Capítulo 6 #2
—¿Perdona? —pregunto visiblemente tensa.
—¿Cuándo fue la última vez que liberaste tus alas?
—¿Cómo...?
—Soy un arcángel —me responde contestando la pregunta que se refleja en mi rostro—. Pensé que ya lo sabías. Todos en este edificio son ángeles.
—No, no lo sabía.
—Pensé que Des te había explicado todo —me mira con curiosidad.
Muevo la cabeza de un lado a otro a manera de respuesta.
—Sí lo hice —dice el mencionado—. Tu atención estaba en otro lado.
—Sí, en que me salió una maldita pluma de la espalda, mi piel se quemó como el carbón y ahora tengo que vivir contigo.
—Ya veo —dice Liora, severamente confundida—. Eres la misión del jefe —me
mira sorprendida — ¿qué eres?
—Es suficiente —ordena Desten.
—Jefe...
—Ahora no, Liora —ordena—. Nos vamos.
—Ahora sí —lo reto—. Tengo preguntas.
—Yo también tengo una —dice Desten mirando hacia la nada.
—¿Y cuál es esa, a ver? —me burlo.
—¿Por qué el león ha dejado de gruñir cuando te has inclinado hacia adelante? —pregunta Desten mirando sobre su hombro—. Te está observando atentamente.
Ambas miramos hacia la jaula donde, efectivamente, el león había dejado de gruñir y nos observaba atentamente, sobre todo a mí. Su cabeza se encuentra entre los barrotes, su cuerpo está tenso como si estuviera calculando a su presa, al igual que su mirada fija y sus ojos, esos ojos de color azul cielo que te atrapan inevitablemente.
Como si hubiera un hilo invisible que nos uniera. Me siento atraída hacia él. Es algo difícil de describir. Una especie de trance me atrapa o, más bien, nos atrapa a los dos. Esta extraña conexión que de repente empiezo a sentir hacia el león es una sensación que jamás había experimentado. Como si fuéramos uno mismo.
—Emma —me llama Desten haciendo que mi mente vuelva a la realidad.
—¿Sí? —pregunto un poco despistada.
—¿Qué has hecho?
Bloquea mi campo de visión impidiéndome ver al león.
—¿De qué hablas? —le digo confundida—. No me he movido de donde estoy.
Poco a poco Desten se acerca mirando entre el león y yo. Liora, como espectadora, no sabe qué hacer así que se mantiene al margen.
—¿Por qué me miras así? —pregunto extrañada.
Como de costumbre ignora lo que he dicho y sigue caminando hacia mí, acercándose cada vez más. Como acto reflejo retrocedo unos pasos, pero él rechaza aquello sin palabras, dejándome pasmada en mi lugar. Cuando está a punto de llegar a mi lado, un gruñido procedente de la jaula nos hace mirar en esa dirección. Esta vez el león no me está mirando a mí, sino a Desten. Su postura ha cambiado nuevamente; está caminando en círculos por la jaula enseñando las fauces, visiblemente perturbado.
—Interesante —susurra Desten.
—Acá está el otro animal —la voz de Liora suena de repente tomándome por sorpresa—, por si quiere inspeccionarlo.
Estuve tan absorta con el tema del león que olvidé por completo que también hay un leopardo en la habitación. A diferencia del león, el leopardo es casi completamente negro, como si tinta oscura cubriera parte de su piel impidiendo ver sus características manchas cafés. El animal es de lo más exótico junto con su compañero de celda.
Desten se acerca al animal, que a diferencia del león está mucho más calmado. El leopardo permanece echado en el piso lamiendo sus patas, demasiado tranquilo para un depredador. El arcángel no da más de tres pasos cuando el felino alza sus hermosos ojos verdes para mirarlo. Lo observa con curiosidad, no como una amenaza, por lo que no mueve ni un músculo. Impasible, permanece acostado de una forma tan rígida que pareciera haber dejado de respirar.
Tanto Desten como el felino se observan fijamente, demasiado para ser algo normal. Liora lo llama intentando captar su atención y este no responde, por lo que vuelve a intentarlo, pero fracasa nuevamente. Yo me quedo atónita al ver que a Desten le ha pasado lo mismo que a mí. El felino lo ha atrapado por completo y Desten no parece saber cómo romper el trance.
—Desten —esta vez lo llamo yo.
El mencionado hace un gesto de negación, volteándose hacia nosotras con una expresión de confusión en el rostro.
—¿Sucede algo, jefe? —pregunta Liora con un tono que delata miedo e inseguridad.
—No —dice acomodando los gemelos en sus mangas—. Continuemos.
—¿Estás seguro?
Liora pasa la mano desde su hombro hasta la frente, acomodando algunos mechones sueltos del cabello de Desten con demasiada familiaridad.
—Sí —dice Desten alejándose visiblemente incómodo—. Emma —me llama.
Doy un paso adelante.
—Camina delante de mí. No quiero que ocurra un accidente con el león.
—¿Por qué habría de ocurrir un accidente? —le digo burlonamente—. No es como si fuera un perro...
—¡Haz lo que he dicho! —levanta la voz con brusquedad.
Su repentino enfado me toma por sorpresa, pero decido no empeorar la situación y hago lo que me dice. Liora también parece entender las palabras de su jefe, así que nos encaminamos a lo que termina siendo un incómodo viaje en ascensor repleto de silencios.
Desten parece lo bastante distraído como para pronunciar una sola palabra, mientras que Liora simplemente permanece ahí de pie como una estatua a las órdenes de su capitán. Yo, por otra parte, me siento demasiado confundida para articular algo inteligente. Lo de los leones, estas oficinas, incluso Liora. Todo empieza a resultarme difícil de procesar.
Llegamos al bloque de oficinas, las cuales lucen como una oficina típica. Aunque hay algo que llama mi atención y es la pulcritud. Dejando de lado las computadoras, escritorios e impresoras, todo se ve demasiado perfecto, demasiado ordenado, como si ninguna alma hubiera trabajado aquí jamás.
Sin embargo, hay al menos veinte personas mirando en nuestra dirección cuando el imponente arcángel camina por el pasillo rumbo a lo que parece ser su oficina al final de este. Un par de cabezas curiosas nos observan de reojo sin dejar de teclear en sus impresionantes puestos de trabajo llenos de computadoras curvas y otros aparatos tecnológicos que no reconozco.