Capítulo 9 #2
—Te lo explicaré todo en el hotel —anuncia.
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El apartamento de Vincent no tiene ni la mitad del tamaño que el de su mejor amigo, aunque refleja perfectamente su personalidad.
Está lleno de diferentes tonalidades de azul, tanto en paredes como en decoración. También hay plantas y cuadros por todas partes.
Un enorme sofá domina la sala frente a un televisor gigantesco. Una mesa de centro cubierta de revistas ocupa el espacio principal, mientras que una alfombra geométrica aporta algo de color al suelo de roble claro.
Como toque final, una enorme estatua blanca de cerámica con forma de perro descansa en una esquina.
—¿Ese no es el perro de...?
—Friends —me interrumpe Vincent—. Es una réplica.
—Es horrible —le digo acercándome—. Ahora entiendo por qué Mónica y Rachel querían deshacerse de él.
—Lo sé, pero me encanta. Considero que es una de mis mejores compras.
Deja la chaqueta sobre el sofá mientras se desabrocha los gemelos.
—Por favor, siéntate. ¿Quieres algo de beber?
—No, así estoy bien. Gracias.
—Perfecto. Déjame cambiarme por algo más cómodo y vuelvo enseguida.
No tarda demasiado en regresar. Ahora lleva unos pantalones de cachemira grises combinados con un jersey de punto. Se acomoda a mi lado en el sofá y me ofrece una botella de agua.
—Sé que estás impaciente por hacerme muchas preguntas —dice mientras abre la botella—. Y estoy mentalmente preparado para responder todas las que pueda. Así que dispara.
—¿Se me nota tanto? —pregunto con timidez.
Vincent bebe un poco de agua, deja la botella sobre la mesa y se quita el anillo del dedo índice. Sus enormes alas aparecen al instante sin necesidad de quitarse la ropa.
—¿Cómo pueden hacer eso?
—Es una runa —responde levantándose ligeramente el jersey para mostrarme el tatuaje de un fénix que le recorre desde las costillas hasta la cadera.
—¿Eso es una runa? ¿El tatuaje? —pregunto asombrada—. Es gigantesco.
—El tatuaje es para que puedas usar la ropa sin romperla, también reduce el peso que sentimos en la espalda. La tinta es mágica —vuelve a colocar el jersey en su lugar.
—Desten tiene muchos tatuajes —me mira confundido y prosigo—. Tiene muchos por todo el cuerpo.
—Ah, sí. Nuestro repertorio de runas es limitado, ya que la mayoría de los poderes que puede otorgarte una runa nosotros los tenemos en nuestros genes, por lo tanto no las necesitamos. Des tiene tatuajes con historias.
—Entiendo. ¿Cuándo podré tener una?
—Un día de estos te llevaré a hacerte una. Deberías tenerla apenas te empiecen a incomodar las alas porque es muy molesto tener que soportar su peso, aunque no creo que te moleste ver a Des mostrando las suyas —me guiña un ojo—. El anillo que te regaló tu padre funciona como el nuestro, pero la runa debería servirte mucho mejor.
—Muy gracioso —vuelve a sonreírme y no puedo evitar acompañarlo—. No sabía que el regalo de mi padre era tan especial. ¿Y tú dónde te hiciste tus runas?
—En Paradisum, claro.
—¿O sea que tengo que...?
—No, no te preocupes, no tenemos que ir hasta allá para eso. Tengo una conocida que es una maga blanca que nos ayudará con ello —dice encogiéndose de hombros—, pero esa no es tu pregunta principal, me imagino.
—No, no lo es —digo negando con la cabeza—. El día que nos vimos en la oficina de Desten mencionaste que los arcángeles forman parte de una especie de consejo. ¿Puedes explicarme cómo funciona eso?
—Bien, ¿por dónde empiezo...? —vuelve a tomar la botella y da un largo sorbo de agua—. Conoces a los cuatro grandes, ¿no?
—Claro, Miguel, Gabriel, Rafael y Uriel.
—Pues hay otros tres más —dice como si nada— y son bastante molestos, pero ¿qué se puede hacer? Son los grandes y hay que obedecer.
—¿En serio?
—Sí. Ellos forman parte del consejo de los siete que aconsejan a Padre cuando la situación lo amerita. En el pasado estos cuatro arcángeles intervenían entre Padre y la humanidad, pero con el paso de los siglos tuvieron menos contacto hasta que Padre los incluyó en su consejo.
—También mencionaste que se dividen en una milicia. ¿Dónde estarían tú o Desten?
—¿Conoces el orden angelical?
—¿Puedo empezar diciendo que no sabía que había uno? —digo un poco avergonzada.
—No te preocupes —hace un gesto para quitarle importancia—. El cielo tiene distintas jerarquías. Por ejemplo —se acomoda un poco en el sillón y continúa— los primeros en la pirámide serían los serafines. Les siguen los querubines, los tronos, las dominaciones, las virtudes, las potestades, los principados, los arcángeles, los ángeles guardianes, los ángeles soldados y los ángeles en general. Ahora —hace una pausa— cada ángel tiene un rango militar de la misma forma. Los serafines son los siete ángeles que forman parte del consejo, pero también son un parlamento; se encargan de todo lo diplomático. Los querubines son generales, primer capitán general y primer teniente general, pero también se encargan de las tácticas. Los tronos son coroneles y expertos en armamento. Ellos forman parte de la primera jerarquía.
Asiento para que continúe, pero él se detiene.
—Creo que sería más fácil si te lo ilustro. Dame un momento.
Se levanta de mi lado acercándose a una de las mesas decorativas que están en la sala de estar. Me da la espalda un momento buscando algo y, al voltearse, tiene entre sus manos unas fichas de ajedrez.
—No creo que vayan a ser suficientes, pero con esto puedo ilustrarlo mejor. Mira aquí
—coloca la reina blanca en la mesa—. Estos son los serafines. Son los principales y los políticos; ellos mueven todas las piezas y tienen el poder. Es más, como una monarquía constitucional donde ellos son el parlamento. Sin embargo, todo el poder recae en Padre. Él sería la reina negra y, aunque tienen igualdad de poder, es quien tiene la última palabra. Padre también tiene un consejo privado compuesto por los primeros siete, como mencioné —coloca ambas piezas juntas—. Seguimos con los querubines y los tronos que, como ya expliqué, son generales y coroneles. Ellos serían la torre y el alfil —pone ambas fichas blancas al lado de las demás y continúa—. De ahí pasamos a la segunda jerarquía donde están las dominaciones, que son como capitanes; las virtudes, que son etnólogos mayormente y también tenientes. Ellos serían el caballo —me mira por un segundo para comprobar si sigo el hilo y sonríe—. Supongo que te estarás preguntando qué son los etnólogos.
Asiento afirmando.
—Son los que estudian y comparan diferentes pueblos y culturas, tanto del mundo pasado como del actual, en lo referente a los humanos, claro. La mayoría de ellos son intelectuales y tienen rangos militares por protocolo. ¿Puedo proseguir?
—Por favor —le sonrío—. Eres el mejor explicando.
—Lo sé —me guiña un ojo—. Bien, las potestades son suboficiales mayores, pero también cumplen otros papeles intelectuales como historiadores y profesores. Ellos son los encargados de las bibliotecas y de enseñar. Son como el caballo, pero en negro. Y por último está la tercera jerarquía, en la que nos encontramos Liora y yo. Ahí están ubicados los principados, que son subtenientes y también se encargan de vigilar los siete continentes. Están en todo eso de la tecnología y la vigilancia; son como el famoso MI6 o la CIA. Luego estamos nosotros, los arcángeles, que somos sargentos y nos encargamos del trabajo de campo aquí en la Tierra. Les siguen los ángeles guardianes, que son asignados a cada humano, y por último están los ángeles que nacen para ser soldados. En general, toda la tercera jerarquía somos peones —coloca las últimas dos piezas juntas y se recuesta en el respaldo tomando un gran sorbo de su botella de agua.
—Vaya... —es lo único que puedo articular—. Creo que es demasiada información para absorber en un minuto.
—Tienes razón —asiente—, pero no hay una forma más fácil de explicarlo.
—Tengo una duda...
—Claro, dime.
—Has dicho que tú y Liora forman parte de los arcángeles y son sargentos, si no me equivoco.
—Así es —afirma.
—¿Qué hay de Desten? Él también es un arcángel.