Dark Arcangelo Capítulo 16
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Capítulo 16

La luz del sol se cuela por la ventana cuando abro los ojos. Ya no está lloviendo y un hermoso cielo azul me recibe. Me doy cuenta de que estoy completamente sola cuando miro a mi alrededor. Sin pensarlo mucho voy a mi habitación para cepillarme los dientes y darme un muy merecido baño. Sin embargo, al estar a solas en la ducha mi mente no deja de darle vueltas al sueño de anoche e inevitablemente las lágrimas corren al igual que el agua que cae sobre mi cabeza y, sin más fuerzas, caigo de rodillas al suelo con las gotas golpeándome desde arriba. Parece tonto que un sueño me haga sentir tan asqueada conmigo misma, pero no puedo evitar pensar que todo se sintió tan real, tan vivido. Lo único que quiero hacer es arrancarme la piel con el jabón como si pudiera pelarla.

Al salir de la ducha puedo observar mi reflejo. Mi cara está totalmente hinchada por el llanto y mi cuerpo rojo y sensible por las veces en las que froté mi piel. Demasiado cansada me dirijo de nuevo a la habitación de Des para tomar una siesta cuando me llama desde escaleras abajo. En este momento no quiero hablar con nadie, así que decido ignorar su llamado encaminándome a su habitación. Corro las cortinas para impedir el paso del sol y me introduzco bajo las sábanas.

Oigo la puerta abrirse cuando estoy finalmente en la posición correcta para quedarme dormida. No necesito voltearme para saber que el dueño de la habitación ha venido en mi búsqueda.

—Necesito que bajes un momento —siento el peso de su cuerpo al otro lado de la cama cuando se sienta.

—Prefiero estar a solas.

—Emma.

—Desten... por favor —mi voz se quiebra inesperadamente— quiero estar sola.

Lo oigo resoplar y levantarse de la cama, aunque realmente no lo escucho salir de la habitación. De repente, las sábanas que me abrazan me son arrebatadas y un segundo después abre las cortinas regresando a mi lado.

—Si no bajas por voluntad propia, te llevaré cargando —ordena.

—No puedes hacer eso —le digo con sorna.

Levanta ligeramente una de sus cejas oscuras y con rapidez me toma de la cintura para dejarme colgando sobre su hombro.

—¡Desten, bájame! —le grito golpeando su espalda— ¡No estoy jugando!

—Yo tampoco, y deja de golpearme.

Me da una palmada en el trasero.

Como puedo me sostengo de su camiseta intentando no balancearme hacia adelante para caer de bruces al piso, pero él me sostiene tan fuertemente de las piernas y con una habilidad impresionante bajamos las escaleras. Al depositarme en el suelo de la sala de estar puedo ver su sonrisa triunfal. Estoy a punto de mandarlo a comer mierda cuando una suave voz me llama.

—Emma...

Al girarme puedo ver el rostro de mi madre a punto de estallar en llanto con los brazos extendidos hacia mí. Dejo a Desten atrás para darle un muy esperado abrazo a mi madre y ambas comenzamos a llorar por los sentimientos del momento. Justo en los brazos de mi madre recuerdo cuánto la he añorado, sobre todo después de lo que sucedió ayer. Ella me susurra palabras alentadoras al oído y yo no puedo hacer nada más que llorar y aferrarme a ella lo más posible. En sus brazos me siento protegida, como cuando era niña y por algún motivo me encontraba triste. Sus brazos siempre me consolaban y con manos suaves me peinaba el cabello, algo que está volviendo a hacer.

Luego de un rato ella me toma por los hombros para limpiar las lágrimas de mi rostro y sonreírme. A diferencia de la última vez que la vi, puedo ver un brillo en sus ojos que jamás había visto, pero antes de que pueda decirle algo más se mueve dejándome ver a un hombre de pie detrás de ella. El hombre es alto, de pelo castaño, tez clara y ojos grises. Él me sonríe y no puedo evitar devolverle una sonrisa cortés. Al volver a mirar a mamá ella sonríe de oreja a oreja y es ahí donde creo haber visto a este hombre; como un balde de agua fría la respuesta llega a mí.

Es el hombre con el que la vi en el centro comercial.

Mi padre.

—Emma, él es... —comienza mamá.

—Yo sé quién es —la interrumpo dominando el enojo que crece en mí.

—Soy Sebastián, Emma. No sabes los años que he esperado para poder conocerte al fin —me mira con emoción y ojos vidriosos.

El hombre da dos pasos hacia mí extendiendo los brazos, pero lo único que puedo hacer es dar dos hacia atrás alejándome de él y de mi madre para chocar con el pecho de Desten. Este me toma por los hombros protectoramente.

—Mi amor... —comienza mamá—. Es tu padre.

Puedo ver el dolor en sus ojos al rechazar la atención de Sebastián.

—Lo siento, pero no lo conozco —le dedico una mirada incrédula, todavía impactada por verlo aquí. De pie. Vivo.

—¡Emma! —me riñe mi madre.

—Tranquila, Jane —dice él poniendo una mano en su hombro para tranquilizarla—. Lo entiendo.

—Será mejor que nos acomodemos en los sillones —anuncia Desten.

Ambos asienten y se sientan en el sillón delante de nosotros. Desten no se separa de mí, colocando su brazo a mi alrededor protectoramente.

—Veo que ustedes se llevan muy bien —nos mira mi mamá con suma curiosidad.

Lo único que puedo hacer es asentir.

—Desten me ha contado del sueño. ¿Estás bien, amor? —ella y Sebastián me dedican una mirada preocupada—. ¿Quieres hablar de eso?

Mi mirada pasa de ella a su esposo. Esta capta la indirecta acerca de mi incomodidad por contar aquello y asiente con resignación.

—En otro momento quizá —me sonríe.

Yo asiento.

Un silencio incómodo pasa después de eso, ya que ninguno sabe qué decir. Desten es alguien de pocas palabras, mamá al igual que yo nos sentimos un poco incómodas y Sebastián, no lo conozco lo suficiente para adivinar lo que pasa por su mente. Pero para sorpresa de todos él es quien rompe el silencio.

—Vine a disculparme —me mira fijamente con las manos entrelazadas en su regazo—. No estuve en tu vida cuando me necesitaste y todo eso es mi culpa, completamente mía, y no pienso pasar por alto el hecho de que las abandoné, a ti y a tu madre.

—¿Por qué? —es lo único que puedo responder.

—La unión entre ángeles y humanos está prohibida, pero desde el momento en que vi a tu madre... puede sonar cursi, pero fue amor a primera vista —sonríe melancólicamente—. No se supone que los humanos puedan vernos, pero cometí un acto de rebeldía en contra de nuestras leyes —hace una pausa sonriendo con burla—. Era joven y estúpido, esa es mi excusa. Estaba ansioso por vivir en el mundo humano, por ver todo eso que nos enseñan en los libros, pero cuando se nos hizo claro que la interacción con humanos era completamente prohibida... digamos que no me lo tomé bien. En mi mente yo quería ser admirado por el ser al que estaba cuidando y, al ver que estaba prohibido mostrarnos, bueno —hace otra pausa, esta vez mirando a mamá— lo primero que hice fue mostrarme ante tu madre y jamás me arrepentiré de esa decisión ...esa decisión —toma su mano mientras continúa relatando—. Con el tiempo nos enamoramos y decidimos casarnos en una ceremonia pequeña, solo su familia asistió y unos pocos amigos. Para tus abuelos yo era un huérfano, así que no se esperaba a nadie de mi familia. Sin embargo, teníamos que huir todo el tiempo. Eso no era sano para nosotros, no era vida, pero estuvimos dispuestos a aceptarlo. Un año después de la boda nos enteramos de que venías en camino y fuiste el milagro más hermoso que podía existir, pero ya sabes, ese tipo de unión es acechada por esas aberraciones, así que nos escondimos lo mejor que pudimos, pero nos encontraron o más bien él nos encontró —dice señalando a Desten—. Nos advirtió que el consejo nos había dejado a nuestra suerte como lo habían hecho anteriormente con tu pueblo. Padre había rechazado esa decisión, por lo que en secreto lo mandó para advertirnos. Nos aconsejó tomar una decisión difícil—suspira pesadamente— por lo que juntos —mira a mamá dándole un apretón— decidimos que lo mejor sería que yo me alejara de su lado para que no pudieran localizarlas. Los ángeles somos mucho más fáciles de rastrear, sería imposible que dejaran de seguirlas conmigo a su lado y así fue. Intenté ir a Paradisum en busca de mis padres, pero la entrada me fue negada y fui capturado para ir a juicio. El veredicto falló a favor del cielo y fui exiliado a vivir entre humanos sin posibilidad de regresar a mi hogar. Por lo que vivo la vida de un hombre normal. Me fue negado contactarlas de nuevo ya que estaría vigilado todo el tiempo, por lo que tu madre y yo nos encontrábamos ocasionalmente cuando viajaba por trabajo; era la única forma de saber de ti o de ella. Le pedí a Desten que, una vez se diera tu transformación, te mantuviera vigilada lo mejor posible. El consejo aprobó esta misión cuando Padre ordenó tu protección. Jane me comunicó lo que pasó el día de tu transformación y ansiaba conocerte, pero este arcángel pensó que sería muy pronto darte esta revelación si ya venías de tantas noticias una tras otra. Esta mañana nos llamó, por eso estoy aquí, porque él me dio el espacio de poder conocerte finalmente y no tienes ni idea de cuánto esperé por verte, por hablarte y conocerte. El día que acompañé a tu madre en el centro comercial habíamos acordado que finalmente nos conoceríamos, pero todo fue de mal en peor cuando los Maleficis aparecieron. Lo siento mucho, Emma —dice mirándome con ojos llenos de lágrimas—. Nunca quise alejarme de ti o de tu madre, toda la vida las he amado y toda la vida añoré una vida juntos.

Su historia me deja totalmente anonadada. Sé que se espera que lo acepte y que debo darle una segunda oportunidad, pero es algo que no puedo hacer. Por muchos años me lamenté por no tener un padre a mi lado y comprendí que el destino era así, la gente muere y no se puede hacer nada al respecto. Siempre me consolaba pensando que él era mi ángel guardián, siempre a mi lado, pero hasta ahora comprendo el peso de mis palabras. Tanto mi madre como Sebastián me miran expectantes, pero las palabras se traban en mi garganta cuando el peso de las emociones intenta salir.

—Mi amor —dice mamá alargando la mano para que agarre la suya, pero lo único que puedo hacer es mirarla—. Emma... —dice ella sorprendida.