Capítulo 3 #3
Es lunes por la mañana cuando ya estoy saliendo de casa con una nota que mamá ha dejado sobre la mesa de entrada disculpándose nuevamente por tener que irse antes de desayunar juntas y que va a compensarlo. Inmediatamente recibo un mensaje de texto en el teléfono y es de ella. Otra disculpa…, pero no puedo enojarme porque sé qué hace lo que puede por criar a una hija ella sola y darme todo lo que necesito.
Después de leer el mensaje de mamá llegó justo a tiempo a clases para el primer periodo.
Nos encontramos en el receso nuevamente, pero después de una agradable comida tenemos que separarnos por diferentes clases. A mí me toca historia y a ella matemáticas, así que nos despedimos para dirigirnos a nuestras respectivas clases. Cuando voy en camino un pequeño mareo se apodera de mí, por lo que tengo que sostenerme de una pared a mi derecha para no caer de lleno en el suelo. Esto… esto no es algo que sucede seguido, por lo que gozo de buena salud y ya he comido así que no debería tener mareos de ninguna clase.
Vuelvo a recomponerme, pero antes de que tome el pomo de la puerta a la clase de inglés me doy un toque en la sien con el dedo por la frustración, ya que, muy inteligentemente me he dejado el libro de mi siguiente clase en el casillero.
Hago un sonido estrepitoso que suena por todo el pasillo vacío mientras me apoyo en el frío acero e intento introducir la combinación en el candado cuando un par de dedos de repente tocan mi hombro.
—Hola —doy un respingo al mirar sobre mi hombro para ver a un sonriente Christian observándome desde una distancia muy poco conveniente para mí.
—Hola.
—¿Cómo está ese tobillo? ¿Todo bien?
—Sí —le respondo dándole la espalda— gracias por tu preocupación.
—De nada preciosa.
Cierro el casillero con un ruido sordo y me vuelvo intentando no parecer incómoda por el halago.
—Claro —un mareo inesperado me golpea nuevamente.
Intento disimular mi mal estar a ver si puede dejarme tranquila.
—Ya que estás mejor del tobillo —dice como si nada—, ¿quedamos el fin de semana entonces? —pregunta con otra brillante sonrisa.
—Yo... no creo. No creo que sea buena idea, Christian —susurro—. Eres un buen chico.
—Si vas a rechazarme otra vez —susurra, bajando peligrosamente la voz—, quítate la mano de la cara, mírame a los ojos y dímelo de una vez.
—Christian... —empiezo. Me aparto la mano de la frente que intenta contener el vértigo y levanto el rostro para mirarlo a los ojos.
Él no parece feliz de que vaya a rechazarlo, porque sus ojos antes azules y expresivos se fruncen con enojo, su mandíbula se aprieta y sus manos se vuelven un puño a ambos lados. Respira sonoramente y se acerca a mí rápida y peligrosamente. Antes de que pueda replicar algo para defenderme me toma del antebrazo derecho y me atrae hacia él golpeándome con su pecho.
—Tienes que calmarte —digo con suavidad.
—¿Calmarme? —dice con una chispa de locura en los ojos y peligro en la voz—. Yo me veo completamente bien. Es más, me siento de maravilla.
—Me estás lastimando, Christian. Será mejor que me sueltes —trato de soltarme de su apretado agarre, pero él parece no querer ceder porque me aprieta un poco más, esta vez clavándome las uñas.
—¿O qué?
—O será lo último que hagas, así que será mejor que la sueltes.
La voz de Desten suena calmada y ligera, su semblante es serio, sus manos parecen relajadas dentro de sus bolsillos. Desde donde yo lo veo, detrás de mi carcelero, parece bastante tranquilo menos sus ojos, no sé cómo, pero da la impresión de haber oscurecido.
—¿Christian?
La voz chillona de Emily rebota por todo el pasillo de donde ella viene y se nos acerca con una mirada severa y los brazos en jarras.
—¿Qué se supone que está pasando aquí? —su afilada mirada pasa de Christian a mi, luego a Desten y finalmente a Christian en donde la deja clavada.
—¿Quieres algo Emily?
—Si, saber qué está pasando. ¿Es que no me has oído?
—No es tu incumbencia, vete —le riñe sin dejar de mirarme por un segundo.
—Christian… — le amenaza.
—Emily, ¡ahora no!
—Será mejor que los deje solos y discutan sobre ello.
Con suma suavidad deslizo un poco mi brazo para liberarme ahora que está distraído, sin embargo, él parece notar el movimiento porque deja de mirar hacia su ex y se centra en mí de nuevo, apretando, si se puede más, la mano en mí ya cortado de circulación brazo.
—¡No! — Grita golpeando con su mano libre los casilleros detrás de mí.
A Desten no parece gustarle su respuesta porque empieza a caminar amenazadoramente hacia nosotros. Christian no parece notarlo y Emily está lo suficientemente cabreada como para prestarle atención a algo más que no sea mi opresor.
—No —le susurro a Desten.
Se detiene ante mi respuesta y me mira con curiosidad. Este detalle no pasa desapercibido por Christian quién mira sobre su hombro a mi supuesto salvador y aprovechándome de la distracción dada me safo con facilidad. Huyendo y casi cayéndome al lado de Desten.
—¿Pero que…?
El chico del que escapé parece severamente molesto e intenta acercarse a mí, pero retrocedo unos pasos a lo que él vuelve a dirigirse a mi amenazadoramente. Sin esperarlo Desten da un paso hacia adelante interponiéndose entre ambos, en forma de pared de contención y eso no hace más que sorprenderme.
—Chris, vámonos de una buena vez…
—Hazle caso —espeta Desten con desprecio.
Sus ojos parecen calcular sus opciones por consiguiente veo una batalla interna dentro de él. Sabe que, si pelea o tiene alguna falta, será sacado del equipo y tendrá una mancha en su expediente. Una mancha lo suficientemente grande para el jugador estrella que su beca estaría en juego. Emily vuelve a insistir porque sabe que eso no le convendría al deportista o bueno, más bien ruega. Su semblante no cambia, pero las palabras de Emily parecen tener efecto porque se retira lentamente dándome una mirada de puro odio cuando me asomo por el costado de mi muralla. Toma a Emily bruscamente de la muñeca y tira de ella llevándola lejos.
El chico delante de mí se encuentra mirándome fijamente con los brazos cruzados en el pecho. Yo empiezo a agradecerle por su oportuna aparición cuando el mareo regresa a mí, esta vez golpeando tan fuerte que tengo que dar unos pasos atrás. Empiezo a tantear a mi alrededor para buscar algo en lo que apoyarme, Desten parece confundido y definitivamente no es el único.
El calor empieza a extenderse por mi cuerpo tan rápido que el aire deja de sentirse suficiente. A mi protector no le pasa desapercibido mi estado actual porque se acerca rápidamente y al mismo instante en el que me toca el antebrazo donde Christian me tenía atrapada lo retira inmediatamente agitando la mano con humo saliendo de esta, como si se hubiera quemado con un sartén caliente.
Mientras tanto el calor interno hace que me quite la chaqueta y la tire al suelo para subir mi temperatura corporal solo un poco, pero resulta ser un intento fallido porque cada vez más rápido el fuego que me está consumiendo desde adentro.
Mi marca de nacimiento arde violentamente. El olor a humo invade el pasillo mientras líneas irregulares comienzan a extenderse por mi brazo.
Una nueva sintomatología despierta el miedo en mis ojos y la distancia que me separa de él se hace corta cuando un solo movimiento nos sorprende inesperadamente. Una corriente eléctrica recorre mi espina dorsal y al momento siguiente mi espalda se dobla de forma antinatural dejándome ver el techo de la secundaria. Un crac suena sordo y doloroso en el corredor mientras una lágrima se escapa de mi al igual que todo el oxígeno que me quedaba de reserva.
Entre lapsos me despierto y puedo ver a Des hablarme mientras conduce, pero lo único que yo veo es una boca moverse y todo borroso. Vuelvo a despertarme más confundida que nunca intentando entender en dónde veo, miro a mi alrededor aún con la vista borrosa y me doy cuenta de que estoy en mi cuarto específicamente en mi cama.
La fiebre no ha desaparecido porque siento el sudor recorrer todo mi cuerpo. El calor me sofoca, pero el frío termina por hacerme convulsionar y antes que pueda emitir un grito de auxilio vuelvo a caer en la oscuridad.
Una vez más despierto notando que ha oscurecido un poco afuera desde la última vez que estuve consciente. Me siento en la cama con la sábana resbalando por mi cuerpo quedando posando en mis muslos. Miro a mi alrededor confundida por un momento, recordando que estaba vestida cuando llegue o eso creo y en ese preciso momento con la vergüenza pintada de rojo en el rostro me doy cuenta de que me han desvestido y dejado en ropa interior. Lo más horrible es que estoy segura de que ha sido él.
Dejo eso de lado cuando un cosquilleo comienza a molestarme en mi no ya no tan adolorida espalda, por lo que veo, porque hago un giro de ciento ochenta grados de izquierda a derecha y no se siente tan mal. El cosquilleo se hace más fuerte volviéndose un sentimiento de pulsión, como un alfiler enterrándose en la piel. Con manos desesperadas intento sacarme lo que sea que me está molestando, luchó con desesperación por mi mala flexibilidad toqueteando todas las partes de mi espalda lo mejor que puedo. Hasta que logro dar con lo que es un objeto puntiagudo sobresaliendo de mi piel el cual agarró de la pequeña punta
.