callo con un beso antes de que siquiera pueda decir algo más.

Él parece sorprendido al principio, pero se deja llevar por el momento. Me toma de la nuca suavemente acercándome más a él y con la otra mano me agarra de la cintura para apretarme contra su cuerpo. Nos besamos por lo que parece una eternidad de forma suave e inocente, sin ninguna otra inclinación, es más un beso consolador y eso me llena de una forma indescriptible. Sé que él está haciendo su mejor esfuerzo para estar para mí y lo agradezco con toda el alma.

Él deshace el beso cuando me dice que tiene que bajar a trabajar. Yo asiento diciendo que es mejor que distraiga mi mente con los deberes, por lo que lo haré en mi habitación. Él asiente nuevamente y sale del cuarto, no sin antes darme un beso cariñoso en la coronilla.

Son las tres de la tarde cuando un leve toque en mi puerta me distrae de quemar mi cerebro con los problemas de física que tengo que resolver.

Musito un “pase” y la cabeza de Vincent aparece entre el espacio de la puerta.

—¿Ocupada? —pregunta curioso.

Le digo que no realmente y Vincent entra en la habitación seguido de Danielle y, por último, Desten. Este último queda recostado en el marco de la puerta mientras los otros dos toman asiento en la pequeña sala de estar de mi habitación en donde hago las tareas.

—Tengo una solución temporal al problema —dice Danielle.

Saca de una bolsita de terciopelo una cadena plateada con un colgante en forma de D. La cadena de Desten. No recordaba que se la había devuelto el día de la batalla.

—Tiene una runa y está reforzada con un hechizo —estira la mano para entregarla—. Bloqueará todas tus pesadillas, incluyendo tus sueños. Hasta que el problema sea resuelto, pero no puedes dejar de usarla o podrán volver a entrar en tu mente.

Sostengo el metal entre mis manos para luego colocármelo en el cuello. La diferencia de temperatura entre mi cuerpo y la joya me eriza los vellos de la piel, pero nadie parece notarlo. Le doy un silencioso agradecimiento a Danielle y esta me sonríe antes de salir del cuarto.

Vincent sigue sentado en uno de los sillones individuales y Desten se coloca a mi lado, en el otro extremo del sofá.

—Me mencionaron que le tienes cariño a cierto león —me mira Desten con los brazos entrecruzados—. ¿Es cierto?

—Sí, me gusta mucho —respondo con una sonrisa al recordarlo—. ¿Por qué?

—Puedo arreglar otro encuentro, he leído...

—Más bien yo te dije —lo corrige Vincent señalándolo con el pulgar—. Yo se lo dije.

—Sí —carraspea Desten—. Me dijo Vincent que los animales pueden ser terapéuticos y aunque no estoy de acuerdo con tener un león en mi casa, puedo arreglarlo hasta que te sientas mejor.

Mis ojos se abren de par en par cuando veo que habla del león como si fuera un perro, pero ¿cómo planea tener un animal así de peligroso aquí?

—Es de un león de lo que estamos hablando, Desten, no es un gato cualquiera —le advierto.