Capítulo 6 #3
Al llegar a su oficina resulta impresionante descubrir que es una copia del pent-house. Todo oscuro, sencillo, sin vida. Los pocos muebles que hay son de una madera oscura con escasos adornos. Hablamos de una mesa, una mesita que acompaña el sillón de cuero, un mueble con pocos libros, un pequeño bar lleno del líquido ámbar que le he visto beber antes y una cafetera. Es todo.
—Tú siéntate ahí —me ordena Desten—. Liora, mis compromisos para hoy.
Lo miro un poco descolocada por una orden tan tajante. Aunque, siendo realistas, la espalda me está matando, así que hago lo que me dice y me siento sin pronunciar una palabra.
Liora comienza a recitar prácticamente todas las obligaciones que tiene pendientes. Él escucha pacientemente sin interrumpirla en ningún momento. Lo veo levantarse para servirse un trago del líquido ámbar y sentarse detrás de su escritorio. Ella lo acompaña sentándose en una de las sillas frente a él y yo me dedico a mirar el techo desde donde estoy recostada en el rígido sillón.
Pasan unos minutos en silencio mientras Desten teclea algunas cosas en su computadora y Liora anota en su tableta cuando se me ocurre algo que no había considerado.
—Necesito hablar de algo contigo.
Se lo digo a un Desten que no despega la vista de la computadora.
—Estoy ocupado —responde tajante.
—No sé si te has dado cuenta, pero sigo siendo estudiante y quizás esas cosas no te importen porque obviamente eras un infiltrado, pero yo no. Tengo tareas. Planeo graduarme del colegio y, si la suerte está de mi lado, iré a la universidad. Quiero mi teléfono de vuelta. Gracias —sonrío por puro compromiso.
—Me pondré en contacto con tu madre para que haga los arreglos necesarios y estudies desde el apartamento —despega la mirada de la computadora un momento para observarme fijamente—. El teléfono queda descartado.
—¿Puedes hablar con mi mamá? ¿Puedo hablar con ella también? —me levanto del sillón para ocupar la silla frente a la que está Liora.
—No.
—¿Y por qué no?
—Es peligroso ponerse en contacto con ella.
—¿Y crees que recibir cosas del colegio en tu casa simplifica las cosas?
Mi respuesta parece haberle gustado porque me mira a los ojos con una sonrisa apenas visible.
—Buen punto —se recuesta sobre el asiento y prosigue—. Haré que alguien más vaya por ellas.
—¿El teléfono?
—No se discute.
—Pero...
Su mirada es tajante y un golpe en la puerta interrumpe mi oportunidad de convencerlo.
—Adelante.
—Sabes, no entiendo tu estúpida obsesión por estar rodeado de negro todo el tiempo. Se ve lúgubre, es horrible. Deberías demandar a tu decorador, jefe.
Liora aprovecha la oportunidad para escaparse por la misma puerta por la que entra el chico que estaba en el colegio junto con Desten. Si mal no recuerdo, su nombre es Vincent.
Verlo con ropa que no sea la de un adolescente me deja sin palabras. Lleva un traje sastre azul intenso junto con una camisa blanca y una corbata con un diseño extraño. Él parece no notar que estoy aquí porque continúa hablando.
—Liora estuvo aquí —ríe levantando una ceja—. ¿Aún sigue detrás de ti? Pensé que lo de ustedes había quedado hace siglos, pero sigue obsesionada contigo. Sin mencionar que las rubias no son tu tipo. A ti te van más las castañas de ojos grises, ¿o me equivoco?
Su sonrisa cómplice no encaja con la expresión de pocos amigos de Desten.
—Tengo compañía.
Vincent parece sorprendido al verme cuando Desten señala en mi dirección. No sé si quiere burlarse o si está profundamente apenado. Lo que sí sé es que vuelve la vista hacia su amigo en completo silencio, dedicándole miradas cómplices. O más bien Vincent lo hace. Desten tiene cara de querer que desaparezca.
—Emma —menciona sorprendido—. ¿Qué hace ella aquí?
Mira a Desten con los ojos bien abiertos.
Al ver que Desten sigue observándolo con cara de pocos amigos, recurre a mí en busca de una explicación.
—Han intentado matarme varias veces —confieso de la forma más simple posible—. Él estuvo presente cuando me transformé y ahora vivimos juntos hasta nuevo aviso.
Vincent mira a Desten en busca de confirmación y este asiente.
—¿La misión ya va por la segunda parte? —dice confundido.
Desten vuelve a asentir.
—Pensé que ibas a decírmelo —se cruza de brazos—. Estamos juntos en esto.
Quizás sus palabras no lo demuestran, pero se ve visiblemente herido.
—Ha sido algo de último momento. Recibí órdenes de actuar luego de su transformación.
—¿Han sido órdenes de Padre? —pregunta Vincent nuevamente confundido.
Desten vuelve a asentir.
—¿Padre? —pregunto con curiosidad—. ¿Quién es ese Padre?
Vincent vuelve a dedicarme una mirada de sorpresa por la pregunta.
—¿No se lo has dicho? —le pregunta a Desten.
—Hay muchas cosas que no me ha dicho —me cruzo de brazos—. ¿Siempre es así de reservado?
—Sí, lastimosamente —Vincent suelta una tremenda carcajada dando una sola palmada—. Pues tienes mucho que aprender —se apoya en el escritorio observándonos con curiosidad.
—Entonces, ¿quién es Padre?
Vincent me sonríe, pero no es una sonrisa divertida. Es más bien la sonrisa que le dedicas a un niño que acaba de hacer una pregunta evidente.
—Tengo entendido que ustedes le llaman Dios.