Dark Arcangelo Capítulo 9 #3
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Capítulo 9 #3

—Des está en un rango muy superior al nuestro —da un último sorbo y deja la botella sobre la mesa. Se acomoda un poco y se cruza de brazos—. Cada ángel nace con su profesión ya escrita en la piel, por así decirlo.

—No entiendo.

—Cuando nacemos las alas no nos salen de una vez. En cambio, tienes una especie de símbolo que te indica para qué naciste. Luego, con el tiempo, las alas comienzan a crecer como cualquier otra parte de tu cuerpo y, cuando tienes la edad suficiente, eres capaz de hacerte el tatuaje.

—¿Te hacen el tatuaje cuando naces? —digo horrorizada.

—No, cuando tienes la edad suficiente —piensa un momento antes de continuar—. Cada artículo tiene su función. El anillo oculta las alas, pero la runa nos permite desplegarlas sin destruir la ropa... además de aliviar el peso en la Tierra. El collar es un identificador. Usualmente las runas las hacemos antes de bajar los que tenemos una misión aquí en el mundo humano. En tu caso, por obvias razones, aún no lo tienes.

—¿Siempre quisiste ser arcángel? —pregunto de repente.

Mi pregunta parece tomarlo por sorpresa, ya que la expresión de su rostro cambia por completo.

—Lo digo porque me dices que nacen con un símbolo que les indica lo que tienen que ser toda su vida... No imagino lo horrible que debe sentirse ser algo que no quieres ser. Tener que vivir con algo que no te gusta durante toda tu existencia cuando en realidad quieres ser otra cosa.

Una sonrisa melancólica aparece en su rostro. Se mira las manos en el regazo. Guarda silencio durante lo que parecen horas.

—Libertad —dice inesperadamente—. Eso es lo que siempre quise —me dedica una sonrisa sincera que no le llega a los ojos—. Ser libre de hacer lo que yo quiera, independientemente de aquello para lo que nací... eso es lo que quiero.

Tomo una de sus manos en señal de comprensión y le doy un suave apretón para que sepa que no está solo, que lo entiendo y que estoy aquí si lo necesita. Vincent ha sido una de las mejores personas que he conocido desde el primer día y verlo tan afectado por algo, sin esa sonrisa tan habitual suya, me parte el corazón.

—¿Cómo imaginas tu libertad? —pregunto.

Se toma un momento para pensar y finalmente responde:

—El campo. Siempre me ha gustado el campo. El sonido de los pájaros al amanecer, ver el sol salir por el horizonte, la brisa recorriendo cada parte de tu piel y la hierba haciéndote cosquillas en los tobillos.

—Y el olor de los desechos de los animales perfumando el aire —le digo en broma.

El chiste parece funcionar porque una genuina carcajada sale de él, volviendo a ser el Vincent que conozco y no el lúgubre de hace un segundo.

—Eso también —sonríe—. Gracias, Emma.

Esta vez soy yo quien le guiña un ojo y otra sonrisa aparece en su hermoso rostro.

—¿Qué hay de Desten? —pregunto para distraerlo.

—¿Qué hay con él?

—No lo mencionaste entre los arcángeles.

—¡Ah! —rueda los ojos—. Él está en un rango muy superior a pesar de su naturaleza de arcángel.

—¿Por qué?

—Muy rara vez un ángel no ocupa el puesto para el cual nació y este es el caso de Des. Su posición debería ser la de sargento, pero él es un teniente.

—Por lo que entiendo entonces, ¿todos los ángeles tienen posiciones militares?

—¡Por amor al cielo, no! Seríamos demasiados en esas posiciones —dice entre sorprendido y divertido—. Claro que no. Cada posición tiene representantes para eso. Sin embargo, todos hemos sido entrenados para ocupar ese puesto en caso de que sea necesario sustituir a alguno de ellos. Por ejemplo, Des tiene el cargo de primer teniente general sin ser un querubín, pero comparte el puesto con uno de ellos. Su nombre es Jabamiah. Él es primer capitán general y Des está por debajo de él. Los demás estamos por debajo de Des.

—Entiendo. ¿Y qué hay de los demás?

—Entre los tronos hay cuatro representantes. Dos de ellos son coroneles y los otros dos son herreros —su sonrisa divertida explica la confusión en mi rostro—. Sí, tenemos herreros expertos, pero también están entrenados para ser coroneles si llega la ocasión de sustituir a sus semejantes.

—¿Por qué herreros? Mencionaste que hay ángeles como el MI6 que son expertos en armas. ¿Para qué las de antaño?

—Hay armas que deben tener un poder especial para poder matar al enemigo —se encoge de hombros—. Las armas humanas no son suficientes para hacerles daño.

—¿Sus enemigos? ¿Cómo cuáles?

—Creo que ya sabes esa respuesta —responde alzando una ceja.

—Sus contrapartes... —susurro.

Asiente confirmando mi respuesta.

—Creo que ha sido suficiente charla por hoy —se levanta del sillón y toma la botella vacía, además de retirar la mía—. ¿Tienes hambre? —mira el reloj en su muñeca—. Ya pasó el mediodía. Puedo preparar el almuerzo si quieres.

Un ruido proveniente de mi muy hambriento estómago le da la respuesta necesaria a Vincent para ponerse en acción en la cocina.

—Creo que eso es un sí —dice riendo—. Vamos, no te avergüences. Yo también tengo hambre —me tranquiliza al verme cohibida—. Voy a la cocina a prepararnos algo y luego tengo que trabajar en mi oficina. Que esté en casa no significa que no pueda seguir trabajando. Desten lo dejó bastante claro.

Con una mano me indica que lo siga a la cocina y yo, muy obedientemente, lo sigo.