Dark Arcangelo Capítulo 10
32%

Capítulo 10

Luego de ver cocinar a Vincent con una maestría digna de un chef, me dispongo a comer junto a él lo que ha preparado para el almuerzo. Consiste en un perfecto salmón a la plancha con una guarnición de vegetales y un poco de arroz integral, una comida bastante saludable.

—¿Cómo está la comida? —pregunta desde el otro lado de la mesa.

—Está deliciosa, pero siento que ya he comido esto antes —digo un poco extrañada intentando recordar dónde he probado su sazón.

—Ah, sí. Cocino para mí y para Des casi a diario —dice señalando la comida envasada que está en medio de nosotros.

—Así que eres tú quien tiene llena la nevera con recipientes de comida etiquetados y envasados —digo llevándome a la boca un pedazo de salmón.

—Si no fuera por mí, su único alimento sería whisky y espresso.

—Pude notarlo —digo tomando una papa entera y saboreando su delicioso sabor—. ¿Siempre has tenido esta habilidad en la cocina?

—¡Claro! Amo cocinar, principalmente comida que pueda brindar la tierra, pero hay algo que me desagrada más que cualquier otra cosa en el mundo.

—¿A ti puede llegar a desagradarte algo? —digo entre broma y sorpresa—. No puedo creerlo —añado fingiendo asombro.

—Muy graciosa —ríe conmigo—. Sí, hay algo que me desagrada profundamente: el azúcar.

—¡Pero es lo más delicioso del mundo! —apunto—. ¿Cómo puedes odiarlo tanto?

—Es de lo más enfermizo que existe. ¿Sabes la cantidad de enfermedades que esa simple cosita puede causarles a ustedes? Y además, ni empecemos con que es una de las drogas más mortíferas y adictivas del mundo. Lo más irónico es que es legal en la mayoría de los países.

—¿También odias los azúcares naturales?

—No, esos no. Esos sí tienen mi aprobación. ¿Terminaste? —me pregunta señalando mi plato, a lo que asiento—. Muy bien, déjame retirarlo entonces.

Toma ambos platos y los lava rápidamente. Mientras él está ocupado terminando de limpiar la cocina, me recuesto en la silla, ya que un repentino cansancio se apodera de mi cuerpo y me arranca un gran bostezo.

—Veo que los sucesos del día han hecho estragos en ti —dice Vincent secándose las manos con una toalla de cocina—. Tengo una habitación si deseas ocuparla.

—No creo que sea necesario —digo levantándome de la silla—. Creo que la comida me ha adormecido un poco, es todo.

—Mi madre siempre ha dicho que barriga llena, corazón contento.

—¿Madre? ¿Tienes madre?

—Claro, todos tenemos madre.

—¿Cómo...?

—Como ya mencioné, nadie sabe con exactitud la forma en que los ángeles son creados. Es una forma de vida tan pura que es imposible de presenciar incluso para nuestros ojos. Pero aun así tenemos padres. Somos asignados a ángeles preparados para criarnos y ellos se convierten en nuestra familia.

—¿Qué hay de los padres de Des? —una curiosidad repentina por los padres del arcángel me invade.

—Des fue huérfano —declara—. Al nacer, sus padres murieron en una misión, por lo que fue criado por los míos. Mis padres lo aman con locura, pero a medida que fue creciendo se volvió más difícil para ellos. Padre intervino en su crianza y entre los tres se encargaron de su educación —se encoge de hombros—. Mis padres hicieron lo mejor que pudieron. Con ambos —una sonrisa lacónica aparece en sus labios de manera inconsciente.

—Ya veo —son las únicas palabras que logro pronunciar.

Creo que ya empiezo a entender su comportamiento. Sin embargo, eso no lo justifica. Para nada.

—Vamos, sé que estás cansada y yo debo trabajar.

Sigo a Vincent hasta una de las habitaciones de invitados que están ubicadas no muy lejos de la habitación principal. Al entrar, la estancia es bastante sencilla y acogedora a la vez. A diferencia de mi inmenso cuarto en la casa de Desten, los muebles aquí son más sencillos, compuestos por una cama, una mesita de noche, un armario y un pequeño escritorio con su silla a juego. Una pared de vidrio idéntica a la de mi habitación completa el lugar. Sin embargo, en este caso el arcángel evita la entrada de la luz mediante cortinas automáticas que se cierran, dejando la estancia iluminada gracias a una lámpara en el centro de la habitación. Vincent también me deja un par de pantalones de chándal algo grandes en color blanco a juego con una sudadera.

Ya con la ropa puesta y debajo de las sábanas, no puedo evitar repasar nuevamente todo en mi cabeza. Conocí a un francés dueño de una librería, provoqué a Desten e hice que se enojara con Vincent. Volví a ver al león y aprendí muchas más cosas estando con Vincent durante una hora que con Desten en tres días. Y con esas ideas en mente, el sueño me reclama como nunca antes lo había hecho, ya que, por primera vez en días, llega sin miedo.

✦

Unos susurros provenientes del exterior de mi puerta me despiertan repentinamente. Al ver la hora en el reloj digital a mi lado descubro que ya ha anochecido porque son casi las once de la noche.

¿Tanto he dormido?

Sin embargo, mi puerta se abre un poco. La luz proveniente de afuera se cuela en la oscuridad de la habitación permitiéndome escuchar la conversación.

—Des —susurra alguien—, ha dormido desde que llegamos. Déjala quedarse aquí, al menos esta noche.

—No —dice la persona del otro lado abriendo un poco más la puerta—. Se queda conmigo.

—Amigo —se escucha la voz de Vincent un poco más clara—, sé que estás haciendo lo mejor que puedes dadas las circunstancias, pero como ya mencioné, ha dormido casi desde que llegó. Se nota que en todos estos días no ha pegado un solo ojo cuando ha estado contigo —hace una pausa antes de continuar—. La tienes asustada.

—Eso no es asunto tuyo, Vincent.

—Ya sé que no, pero al menos déjala descansar aquí lo que resta de la noche. Mañana puedes venir por ella.

—Vincent...

—Des —la frustración de Vincent se nota cuando su voz tiembla un poco—, si quieres me quedo a vigilar su puerta para que puedas comprobar que voy a protegerla con mi vida. Lo haré por más loco que eso sea. Ella está cómoda aquí, déjala quedarse.

—No.

—¿No confías en mí?

—Te confiaría mi vida —declara Desten.

—¿Entonces cuál es el problema, amigo?

—No quiero quitarle un ojo de encima...

—Entonces duerme aquí —lo interrumpe sin dejarlo terminar—. Tengo tu whisky favorito. Al menos déjame convencerte con una copa.

Una risa suave y profunda suena del otro lado. Creo que jamás había escuchado a Desten reír desde que lo conozco.

—Creo que será mejor que me vaya —digo tomando el pomo de la puerta y abriéndola por completo.

Ambos me miran sorprendidos por mi repentina interrupción. Vincent está vestido igual que esta tarde, pero Desten no lleva puesto el saco ni la corbata. Tiene las mangas recogidas y un par de botones abiertos que dejan ver los tatuajes de su pecho, además de los de sus brazos.

—Él no va a ceder y no me gusta oírte rogarle —le digo a Vincent apenada—. Gracias por todo.

—Es una costumbre entre nosotros —dice Vincent haciendo un gesto para quitarle importancia—. Ya casi estaba cediendo. Si me hubieras dado cinco minutos más habríamos hecho una pijamada los tres.

—Ya lo creo —le digo sonriendo.

Acto seguido, con mucho esfuerzo debido a su altura, envuelvo mis brazos alrededor de su cuello.

—Muchas gracias —le susurro al oído.

Mi inesperado gesto parece sorprenderlo por un momento, pero enseguida nos encerramos en un abrazo cálido. Él también me susurra un “cuando quieras” y deshace el abrazo dedicándome una de sus mayores sonrisas. Su mirada pasa de mí a Des y luego vuelve a mí. Debe notar mi confusión porque se explica:

—Quiero mantener mis extremidades intactas —dice levantando las palmas en señal de rendición.

Miro hacia atrás y encuentro a Desten con un semblante serio. En cuanto a Vincent, me limito a encogerme de hombros indicando que me importa muy poco la repentina molestia de su amigo.

—¿Qué hay de mi ropa? —le pregunto a Vincent.

—Se la haré llegar a Des mañana. La encargada de la limpieza la llevó a lavar.

—Oh, agradécele de mi parte.

Vincent asiente y nos acompaña hasta la puerta.

Ambos nos despedimos de él y tomamos el elevador hacia el pent-house. Minutos después, cuando llegamos, soy la primera en salir del aparato de metal para dirigirme inmediatamente a mi habitación. Inesperadamente, la voz de Desten me detiene a mitad de las escaleras.

—Emma... —dice con voz profunda.

—No, ahora no, Des —me giro para mirarlo desde la mitad de las escaleras—. Me siento agotada y quiero seguir durmiendo.

—Tenemos que hablar —dice colocando un pie en el primer escalón.

—Creo que ya hablamos lo suficiente por hoy y por toda una semana —le corto cualquier intención de insistir—. Podemos discutirlo otro día.

—Pero...

—Estoy cansada, Desten —digo alzando un poco la voz—. Quiero seguir durmiendo porque hasta hoy no había notado lo cansada que me tiene toda esta situación. Por lo tanto, lo que sea que quieras regañarme, gritarme o imponerme puede esperar hasta mañana. Así que, por favor, por primera vez déjame salirme con la mía. Al menos esta vez.

Mis palabras parecen mover algo dentro de él porque simplemente asiente y me indica que continúe mi camino hacia la habitación. Su voz me detiene en el último peldaño de la escalera.

—Buenas noches, Luce.

Cuando me vuelvo nuevamente, ya ha desaparecido antes de que pueda decir algo más.

✦

Son las ocho en punto cuando unos golpes en la puerta me despiertan. Desde una pequeña abertura, un muy bien arreglado Desten me comenta que salimos en media hora y, así como entró, salió.

Rápidamente me levanto y me meto a la ducha para alejar las ganas que me arrastran nuevamente a la cama.

Al bajar a la cocina para un desayuno rápido, mi guardián ya me espera con una taza de espresso en la mano y un plato con dos tostadas francesas acompañadas de frutos rojos y un vaso de jugo de naranja. Tomo uno de los platos y me coloco del otro lado de la isla. Él deja de leer algo en la tableta y me observa.

—Supongo que Vincent ha traído el desayuno —señalo para romper el hielo.

Él asiente y vuelve a leer lo que sea que aparece en la pantalla.