Dark Arcangelo Capítulo 7 #2
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Capítulo 7 #2

Un viejo edificio de ladrillos con pintura desgastada, ventanas sucias y una puerta metálica nos recibe desde la acera. Parece haber sido construido el siglo pasado. También da la impresión de que nadie ha intentado repararlo o demolerlo, ya que desde mi perspectiva está ligeramente inclinado hacia la izquierda.

Desten teclea algo en su teléfono y recibe una respuesta casi al instante. Luego me indica que avancemos.

Al entrar al edificio me doy cuenta inmediatamente de que no tiene elevador porque el arcángel se dirige directamente a las escaleras. Unas escaleras con una cantidad absurda de peldaños.

Solo de mirarlas mi cerebro se cansa.

Mis piernas arden como fuego vivo cuando llegamos a lo que creo que es el quinto piso. Decir que estoy en malas condiciones es quedarse corta. Sin embargo, resulta curioso cómo a Desten ni siquiera le corre una gota de sudor a pesar de estar vestido de traje mientras yo estoy sudando como un cerdo.

Pasamos tres puertas cuando finalmente se detiene frente a una puerta morada muy desgastada con el número cincuenta y cinco en dorado, también bastante deteriorado. Da tres toques y, sin esperar mucho, una deslumbrante mujer abre la puerta. ¿Es que este hombre solo conoce mujeres hermosas?

A diferencia de Liora, que tiene una belleza más estereotipada, la joven que nos sonríe desde el otro lado de la puerta es distinta. Su piel es blanca como las perlas, pero tiene un ligero bronceado, como si acabara de regresar de vacaciones. Su cabello castaño cae en suaves ondas, es delgada, tiene ojos grandes y oscuros, y la sonrisa más amable que he visto desde que me involucré en este mundo.

Está vestida de una forma tan natural que con solo verla uno se siente más feliz y relajado. Sus pantalones palazzo, un kimono floral, los pies descalzos y la alegre joyería que lleva transmiten una vibra completamente diferente a todo lo que he visto alrededor de los ángeles.

—Des —le dice cariñosamente—. Pasa, pasa —nos invita con la mano—. Bienvenidos.

De manera muy extraña Desten me deja entrar primero como todo un caballero para después hacerlo él y cerrar la puerta tras de sí.

Debo reconocer que no me sorprende la decoración de la estancia, pero sí me deja impresionada lo bonita que es. Todo es luminoso. La casa del amargado este es oscura y sombría, mientras que la de Eleanor está llena de plantas. Los muebles son de tonos crema o madera rústica. Incluso la taza que sostiene entre sus dedos llenos de anillos tiene una vibra muy naturalista y moderna. No sé si eso existe, pero este lugar es increíble.

—Sé que me necesitas para algo, ya que nunca vienes por casualidad —sonríe antes de soplar el líquido de su taza.

Toma asiento en uno de los sillones invitándonos a hacer lo mismo. Desten se sienta en uno de los individuales y yo en el otro, frente a él.

—Necesito un favor.

—Siempre tan directo —alza una ceja y suspira—. Supongo que tiene que ver con el oráculo y la jovencita que está sentada aquí.

—Sí.

La chica lo mira divertida esperando que continúe, pero Desten no parece captar la indirecta.

Ruedo los ojos.

—Por favor, haz las preguntas que necesites —la animo—. Ah, y soy Emma, un placer —me presento, ya que el arcángel no parece dispuesto a hacerlo.

—Eleanor —responde con una sonrisa—. Me gusta —le dice a Desten señalándome—. Te entiende.

—Eleanor, necesito consultar al oráculo —sentencia.

—¿Por qué la urgencia? —pregunta confundida.

—Necesito respuestas —me señala con el índice.

—No soy un objeto, ¿sabes? —le contesto—. Estoy aquí.

—Tienes razón —asiente Eleanor y luego vuelve la mirada hacia Desten—. No has respondido mi pregunta, Des. ¿Padre no puede decirte lo que va a pasar?

—Él tiene sus reglas y lo sabes —se recuesta en el respaldo de la silla apoyando la cabeza—. No dice el futuro porque nunca es exacto. Es algo que ni siquiera él puede controlar.

—¿Y qué te hace creer que el del oráculo sí?

—No digo que lo sea —vuelve a su posición inicial y suspira pesadamente—. Necesito empezar con algo.

—Un momento —interrumpo—. ¿Eres un ángel?

La mirada divertida de Eleanor me deja aún más confundida y Des hace un gesto de desaprobación. Eleanor es una bruja blanca, él ya me lo había dicho. Demonios...

—Por todas las estrellas, no —sonríe—. Soy una maga alba. Eso significa una maga blanca.

—Vaya... ¿Y en qué consiste tu magia?

—En muchas cosas —toma un sorbo de su taza y continúa—. Mi especialidad es la sanación.

—¿Y lo aprendiste o naciste con ello?

—Luego podrás responder sus preguntas. Eleanor, a lo que vine —presiona el arcángel cruzándose de brazos.

Ella me hace un gesto de disculpa. Yo le devuelvo otro para quitarle importancia.

—Tienes que ser consciente de que, si no está dentro de su potestad, no responderá ninguna pregunta.

—Lo estoy.

—Bien. Acércate. Emma, quédate en tu lugar. Necesita enfocarse en una sola persona.

Eleanor toma una especie de cetro que estaba recostado contra una de las paredes. Al principio pensé que era una figura decorativa dorada traída de algún país extranjero, pero parece que no.

El cetro es una verdadera maravilla. Una enredadera recorre el mango y termina en un círculo hueco en la punta. Dentro flota lo que parece un ojo alargado.